Durante la jornada se discutieron varios aspectos críticos sobre la tecnología, la inclusión digital y el transporte público. Uno de los puntos principales fue la falta de operadores significativos en inteligencia artificial en Europa. Este campo está dominado por empresas americanas y asiáticas, que priorizan el beneficio económico y el control social. Europa necesita tomar conciencia de esta realidad, reaccionar con una voz unificada y articular una estrategia cohesiva para proteger su modelo social y potenciar su capacidad operativa.
En cuanto al transporte público, se subrayó la importancia de incluir a las personas mayores de 65 años, quienes representan un 4% de los usuarios en metro y un 16% en bus. La adopción digital en este sector puede mejorar con un buen diseño, como demuestra la app BUSA LA DEMANDA. Esta aplicación ha facilitado que un alto porcentaje de personas mayores la utilicen, mostrando que con un diseño adecuado, la adopción digital es posible incluso entre los segmentos más reticentes de la población. Además, se destacó que el 68% de las usuarias del transporte público son mujeres, lo que hace crucial priorizar su seguridad y percepción de seguridad.
La brecha digital, que incluye diferencias de género, generacionales y sociales, fue otro tema central. Si no se aborda esta brecha, seguirá creciendo debido a la tecnología, creando ciudadanos de primera y segunda clase en términos de capital digital. Es fundamental fomentar la formación y la concienciación digital en colegios, centros cívicos y mediante políticas públicas locales, especialmente para las clases desfavorecidas.
La tecnología, como las gafas, mejora nuestras capacidades. Sin embargo, la brecha digital existe porque algunas tecnologías son nuevas para unos y no para otros. Debemos crear interfaces adaptadas para aquellos que aún no han incorporado estas tecnologías, en lugar de culparlos por no entenderlas. Las personas mayores y otros segmentos de la población deben ser acompañados en su proceso de adaptación a la tecnología. Esto es especialmente importante porque muchos servicios públicos y privados se están digitalizando rápidamente, lo que puede dejar atrás a quienes no tienen las habilidades digitales necesarias.
Se comentó que cuando hablamos de tecnología, nos referimos a todo aquello que tratamos de incorporar a nuestra forma de trabajar, a diferencia de tecnologías como las gafas, que ya están completamente integradas en nuestra vida diaria. La inteligencia artificial, por ejemplo, aún se está incorporando y es vista como tecnología. Esta distinción es importante para entender por qué algunas herramientas aún se consideran tecnología para ciertos grupos mientras que otros ya las han integrado completamente.
En términos de políticas públicas, se discutió la importancia de una estrategia coordinada a nivel local. Los servicios deben ser diseñados pensando en la diversidad de la población y sus diferentes niveles de adopción tecnológica. Esto implica no solo formación continua, sino también la creación de interfaces más accesibles y la implementación de políticas que faciliten el acceso a la tecnología.
Por último, se abordó la necesidad de Europa de reaccionar con una voz unificada. Durante la pandemia de COVID-19 y otras crisis, Europa ha demostrado su capacidad de reacción, aunque a veces tarde. Sin embargo, es crucial que Europa articule una estrategia única y efectiva para competir en el ámbito de la inteligencia artificial. Esto incluye la colaboración entre diferentes países europeos y la creación de políticas que impulsen el desarrollo tecnológico de manera inclusiva y sostenible.
En resumen, la jornada subrayó la necesidad urgente de que Europa adopte una estrategia unificada en inteligencia artificial para competir globalmente. La inclusión digital debe priorizarse, especialmente para personas mayores y desfavorecidas, garantizando interfaces accesibles y formación adecuada. La seguridad en el transporte público y la eliminación de brechas digitales de género y generacionales son esenciales. En conjunto, estas acciones fortalecerán el modelo social europeo y asegurarán que todos los ciudadanos se beneficien equitativamente del avance tecnológico.