23 de agosto de 2024

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iconoIA, cómo funciona la misteriosa caja negra que lo sabe todo

La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero su proceso interno sigue siendo un misterio incluso para sus creadores. Este artículo explora cómo la opacidad de los sistemas de IA afecta decisiones vitales en áreas como la medicina, el empleo y la justicia, y los esfuerzos para entender su complejidad.

En la obra de Isaac Asimov, un superordenador lucha por revertir el aumento de entropía en el universo, un desafío colosal que finalmente resuelve, pero sin poder explicar cómo lo hizo. Este relato de ciencia ficción resuena hoy con la realidad de la inteligencia artificial (IA). Los modelos de lenguaje grandes (LLM) como ChatGPT y Claude están sorprendiendo a expertos por su capacidad para realizar tareas complejas, desde escribir programas hasta predecir la estructura de proteínas. Sin embargo, estos sistemas, al igual que el ordenador de Asimov, no pueden explicar sus propios procesos. La IA se convierte así en una «caja negra», donde se sabe qué información entra y qué resultados salen, pero no cómo se produce esa transformación.

Este enigma no es solo un desafío académico; tiene implicaciones reales. Empresas, juzgados, médicos y bancos ya usan IA para tomar decisiones críticas, desde contratar o despedir empleados hasta predecir crímenes futuros o conceder hipotecas. La incapacidad de la IA para explicar sus decisiones plantea serios problemas de transparencia y responsabilidad.

Afortunadamente, algunos investigadores están empezando a destapar parte de este misterio. Joshua Batson y su equipo en el MIT y la startup Anthropic han identificado pequeños grupos de neuronas en el modelo Claude 3 Sonnet que se asocian con conceptos específicos. Aunque esto es solo el comienzo, sugiere que la «caja negra» podría no ser tan impenetrable como se pensaba.

¿Podremos alguna vez confiar plenamente en decisiones cruciales tomadas por sistemas que no comprenden sus propios razonamientos, o seguiremos viviendo bajo la sombra de su impenetrable opacidad?

(basado en la noticia original «Viaje a la caja negra de la inteligencia artificial», publicado en El País)

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iconoMidjourney abre sus puertas a la web: la IA que revoluciona la creación de imágenes

Midjourney, conocida por sus sorprendentes imágenes generadas mediante inteligencia artificial, finalmente está disponible en la web. Anteriormente accesible solo a través de Discord, ahora cualquier usuario puede crear imágenes de manera más fácil y directa.

Midjourney, una de las inteligencias artificiales generativas más apreciadas en el ámbito tecnológico, ha dado un paso decisivo al habilitar su plataforma en la web, eliminando una de las principales barreras que limitaba su adopción. Hasta ahora, la herramienta solo estaba disponible a través de Discord, una aplicación de mensajería popular entre ciertas comunidades, pero no tan extendida como otras plataformas. Este cambio abre nuevas posibilidades para los usuarios, permitiendo el acceso a la creación de imágenes realistas a partir de descripciones de texto sin la necesidad de pasar por la interfaz de Discord.

Lanzada en 2022, Midjourney se ha destacado por su capacidad para generar imágenes de alta calidad, superando algunos de los desafíos comunes en otras inteligencias artificiales similares, como la representación correcta de manos o dientes. Con la reciente actualización de su motor de inteligencia artificial a la sexta generación, la plataforma ofrece ahora la posibilidad de crear hasta 25 imágenes de forma gratuita antes de requerir una suscripción, con planes que van desde 8 hasta 48 dólares mensuales, dependiendo del nivel de uso.

Este movimiento de Midjourney responde a un entorno cada vez más competitivo, donde gigantes tecnológicos como Google, OpenAI, Adobe y Microsoft también están presentes. Sin embargo, la popularidad y el nivel de detalle que ofrece Midjourney la posicionan como una herramienta esencial para creadores y entusiastas de la inteligencia artificial, facilitando ahora su acceso a un público más amplio.

¿Será este el punto de inflexión que necesita Midjourney para consolidarse como líder en un mercado de inteligencia artificial cada vez más saturado y competitivo?

(basado en la noticia original «Midjourney, una de las IA generativas mejor valoradas, llega por fin a la web», publicado en El Mundo)

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icono¿La IA consciente puede destruir la humanidad? / Antoni Garrell

Hace unos días un amigo, ingeniero aeronáutico, me escribió diciéndome: ‘he leído en La vanguardia que el profesor Mark Solms, catedrático de Neuropsicología en la Universidad de Ciudad del Cabo, afirma que estamos cerca de replicar la conciencia en la inteligencia artificial, si eso ocurre las IA nos verán como una amenaza, nos destruirán’. La afirmación, no exenta de alarmismo, daba por supuesto que las IA adquirirían consciencia y podrían verse amenazadas por los humanos y, en consecuencia, para asegurar su existencia nos destruiría.

Reflexionando sobre la afirmación de mi amigo, se llega a la conclusión que, en un mundo multipolar en competencia, si no se toman precauciones adecuadas, el riesgo que una inteligencia artificial con conciencia y deseos de supervivencia luche para neutralizar a los humanos, si considera la humanidad como un obstáculo para sus objetivos, es plausible.

La posibilidad de que la inteligencia artificial alcance o supere la inteligencia humana es un tema de debate permanente, al igual que los riesgos que eso conlleva. En estos debates debe considerarse, en primer lugar que las IA actuales está diseñada para cumplir funciones específicas que mejoran nuestra calidad de vida y, en segundo lugar, hay que recordar que las IA está aún lejos de poder rivalizar con el intelecto humano y ser conscientes de sus actuaciones.

La hipótesis de un conflicto IA-humanidad es especulativo y depende de muchas variables desconocidas, pero no debería ser subestimado, atendiendo que la historia muestra que cuando una especie, o colectivo, se siente amenazado, suele reaccionar de manera defensiva o agresiva. Si una IA supera la inteligencia humana, podría considerar a los humanos como una limitación para su propio desarrollo.

Sin embargo, a pesar de los miedos hay que considerar que, siendo la posibilidad de que una IA pueda competir y destruir a la humanidad una preocupación legítima, la destrucción de la humanidad a manos de una IA no es ineludible, pero requiere que se actué con gran responsabilidad y prudencia en el desarrollo de estas tecnologías tan poderosas. Para ello, es imprescindible que en la concepción, diseño y entrenamiento de los algoritmos se les inculquen valores alineados con los #derechos humanos, los valores #éticos y #morales que priorizan la #seguridad y el #bienestar de todas las formas de vida y se les limite su capacidad de actuar independientemente de estos valores. Lograrlo, requiere la colaboración internacional, regulación y ética en la programación de las IA.

Precisamente en la necesaria colaboración y coordinación internacional surge el problema por los intereses contrapuestos de los colectivos humanos. Por ello. si llegásemos a ese punto los únicos responsables seriamos los propios humanos por ello debería ser posible desterrar la amenaza.

Antoni Garrell

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iconoEl riesgo real de las IA son sus amos / Antoni Garrell

El pasado lunes terminaba mi post “¿La IA consciente puede destruir la humanidad?”, afirmando que si llegásemos a ese punto los únicos responsables seriamos los humanos y que por ello debería ser posible desterrar la amenaza. Mi afirmación me ha hecho pensar sobre qué humanos tienen la capacidad de desterrar la amenaza y si su voluntad es o será evitarla.

La respuesta se debe encuadrar en que la inteligencia artificial está transformando nuestra sociedad en todos los ámbitos, ya sea en la forma de trabajar, en cómo tomamos decisiones o en como desarrollamos nuestras actuaciones, por consiguiente, es importante preguntarse ¿quién controla los algoritmos de IA y quien se beneficia de su poder?, porque el riesgo no radica en las IA en sí, sino en sus propietarios, porque podrán influir en el comportamiento de las personas, analizando preferencias y comportamientos a partir de sus interacciones en línea; moldear opiniones, potenciando creencias o efectuando manipulaciones sutiles que alteren la percepción de la realidad; dirigir procesos productivos a nivel global por la automatización de los mismos y condicionar el desarrollo económico al poder decidir cómo, dónde y qué se produce.

Este posible dominio de los mercados, del flujo de información y del comportamiento de los ciudadanos. por parte de organizaciones o individuos que posean el control de las IA puede comportar una concentración de poder sin precedentes dibujando un escenario preocupante, si las decisiones que afectan a millones de personas están en manos de unos pocos. Un riesgo que se amplifica, si las IA están exclusivamente en manos de gobiernos autoritarios que buscan limitar las libertades individuales controlando a sus ciudadanos mediante la censura y la vigilancia masiva para perpetuarse en el poder y, a la vez, alterar los modelos sociales y económicos de los países considerados enemigos.

El peligro real no reside en la IA en sí misma, sino en quienes la controlan. La tecnología, por sí sola, es neutral; el uso que se le dé y como se le entrene es lo que determina su impacto. Si permitimos que el control de estos poderosos algoritmos recaiga en manos de unos pocos, corremos el riesgo de crear un mundo donde la desigualdad y la manipulación sean la norma y donde la opresión se digitalice y perpetúe.

Por eso, es crucial que los gobiernos de los sistemas democráticos y las organizaciones supranacionales como la Unión Europea tomen medidas, no sólo para garantizar que el desarrollo y la implementación de la IA se realicen de manera ética y equitativa, mediante marcos regulatorios que eviten la concentración de poder, sino que también inviertan decididamente en su desarrollo para que sea un bien público.

Soy de los que cree que el futuro con la IA es prometedor, pero es preciso asegurarnos de que esté en manos de todos para aprovechar todo su potencial, sin poner en riesgo nuestra libertad y autonomía como individuos y como sociedad.

Antoni Garrell

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