iconoTarde de domingo en el whatsapp de BARCELONADOT CLUB

Un intenso debate entre académicos, tecnólogos y responsables públicos catalanes en el grupo de WhatsApp “Barcelona Dot Club” ha puesto sobre la mesa las carencias estructurales de la administración pública ante la digitalización e inteligencia artificial. Críticas duras, propuestas audaces y llamadas a una transformación real marcaron una jornada reveladora.

El domingo 25 de mayo de 2025, el grupo de WhatsApp Barcelona Dot Club, formado por académicos, innovadores, tecnólogos y responsables públicos, protagonizó un extenso e intenso debate sobre la reciente noticia de la creación de una Dirección General de Inteligencia Artificial por parte del Govern de Catalunya.

Todo comenzó con un enlace compartido por Toni Iruela, al que siguió una reflexión crítica de Esteve Almirall (ESADE), quien lamentó que la administración catalana no haya sido capaz de reimaginarse a fondo, limitándose a digitalizar lo existente, lo que, a su juicio, solo amplía la brecha con la ciudadanía. “Calen canvis amb impacte”, remarcó.

Andreu Veà, apoyó el diagnóstico con vehemencia: “La solució serà un gran RESET”. Añadió que el sistema es rígido, crece sin freno, y nunca decrece ni cuando desaparecen servicios. Miquel Àngel Prats y otros participantes mencionaron modelos más ambiciosos como el de Emiratos Árabes, mientras que Sergi Marcen, conocedor del sistema desde dentro, propuso una «e-administració paral·lela» como vía evolutiva ante los frenos estructurales del modelo actual.

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El debate abordó aspectos como la inercia burocrática, la falta d’incentivos al rendimiento, el peso de las “oposiciones”, el intervencionismo excesivo y la ausencia de profesionalización política. Jesús Soler Puebla y Jordi Castillo apuntaron que el problema es de estructura y de profesionalidad, no solo de tecnología. Carlos Cosials y otros aportaron referencias legales como la Ley de 2003, que transformó los interventores en “gatekeepers” de la innovación.

En paralelo, surgió una defensa del servicio público desde dentro. Tomàs Roy, actual directivo público, reivindicó a los funcionarios comprometidos y valientes que, a pesar de todo, impulsan cambios desde la vocación y la responsabilidad. Reconoció el «social deadlock» descrito por Almirall, pero recordó que sin la implicación interna no será posible ningún cambio real.

La conversación concluyó con la reflexión de que el impulso externo (sociedad, legislación, política) es clave, pero debe apoyarse en los héroes internos que aún creen en una administración al servicio del bien común.

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