Europa se encuentra en un momento de urgencia en el que necesita dotarse de mayor autonomía tecnológica para no depender de Estados Unidos y China. Sectores clave como la inteligencia artificial, la biotecnología, los semiconductores, la ciencia espacial y la cuántica son fundamentales en la actual geopolítica, donde el poder está estrechamente ligado a la tecnología. Sin embargo, Europa se encuentra rezagada en comparación con EE UU y China en estos ámbitos tecnológicos cruciales, lo que la expone a peligrosas dependencias en distintas áreas.
El informe del Belfer Center de la Universidad de Harvard muestra que Europa se encuentra a una gran distancia de EE UU y China en sectores como la inteligencia artificial, la biotecnología, los semiconductores, la tecnología espacial y la tecnología cuántica. La fragmentación en el mercado común europeo, especialmente en el sector financiero, es un obstáculo importante en el camino hacia el rearme tecnológico de Europa. La dependencia de materias primas estratégicas, controladas en su mayoría por China, también representa un desafío para la UE.
Para intentar cerrar esta brecha tecnológica, la Comisión Europea ha lanzado iniciativas como el impulso de capacidades de extracción y reciclaje de materias primas estratégicas, así como la implementación de una ley de chips para fomentar la producción de semiconductores avanzados en territorio europeo. Sin embargo, alcanzar estos objetivos se presenta como un desafío difícil, especialmente considerando la competencia internacional desregulada y el dominio de China en ciertos sectores clave.
La integración europea y la cohesión entre los Estados miembros se presentan como el camino necesario para lograr la competitividad tecnológica y evitar la dependencia de potencias extranjeras. Iniciativas como el programa Horizonte Europa muestran que la cooperación en la UE puede impulsar ciertos sectores tecnológicos, pero la fragmentación en otros ámbitos sigue siendo un obstáculo importante. Superar estos desafíos es esencial no solo para la defensa de la competitividad europea, sino también para evitar convertirse en vasallos de potencias extranjeras.
FUENTE: El País (https://elpais.com/)









