iconoEl nuevo TikTok con IA de OpenAI es un peligro: ya hay ‘deepfakes’ para todos en Sora

OpenAI ha lanzado recientemente Sora 2, un innovador sistema diseñado para generar vídeos hiperrealistas mediante inteligencia artificial. La presentación de esta aplicación se realizó de una manera que recuerda al diseño de TikTok, pero con un giro perturbador: los vídeos generados nunca existieron. En menos de 24 horas, Sora ha logrado captar la atención del público, provocando una mezcla de fascinación, miedo y risa. Sin embargo, el éxito ha venido acompañado de controversias.

Sora no es simplemente otra red social; se ha descrito como un «generador de slop», un término que se refiere a contenido visualmente atractivo pero carente de utilidad. Esta plataforma permite la creación de vídeos donde se combinan personajes públicos, franquicias protegidas y usuarios comunes en situaciones absurdas, ilegales o incluso ofensivas. La interfaz de Sora es pulida y utiliza tecnología de vanguardia, pero sus normas éticas son alarmantemente laxas.

Desde su lanzamiento, la aplicación ha sido utilizada para crear vídeos en los que Sam Altman, CEO de OpenAI, aparece en situaciones ridículas, como repartiendo GPUs en comedores sociales o bromeando sobre derechos de autor. Además, los usuarios pueden crear un «cameo» subiendo datos biométricos, lo que permite que otros generen vídeos con su rostro. Irónicamente, Altman ha hecho público su propio cameo, lo que ha resultado en una avalancha de contenido protagonizado por su avatar de IA.

Uno de los aspectos más polémicos de Sora es su uso masivo de personajes y franquicias protegidas, como Pokémon, Mario, Naruto y Los Simpson. En lugar de solicitar permisos a los propietarios de derechos, OpenAI adopta una lógica inversa, permitiendo el uso de estos personajes a menos que los titulares del copyright opten explícitamente por no participar. Esta estrategia plantea dudas legales y éticas, especialmente considerando que OpenAI tiene una valoración de 500.000 millones de dólares.

Lo que resulta aún más sorprendente es la aparente indiferencia de gigantes como Nintendo y Disney ante esta situación. Estas empresas, que en el pasado tomaron acciones legales contra simples fanarts, parecen estar pasivas ante una avalancha de vídeos que presentan a sus personajes en contextos de drogas, violencia o discursos nazis. Esto plantea la pregunta: ¿estamos ante el fin de la propiedad intelectual tal como la conocemos?

Además, Sora plantea una crisis de percepción colectiva. La capacidad de la IA para generar vídeos creíbles de situaciones ficticias, como JFK firmando autógrafos en la Comic-Con, desafía el concepto de verdad. Aunque muchos vídeos actuales son evidentemente absurdos, la tecnología avanza rápidamente, lo que podría facilitar la manipulación de elecciones o la creación de pruebas falsas en el futuro.

La privacidad es otra dimensión crítica. Al crear un cameo en Sora, los usuarios entregan a OpenAI su rostro, gestos y voz. Aunque la aplicación permite limitar el uso del cameo, el simple hecho de almacenar estos datos plantea interrogantes sobre su seguridad y uso futuro. La periodista Amanda Silberling ha señalado lo fácil que es cruzar la línea del consentimiento informado, evidenciando el control que Sora ejerce sobre la imagen del usuario.

Subirse al tren de la viralidad en Sora puede parecer inofensivo, pero el riesgo de suplantación y alienación identitaria es real. OpenAI ha desarrollado una herramienta técnicamente impresionante, pero su uso plantea serias preocupaciones sobre el futuro del arte, la privacidad y la verdad en la era digital.

¿QUIÉN DIJO QUE LA REALIDAD NO SE PUEDE RECREAR A GUSTO DEL USUARIO?

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Amanda Silberling, Bob Esponja, Disney, JFK, Mario, Naruto, Nintendo, OpenAI, Pikachu, Sam Altman, Sora, Los Simpson, Target, Trump.
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Fuente: El Economista | URL: Ver noticia original

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