El auge de la inteligencia artificial impulsa la reutilización de motores de Boeing 747 como generadores eléctricos
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A medida que la demanda energética de la inteligencia artificial crece, empresas como ProEnergy reutilizan motores de Boeing 747 para crear generadores eléctricos. Esta solución rápida busca aliviar la presión sobre las redes eléctricas y satisfacer las necesidades de los centros de datos.
El auge de la inteligencia artificial (IA) ha generado una presión sin precedentes sobre las redes eléctricas mundiales. La creciente demanda de energía para los centros de datos ha llevado a varias compañías a buscar soluciones innovadoras. Una de las respuestas más sorprendentes ha sido la reutilización de motores de aviones Boeing 747, específicamente los núcleos de motores CF6-80C2, para convertirlos en potentes generadores eléctricos. Esta estrategia no solo es creativa, sino que también aborda un problema crítico en el suministro energético.
El desarrollo de nuevos centros de datos se ha convertido en una carrera contrarreloj. Conectarse a la red eléctrica puede tardar hasta una década debido a los trámites burocráticos, mientras que la evolución de la IA avanza a un ritmo mucho más rápido, en cuestión de meses. Este desfase ha llevado a muchas empresas a construir sus propias centrales eléctricas portátiles, una alternativa que, aunque más rápida, presenta desafíos técnicos y logísticos significativos.
Los fabricantes tradicionales de turbinas, como GE Vernova y Siemens Energy, enfrentan una acumulación de pedidos que pueden tardar años en cumplirse. Para superar este obstáculo, algunas compañías han optado por adaptar turbinas aeroderivadas, motores de aviación modificados para funcionar como generadores terrestres. Esta tecnología, que anteriormente se utilizaba de forma limitada, se ha convertido en una solución clave para mantener operativos los sistemas de IA.
ProEnergy, una empresa con sede en Estados Unidos, ha liderado este cambio. La compañía ha adquirido motores CF6-80C2, los cuales son desmontados, revisados y reconstruidos para ser instalados como unidades de generación energética. Las turbinas resultantes, denominadas PE6000, pueden producir hasta 48 megavatios (MW) de potencia eléctrica, suficiente para alimentar una ciudad de 40.000 hogares o un centro de datos de tamaño medio.
La rapidez de implementación es una de las principales ventajas de esta tecnología. Mientras que una planta de gas convencional puede tardar hasta 10 años en entrar en funcionamiento, estas unidades pueden desplegarse en cuestión de meses. Según Jeff Canon, director ejecutivo de ProEnergy, “ambos proyectos están diseñados para proporcionar energía puente durante cinco a siete años, que es cuando esperan tener la interconexión a la red”. Esta estrategia permite mantener los sistemas de IA activos sin depender de las lentas infraestructuras de distribución eléctrica convencionales.
Hasta el momento, ProEnergy ha vendido 21 de estas turbinas, alcanzando una capacidad total superior a un gigavatio (GW). Las empresas que optan por esta tecnología obtienen una ventaja competitiva, ya que pueden disponer de energía en 2027 sin esperar los plazos prolongados de una planta tradicional. Sin embargo, estas instalaciones funcionan con gas natural, lo que plantea interrogantes sobre su impacto medioambiental y su compatibilidad con los objetivos de sostenibilidad global.
¿QUIÉN DIJO QUE REUTILIZAR MOTORES DE AVIÓN NO ERA UNA SOLUCIÓN INNOVADORA?









