icono¿Es legítimo cobrar más por un vuelo a quien va a un funeral que a quien viaja por placer? “Estamos ante una nueva frontera de abusos potenciales”

La aerolínea Delta Air Lines generó controversia al plantear la posibilidad de establecer precios personalizados para sus clientes a través de herramientas de inteligencia artificial que analizan datos personales. Esta práctica, conocida como surveillance pricing, consiste en utilizar la información del cliente en su contra para cobrarle el máximo posible. La FTC ha alertado sobre los efectos negativos de esta estrategia, tanto en términos de competencia como de protección al consumidor.

El presidente de Delta, Glen Hauenstein, reveló que la aerolínea pretendía calcular exactamente cuánto cada cliente podía pagar por su billete, utilizando un enfoque basado en la información personal del usuario. A pesar de las quejas recibidas, la compañía emitió un comunicado asegurando que no utilizaría datos personales para fijar sus precios. Sin embargo, la preocupación persiste, ya que otras empresas también están adoptando esta práctica, con el objetivo de maximizar sus ganancias a expensas de los consumidores.

La fijación de precios personalizados mediante inteligencia artificial plantea dilemas éticos y legales en torno a la privacidad de los usuarios y la equidad en el mercado. Mientras que en la Unión Europea existen regulaciones que limitan el uso de datos personales para la toma de decisiones automatizadas, en Estados Unidos esta práctica no es ilegal. Expertos y legisladores han instado a prohibir los precios basados en la vigilancia, argumentando que es necesario proteger la privacidad de las personas y garantizar la accesibilidad a los productos y servicios.

En definitiva, la polémica en torno a la fijación de precios personalizados a través de la inteligencia artificial plantea cuestiones fundamentales sobre la ética empresarial, la protección de datos y el equilibrio entre la rentabilidad corporativa y los derechos de los consumidores. Ante el avance de estas prácticas, es crucial establecer regulaciones claras que salvaguarden la privacidad y la equidad en el mercado, evitando que la tecnología se convierta en una herramienta de explotación para las empresas.

Fuente: El País | URL: Ver noticia original

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