La inteligencia artificial generativa ha captado la atención de inversores y empresas por igual, pero un análisis más profundo revela un futuro incierto. En la carrera por aprovechar esta tecnología, surge una pregunta inquietante: ¿y si la IA nunca logra reemplazar a los trabajadores, las empresas fracasan en su implementación o la mayoría de las startups se hunden? Actualmente, se estima que las grandes compañías de IA enfrentan un déficit de ingresos de aproximadamente 800.000 millones de dólares, lo que pone en tela de juicio la viabilidad de este sector.
A pesar del entusiasmo mediático, las ganancias de productividad asociadas a la IA generativa son escasas y se concentran principalmente en programadores y redactores. Aunque herramientas como ChatGPT y Gemini ofrecen funcionalidades atractivas, aún no constituyen el motor de una nueva economía. Este escenario contrasta con el relato optimista que las empresas de IA desean proyectar, alimentando rondas de inversión con promesas de beneficios colosales en el futuro.
Sam Altman, CEO de OpenAI, ha admitido que los costos de operación son elevados, bromeando sobre cómo cada «por favor» o «gracias» que recibe ChatGPT le cuesta millones a la empresa. Sin embargo, la incertidumbre persiste sobre cómo estas compañías generarán ingresos sostenibles. La estrategia común entre las startups de IA ha sido quemar capital para atraer usuarios, pero el éxito a largo plazo parece depender de la creación de productos accesibles, en lugar de costosos.
El concepto de “enshittification”, acuñado por el periodista Cory Doctorow, describe cómo las plataformas tienden a degradarse con el tiempo, lo que podría implicar un aumento en la publicidad para compensar pérdidas. OpenAI está considerando la incorporación de publicidad en ChatGPT, aunque se manifiesta cautela en su implementación. A medida que la IA generativa se convierte en un pasivo financiero, las preocupaciones sobre derechos de autor se intensifican. Las empresas enfrentan litigios por el uso no autorizado de contenido, lo que añade otra capa de complejidad a su modelo de negocio.
Por otro lado, la startup Anthropic ha intentado pagar a autores para entrenar sus modelos, pero sus esfuerzos fueron rechazados por los tribunales. La valoración actual de Anthropic, que asciende a 183.000 millones de dólares, podría verse amenazada por litigios futuros. En un giro estratégico, Meta ha liberado su modelo Llama como open source, lo que permite a cualquier persona ejecutar su versión local de forma gratuita, desafiando así la percepción de valor en el mercado de IA.
La proliferación de modelos de IA abiertos plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de las empresas comerciales. Con alternativas gratuitas que ofrecen un rendimiento comparable, los inversores podrían volverse más escépticos respecto a la viabilidad de la IA generativa. Si estas empresas no logran monetizar sus servicios, el progreso en este campo podría estancarse, dejando a los consumidores con herramientas funcionales pero limitadas.
La posible inutilidad de la IA generativa también sugiere que el conocimiento tiene un valor intangible que no puede ser fácilmente comercializado. La concentración de poder en pocas empresas tecnológicas podría desencadenar una reacción en cadena devastadora. Si la IA generativa no puede generar beneficios sostenibles, los creadores podrían verse despojados de oportunidades, y el avance tecnológico podría desacelerarse, lo que podría no ser tan negativo después de todo.
¿QUIÉN DIJO QUE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO PODÍA SER UN PASIVO FINANCIERO EN VEZ DE UN ACTIVO VALIOSO?
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APARECEN EN EL ARTÍCULO ORIGINAL:
Anthropic
Cory Doctorow
DeepSeek
Demis Hassabis
Dario Amodei
Fenwick McKelvey
Google DeepMind
Meta
OpenAI
Sam Altman
The Conversation
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Fuente: www.lavanguardia.com | URL: Ver noticia original









