CHUS BLASCO / ¿Y si todo fuera mucho mejor de lo que parece?

Datos y prejuicios

Después de haber leído el libro FactFulness, no queda ninguna duda sobre la forma en que los prejuicios y el mal uso de los datos condicionan nuestra visión del mundo. Así lo creía su autor, Hans Rosling, que fundó junto a su hijo y su nuera la ONG Gapminder, un proyecto contra la “ignorancia” de la realidad. FactFulness es un libro maravilloso sobre los sesgos que nos impiden ver el mundo tal y como es. Rosling nos cuenta que la razón última del dramatismo de nuestras percepciones es que éstas se basan en unos instintos con los que estamos “programados” pero que cuando se enfrentan a la complejidad global, fracasan de forma estrepitosa. Se trata de diez instintos, entre los que se encuentran el de negatividad, el de miedo, el del destino, la perspectiva única, el de culpa… Rosling nos muestra cómo funcionan, y de qué forma nos impiden poner los datos reales en perspectiva, con el fin de que podamos aprender a controlarlos.

Una de las grandes aportaciones de Rossling es que ofrece un nuevo marco mental para que dejemos de hablar del mundo desarrollado y subdesarrollado. Propone una división de la población del planeta en cuatro grupos distintos de nivel de ingresos. El nivel 1 es el de extrema pobreza, donde malviven 1000 millones de personas con menos de 2$ diarios. En el nivel 2 se encuentran 3000 millones de personas que viven con ingresos entre 2$ y 8$ diarios; los niños pueden ir a la escuela en lugar de trabajar todo el día. En el nivel 3 viven 2000 millones de personas con ingresos entre 8$ y 32$ al día, viven en hogares con agua corriente y refrigerador. En el nivel 4, viven 1000 millones de personas que gastan más de 32$ diarios, tienen acceso mínimo a educación secundaria, pueden comprarse un coche y pueden ir de vacaciones de vez en cuando. (Excelente su charla TED sobre el crecimiento de la población mundial).

Cuando solo consideramos dos opciones (pobres y ricos), acabamos pensando que todos aquellos que no tienen cierta calidad de vida son pobres. No notamos el progreso porque la división del mundo la hacemos sólo entre países desarrollados y subdesarrollados. Rosling lo describe como si nos situáramos en un rascacielos y miráramos hacia abajo a la ciudad. Todos los edificios nos parecerían bajos, tanto los de 50 pisos como los de 10. Con el progreso pasa lo mismo. En el nivel 2 viven significativamente mejor que el nivel 1 pero nadie lo ve sin buscar los datos. El instinto de separación provoca que veamos el mundo como un enfrentamiento entre dos en el que no hay matices. Nos ha hecho perder la conciencia de los grandes avances en bienestar que han tenido lugar a nivel global.

 

Se puede estar mal y mejor

Rossling plantea la paradoja de que se puede estar mal y mejor. Deberíamos repetírnoslo a menudo cuando hablamos de economía, de progreso y de bienestar. Que el mundo esté mejor no quiere decir que esté bien, porque existen graves problemas por resolver, como la sostenibilidad de los recursos del planeta. Diagnosticar bien lo que está pasando (¡con datos!) es el punto de partida imprescindible para poder mejorar, y minimiza el instinto del miedo.

Cuando el relato económico se hace en clave local y de país, se acaba trasladando el marco mental de generación de riqueza que nos ha llevado hasta aquí. Seguimos midiendo el crecimiento del PIB como indicador más relevante del bienestar de la sociedad, heredado de un modelo económico no sostenible para el planeta. Nos ha pasado por encima la precarización de los servicios de menos valor añadido a nivel global. El supuesto estado del bienestar está quebrado. En los países que estamos en el nivel 4, partimos de unas preconcepciones sobre la generación de riqueza que se traduce en una falta de esperanza preocupante. Teníamos el listón alto y hemos perdido “el derecho” a nuestra parte en el pastel. Entendimos el progreso y el bienestar como un hecho acumulativo y los sistemas institucionales creados en el pasado no la han podido garantizar. Cuando el sistema falla, es imprescindible tomar conciencia del nuevo contexto económico global en el que estamos. Sin duda, la transformación del sistema exige hacer renuncias.

El sensacionalismo dramático con el que percibimos el mundo nos hace desconfiados. Rosling nos muestra que nuestros prejuicios provocan que hagamos un mal uso de los datos. En la era de la información, es más fácil amplificar los miedos de las personas que cambiar sus percepciones negativas. Entender los sesgos es un paso importante para poder contrarrestarlos. Después, nos hará falta coraje para mirarnos los datos de cara. Y actuar en consecuencia para construir valor y seguir progresando. Todos estamos en el mismo barco. No dejemos que nuestros sesgos nos impidan confiar en el futuro.

 

”Cuando tenemos una cosmovisión basada en hechos, podemos ver que el mundo no es tan malo como parece y podemos ver lo que tenemos que hacer para seguir mejorandoHans Rosling