La educación se encuentra en un punto de inflexión con la llegada de la inteligencia artificial (IA), un fenómeno que ha transformado la dinámica en las aulas en un corto periodo. Herramientas como ChatGPT y Gemini han pasado de ser meras curiosidades a convertirse en elementos esenciales en la rutina de docentes y alumnos. La discusión actual no gira en torno a si se deben usar estas tecnologías, sino más bien en cómo integrarlas de manera efectiva y responsable. En este contexto, el marco regulatorio europeo está en proceso de implementación, destacando la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, que clasifica como de “alto riesgo” a los sistemas de IA que determinan el acceso a centros educativos, evalúan aprendizajes o vigilan exámenes. La Unesco también ha hecho hincapié en que la tecnología debe ser utilizada únicamente cuando contribuya a mejorar los resultados de aprendizaje, siempre con salvaguardas claras.
En España, el Ministerio de Educación ha actualizado el marco de referencia de la competencia digital docente y ha lanzado una guía específica para el uso de IA generativa en el aula, enfocándose en la formación del profesorado, la transparencia y la protección de datos. A su vez, el Congreso está tramitando una ley para la protección de menores en entornos digitales, que incluye medidas para regular el uso de móviles en los centros y fomentar hábitos saludables en el uso de pantallas. Este debate no es meramente técnico; se trata de cuestiones de salud pública, equidad y calidad educativa.
Maureen Heymans, vicepresidenta de Google para Ingeniería del Aprendizaje, ha señalado que las posibilidades pedagógicas que ofrece la IA buscan hacer el aprendizaje más atractivo y efectivo. Gemini, el sistema de IA generativa de Google, introduce un modo de “aprendizaje guiado” que fomenta la interacción activa con el alumno, formulando preguntas de seguimiento y sugiriendo pasos intermedios. Marc Sanz, director de Educación en Google para la península ibérica, enfatiza que el objetivo es que los estudiantes utilicen la IA para profundizar su comprensión, en lugar de simplemente buscar respuestas rápidas.
La implementación de estas herramientas debe ser cuidadosa y adaptada a la edad de los estudiantes. Según Wilcowski, es crucial que en las etapas de Infantil y Primaria, el uso de la IA se realice en colaboración con un adulto, ya que los alumnos más jóvenes carecen de la madurez crítica necesaria para evaluar las respuestas que reciben. A medida que los estudiantes crecen y adquieren habilidades básicas, la IA puede convertirse en un apoyo autónomo para reforzar aprendizajes.
El uso de la IA en la educación también promete liberar tiempo para que los docentes se concentren en tareas más significativas. Un estudio de la Education Endowment Foundation indica que los profesores de Secundaria que emplean IA generativa con buenas prácticas pueden reducir en un 31% el tiempo dedicado a la planificación. Esta herramienta no busca reemplazar al docente, sino optimizar su tiempo para fomentar una interacción educativa más rica.
Sin embargo, la personalización que ofrece la IA también plantea desafíos. Juan Luis Moreno, director ejecutivo en The Valley, advierte que la IA puede amplificar desigualdades si no se utiliza adecuadamente. La personalización debe ser un medio para atender las necesidades de todos los estudiantes, evitando que aquellos con dificultades de aprendizaje queden rezagados. Además, la dimensión humana en la enseñanza sigue siendo insustituible; como señala Moreno, el verdadero valor radica en la capacidad del docente para inspirar y motivar.
Julia Wilcowski, directora de Pedagogía en Google, refuerza esta idea al afirmar que la IA debe ser un aliado estratégico, no un atajo tecnológico. Los docentes deben establecer pautas claras sobre el uso de la IA en el aula, asegurando que la innovación no implique delegar en la máquina, sino rediseñar las tareas para que la tecnología complemente el proceso de aprendizaje.
En este contexto, Jordi Cirach, experto en bienestar digital, destaca la necesidad de formar a los estudiantes en un uso crítico y consciente de la tecnología. La gestión del tiempo frente a las pantallas y la incorporación de actividades analógicas son esenciales para mantener la atención y la creatividad. La evaluación también se convierte en un reto, ya que la Ley de IA de la Unión Europea exige una supervisión humana más rigurosa en los sistemas que miden aprendizajes.
La Agencia Española de Protección de Datos subraya la importancia de la privacidad y la protección de menores, instando a evaluar riesgos y minimizar datos. La nueva ley en tramitación busca reforzar estos estándares, asegurando un entorno seguro para los estudiantes.
En conclusión, la integración de la IA en la educación no es una revolución instantánea, sino un proceso de transformación que requiere formación continua del profesorado, transparencia con las familias y un enfoque equilibrado entre lo analógico y lo digital. Con estas condiciones, la IA puede cumplir su promesa de mejorar la educación y devolver al docente al centro de la escena. “Si conseguimos eso, estaremos ante una verdadera revolución educativa”, concluye Moreno.
¿QUIÉN DIJO QUE LA EDUCACIÓN NO PUEDE SER UNA AVENTURA TECNOLÓGICA, MIENTRAS SE MANTIENE EL RUMBO HUMANO?
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Agencia Española de Protección de Datos, Education Endowment Foundation, Google, Jordi Cirach, Julia Wilcowski, Juan Luis Moreno, Maureen Heymans, Marc Sanz, Ministerio de Educación, Unesco, Unión Europea, Wilcowski.
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