iconoLudismo y derechos de autor

En 1812, Inglaterra tomó medidas drásticas para controlar a los trabajadores que, temerosos de perder sus empleos, destruyeron máquinas. Este año marcó un hito en la historia laboral, ya que se movilizaron más tropas para reprimir a estos trabajadores que para combatir a Napoleón en Europa. La respuesta del gobierno fue la aprobación de una regulación que imponía penas severas, como la pena capital o el destierro, a quienes quemaran máquinas textiles. Como resultado, decenas de trabajadores fueron ejecutados o deportados, reflejando el miedo y la desesperación ante la revolución industrial.

El fenómeno del ludismo no se limitó a Inglaterra; se extendió a Francia, Baviera y Estados Unidos, donde los trabajadores también reaccionaron ante la amenaza de la tecnología que les robaba sus empleos, extendía la jornada laboral y reducía salarios. En la obra ‘Shirley’ de Charlotte Brontë, se expresa esta lucha: «La invención puede ser algo completamente correcto, pero sé que no lo es para la gente pobre el morir de hambre». Este conflicto entre el progreso y el bienestar social, que Joseph Schumpeter denominó ‘destrucción creativa’, sigue siendo relevante hoy en día, ya que el avance tecnológico tiende a concentrar la riqueza en pocas manos y pone en riesgo los cimientos del sistema.

Neil Postman, en su libro ‘Amusing Ourselves to Death’, advirtió sobre la producción incesante de contenidos que convierte todo en entretenimiento, atrapando a la audiencia en una cultura que se marchita. La máquina, a la que Pink Floyd se refería en ‘Welcome to the machine’, se alimenta del talento de generaciones de creadores, amenazando con reemplazarlos. La inteligencia artificial (IA) no solo realiza tareas, sino que también influye en el pensamiento humano.

Un estudio de la SGAE, Knowmedia y la Universidad Carlos III revela que un 34 por ciento de los músicos ha experimentado con la IA, reconociendo su utilidad en procesos creativos, aunque temen que su talento y experiencia se devalúen en un mundo donde cualquiera puede ser un creador musical. La mayoría confía en que la sensibilidad humana, esa conexión emocional que los fans valoran, prevalecerá frente a la máquina.

Sin embargo, expertos como Park Jieun, directora general de Pulse9, mencionan ejemplos de avatares y bandas virtuales, como Iiterniti, que no enfrentan las limitaciones físicas o emocionales que sufren los artistas humanos. Además, el informe indica que casi el 75 por ciento de los autores son conscientes de que la música generada por IA se expandirá a la publicidad y otras plataformas, lo que podría llevar a una caída del 28 por ciento en los ingresos de los autores para 2028, debido a su reemplazo por música artificial. IDC estima que la IA generará hasta 19,9 billones de dólares para 2030, representando un 3,5 por ciento del PIB global. Este panorama explica las adquisiciones masivas de empresas por parte de gigantes como Microsoft, Google y Meta.

No se trata de frenar el avance tecnológico, sino de encontrar un equilibrio que no comprometa el tejido cultural. Es fundamental asegurar que el uso de la IA en la cultura respete los derechos de los creadores y que la creación cultural no esté dominada por algoritmos que no solo dictan lo que debemos escuchar, sino que también generan esos contenidos. La defensa de la cultura como un hecho esencialmente humano es más necesaria que nunca.

¿QUIÉN DIJO QUE LA TECNOLOGÍA NO PUEDE SER UNA PRISIÓN DISFRAZADA DE AVANCE?

APARECEN EN EL ARTÍCULO ORIGINAL:
ABBA, Altafonte, Charlotte Brontë, Cristina Perpiñá-Robert, Google, IDC, Iiterniti, Joseph Schumpeter, Knowmedia, Microsoft, Meta, Neil Postman, Park Jieun, SGAE.

Fuente: ABC | URL: Ver noticia original

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