CHUS BLASCO / Agilidad emocional

Experimentando el cambio

¿Podemos mejorar como profesionales sin utilizar nuestras emociones? Susan David, Doctora en psicología y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard piensa que no. En su libro Emotional Agility intenta contestar a la pregunta de cómo gestionamos interiormente nuestras emociones y las historias personales que todos tenemos de forma que nos ayuden a tener una vida profesional satisfactoria. Dice que “el lugar de trabajo es el escenario donde todos los comportamientos y las historias que hemos desarrollado a lo largo de nuestras vidas salen a la luz”. La agilidad emocional es un concepto que es aplicable al trabajo y mucho más allá de él.

David es muy crítica con lo que ella llama la “tiranía de la positividad”. Dice que pensar en términos de emociones buenas y emociones malas es una forma de pensar rígida. Si sólo tenemos los recursos psicológicos para enfocarnos en lo que nos gusta y en lo que nos hace felices, nos alejamos de la habilidad de aprender de nuestras emociones. Si ejercitamos el aprendizaje a partir de nuestras emociones “difíciles”, se convierten en un potente recurso. Ser conscientes de nuestra verdadera naturaleza, nos enseña a afrontar nuestras emociones aceptándolas, y actuando de acuerdo con nuestros valores para poder progresar.

 

Financieros ágiles

Descubrir a David me ha llevado a reflexionar sobre nuestra experiencia como consultores. Las finanzas en las pymes son un problema más emocional que técnico. Si no se genera tesorería suficiente con los clientes del negocio, para cumplir con sus compromisos de pagos la empresa tiene como opciones 1) endeudarse más, 2) el propietariotendrá que aportar más fondos , o la última opción 3) la empresa cierra. Si eres financiero en una pyme sabes de que hablo. Si hay problemas financieros, es culpa tuya, porque deberías haberte anticipado. Si anticipas los riesgos, eres un cenizo. Y si te atreves a proponer un plan proactivo para mejorar la situación financiera que no es del gusto de la propiedad, puede que te quedes sin trabajo. Ninguna de las tres opciones proporciona muchas alegrías. La realidad de la economía digital es que son necesarios financieros ágiles emocionalmente que no se dejen llevar por los sentimientos de miedo o culpa y puedan comunicar los problemas asertivamente en lugar de dedicar energías a intentar ocultarlos.

 

Entrenar la agilidad emocional

En este mundo incierto, el autoconocimiento es básico para tomar decisiones. Evitar las emociones más desagradables hace que se perpetúen. Para aumentar nuestras opciones, debemos “desengancharnos” de los pensamientos y emociones difíciles. David propone una forma para que podamos entrenarnos a ser más agiles emocionalmente a través de cuatro conceptos clave:

  • Mostrar. Da la cara a lo que piensas, sientes y como te comportas, con curiosidad y sin juzgar. Es lo contrario a lo que propugna el “pensamiento positivo” que nos lleva a ocultar e ignorar nuestras emociones.
  • Salir. Observar tus emociones y pensamientos como si no fueran tuyos, tal como son. Si estás enfadado, si te sientes culpable… son emociones que representan datos de los que aprender, siempre y cuando no respondamos inmediatamente a los mismos. Podemos elegir cual es nuestra respuesta y abrirnos a un campo más amplio de posibilidades.
  • Conocer tu porqué. Este espacio entre el sentir y la observación nos permite conectar con nuestros valores, con lo que nos mueve más profundamente y nuestros objetivos más prioritarios. Tus valores más profundos son los que te hacen saber que te mueves en la dirección correcta; hacen de hoja de ruta de la determinación, resiliencia y efectividad.
  • Avanzar. Marcarse mejoras sencillas impregnadas de nuestros valores que nos motiven y cambien nuestros hábitos. Hay que ir encontrando el balance entre reto y competencia, para que no nos sintamos ni complacientes ni sobresaturados. Hazlo lo mejor que sepas con lo que tienes hoy.

 

Empresas que experimentan con el cambio

La agilidad es la respuesta a la fluidez comunicativa necesaria entre el mercado y los procesos. Las empresas ágiles necesitan personas que se muevan a medida se mueven las necesidades de los clientes y usuarios. Personas que no se queden “enganchadas” en lo que saben hacer sino en lo que es necesario hacer. Financieros que salgan de su Excel y hablen con el resto de las áreas de la empresa para anticipar acciones. Las empresas que no se adaptan a los cambios a lo largo del tiempo desaparecen. La clave para progresar es querer aprender.

Las personas que quieran desarrollar su carrera profesional en la era digital deben plantearse cómo contribuyen, y cómo buscan su progreso para hacerlo cada vez mejor. Estar motivado es tener motivos. Cada persona tiene los suyos. Cuando algo nos importa más allá de nosotros mismos, es más fácil presionarnos más allá de nuestros límites. La búsqueda de significado es personal, y la responsabilidad de entrenarnos en hacerlo cada vez un poco mejor no es delegable.