Elon Musk, conocido por sus innovaciones en tecnología, se enfrenta a un nuevo competidor en el ámbito de las interfaces cerebro-ordenador (BCI). Mientras Musk impulsa su empresa Neuralink, que se centra en implantes cerebrales para conectar la mente humana con las máquinas, un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha desarrollado un dispositivo no invasivo que permite a personas con parálisis controlar un brazo robótico sin necesidad de cirugía. Este avance, publicado en la revista Nature Machine Intelligence, ha demostrado que un hombre con parálisis parcial pudo mover un brazo robótico con un 93% de éxito.
Las BCI buscan traducir la actividad cerebral en órdenes que permiten manejar dispositivos externos. Hasta ahora, las opciones más efectivas eran las invasivas, como las de Neuralink, que requieren cirugía para implantar electrodos en la corteza cerebral. Aunque estos sistemas han mostrado alta precisión, también conllevan riesgos quirúrgicos y costos elevados. Las alternativas no invasivas, que utilizan técnicas como el electroencefalograma, habían sido consideradas menos fiables y limitadas.
El equipo liderado por Jonathan Kao, profesor de ingeniería biomédica en UCLA, ha logrado una combinación innovadora al utilizar señales cerebrales recogidas externamente junto con un sistema de inteligencia artificial que actúa como un “copiloto”. Este algoritmo interpreta la intención del usuario y lo asiste en la realización de acciones deseadas. Durante una prueba, el paciente paralizado logró mover un brazo robótico para desplazar bloques en una mesa, alcanzando un nivel de acierto del 93%. Kao explicó que estos copilotos colaboran con el usuario del BCI para inferir sus objetivos y ayudar a completar las acciones.
Este avance plantea una alternativa real al enfoque quirúrgico de Musk, sugiriendo que el acceso a las interfaces cerebro-máquina podría democratizarse, eliminando la necesidad de operaciones invasivas y reduciendo el riesgo clínico. Zhengwu Liu, investigador de la Universidad de Hong Kong, comentó que este enfoque podría resultar en un sistema híbrido humano-máquina más poderoso. Sin embargo, la propuesta también genera un debate sobre la autonomía del usuario. Mark Cook, profesor de neurociencia clínica en la Universidad de Melbourne, advirtió que la autonomía compartida no debería comprometer la autonomía del usuario. La clave será garantizar que la inteligencia artificial complemente, pero no reemplace, las decisiones humanas.
Este hallazgo se suma a una carrera tecnológica que enfrenta dos visiones opuestas: el modelo invasivo de Neuralink, que promete una conexión directa con las neuronas, y el modelo no invasivo de UCLA, que utiliza la inteligencia artificial para superar las limitaciones de la lectura externa de la actividad cerebral. El futuro de las BCI dependerá de cuál de estos enfoques logre ganar la confianza de la sociedad, planteando la pregunta de si preferimos implantes permanentes bajo la piel o sistemas externos que leen la mente con la ayuda de algoritmos.
¿QUIÉN DIJO QUE LA TECNOLOGÍA NO PUEDE SER UN JUEGO DE PODER ENTRE GIGANTES?
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APARECEN EN EL ARTÍCULO ORIGINAL:
Elon Musk, Jonathan Kao, Zhengwu Liu, Mark Cook, Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Universidad de Hong Kong, Universidad de Melbourne, Neuralink.
Fuente: La Vanguardia | URL: Ver noticia original









