Un estudio del MIT revela que el uso habitual de la inteligencia artificial, como ChatGPT, reduce la actividad cerebral en áreas asociadas a la creatividad, la atención y la memoria. Aunque mejora la productividad, perjudica la generación de ideas propias y la retención de información, generando una preocupante deuda cognitiva.
Una reciente investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha demostrado que el uso de asistentes de inteligencia artificial en tareas académicas disminuye la actividad cerebral en zonas clave del pensamiento crítico, la creatividad y la memoria. El experimento consistió en comparar la actividad neuronal de estudiantes que escribían ensayos con y sin la ayuda de modelos como ChatGPT. Los resultados fueron contundentes: quienes se apoyaron en la IA mostraron una significativa disminución de la activación en las áreas relacionadas con el esfuerzo mental.
Además de la menor implicación cognitiva, estos estudiantes presentaron más errores al citar fuentes o recordar ideas clave, lo que refuerza la noción de que la IA no solo reduce la carga de trabajo, sino también la implicación intelectual.
El fenómeno descrito como “deuda cognitiva” refleja el deterioro paulatino de habilidades como la memoria, el pensamiento crítico y la creatividad, al delegarlas sistemáticamente en sistemas automatizados. Investigaciones previas, como la realizada por Microsoft Research, confirmaron esta tendencia: los usuarios habituales de IA tienden a revisar menos el contenido generado, aceptándolo con mínima intervención.
Expertos en neurociencia y educación, como la psicóloga Patricia Ramírez y la especialista María Couso, advierten que esta dependencia tecnológica podría llevar a una “atrofia cognitiva”, visible ya en patrones de conectividad cerebral de usuarios frecuentes. Según Couso, estas personas muestran una actividad neuronal «extremadamente débil» cuando interactúan con herramientas como ChatGPT.
Desde el mundo de la IA, figuras como Arthur Mensch, CEO de Mistral AI, alertan del riesgo de una “falsa sensación de comprensión”, ya que el usuario siente que domina un contenido sin haberlo procesado realmente.
Para mitigar estos efectos, se recomienda emplear la IA como un asistente guiado, fomentando procesos activos de razonamiento y evitando la delegación total de tareas cognitivas. El desafío es educativo y estructural: promover el uso crítico y consciente de estas tecnologías.
«¿Estamos sacrificando nuestra creatividad, memoria y pensamiento crítico por comodidad tecnológica?»
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RESUMEN BASADO EN EL ARTÍCULO: “¿La IA nos vuelve más estúpidos?” DE THE ECONOMIST, PUBLICADO EN LA VANGUARDIA EL 21/07/2025.









