El metaverso y sus consideraciones éticas

  • por

ENRIQUE DANS

Los miles de artículos que está generando el desarrollo del concepto del metaverso desde que Mark Zuckerberg decidió intentar que se hablase menos de todo lo malo que tiene su compañía cambiándole el nombre es algo que llama mucho la atención, sobre todo si tenemos en cuenta que todo lo que nos dicen que vamos a poder hacer en el metaverso son cosas que podemos hacer desde hace mucho tiempo en aplicaciones como videojuegos inmersivos, o como en aquella Second Life del año 2003 en la que llegué incluso a impartir alguna conferencia.

¿Qué es un metaverso o mundo virtual y por qué debe importarnos? Para quien ha abierto presuntamente la caja de los truenos con un sueño de redefinición corporativa, el metaverso no es ni más ni menos que un sueño de poder omnímodo: crear un mundo virtual, gestionarlo exactamente igual que como ha gestionado su red social durante años, y por supuesto, llenarlo de publicidad. Si pensamos en el infierno de toxicidad, falsedad y problemas que ha supuesto el desarrollo de Facebook en manos de un directivo carente de cualquier principio ético básico, es fácil entender lo que sería su metaverso, y más fácil aún asimilar por qué las autoridades de protección del consumidor quieren hablar con la compañía para saber cómo va a proteger a sus usuarios de algunos problemas que, de hecho, ya han comenzado. Un mundo virtual no es mejor ni peor que otro mundo no virtual, sus problemas son similares a los de este, y si sus posibles soluciones están en manos de alguien sin principios, sabemos perfectamente lo que ocurre.

¿Cómo evolucionará un metaverso gestionado por Facebook? A lo mejor sería interesante que tuviese en cuenta algunos principios básicos que en su momento ya enunció Second Life, y sobre todo, uno de ellos, que Joe Miller, VP de Plataformas y desarrollos Tecnológicos de Linden Labs, dijo en su momento: que el metaverso no puede triunfar mientras sea una sola compañía la que controla el grid.

Microsoft, por ejemplo, tiene una visión completamente diferente: un metaverso centrado sobre todo en usos empresariales, un sitio «al que vas a hacer cosas específicas», no uno «en el que te quedas». Por supuesto, siendo una compañía con una gran experiencia en realidad aumentada con su HoloLens, y sabiendo cómo se las gasta Mark Zuckerberg, Microsoft se ha encontrado ya con más de setenta trabajadores del proyecto HoloLens que han abandonado la compañía, cuarenta de los cuales lo han hecho para unirse a Meta.

Una visión similar es la que tiene Apple, que aparentemente tiene ya muy avanzada la presentación de sus dispositivos relacionados con la realidad virtual y aumentada: no pretende crear un metaverso como un destino, sino una plataforma en la que otros desarrolladores puedan ofertar sus propuestas de valor. En ese sentido, el dispositivo no se plantea como algo que vayas a llevar mucho tiempo, sino como un lugar al que acudir puntualmente para algunas cosas, sea un juego, un contenido o una experiencia comunicativa. Pero todo ello, gestionando de manera razonable el concepto de inmersión, sin pretender crear un lugar al que la gente «escapa» y en el que, como pretende Meta, generan más ingresos a la compañía cuanto más tiempo pasan. Si alguien no ve el problema que supone que una compañía con nombre de droga gestione un desarrollo así, es que no ha entendido nada.

Lo fundamental en un desarrollo presuntamente inmersivo es cómo gestionar las consideraciones éticas que, de manera indudable, va a generar. Y cuando llegamos a ese punto, tengo absolutamente claro qué persona y qué compañía jamás podrían llegar a plantear bien una tarea así.

Lee la noticia original en: El Blog de Enrique Dans




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