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Web3: ¿sueño libertario o invento del capitalismo?

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Por David del Val Latorre, director de Innovación Estratégica de Telefónica

En la Web original que se inventó en los años 90, los usuarios se limitaban a leer lo que las empresas publicaban, y éstas ganaban dinero con publicidad o vendiendo sus productos con el comercio electrónico. En la siguiente década apareció la Web 2.0 y el principal cambio fue que los usuarios comenzaron a crear ellos mismos contenido para luego publicarlos en plataformas que generaban ingresos también gracias a la publicidad (YouTube, Facebook). Y en los últimos años ha aparecido el concepto de Web3, donde los usuarios no solo crean contenido, sino que además reciben parte del valor de ese contenido en forma de tokens. Los tokens son la principal innovación de esta nueva época, porque son objetos digitales fácilmente intercambiables que representan un cierto valor o unos derechos de uso de una plataforma o incluso de voto en una organización.

Este empoderamiento del usuario que trae consigo la Web3 ha hecho que los contadores de historias de Silicon Valley presenten una visión idealizada de esta nueva encarnación de internet como una Web descentralizada, construida y gobernada por el pueblo para el beneficio del pueblo. Aunque hay algo de verdad en esta narrativa (siempre y cuando el pueblo sea muy ilustrado) yo prefiero ver la Web3 como un intento de un grupo de innovadores de arrebatar clientes a las grandes plataformas de internet que surgieron en la Web 2.0.  La Web 3 puede parecer un sueño libertario de descentralización, pero en realidad no es más que una sofisticación de un modelo de negocio que ya se inventó en la Web 2.0: la plataforma con efectos de red.

Una plataforma con efectos de red es un sistema que cuantos más usuarios tiene, más usuarios consigue, con lo que rápidamente su crecimiento se convierte en exponencial. Facebook, por ejemplo, es más atractivo cuantos más amigos están en la plataforma, lo cual atrae no solo a más personas, sino también a los otros usuarios de la plataforma, que son los anunciantes. En Uber, cuantos más coches hay disponibles, más clientes lo empiezan a usar, y eso hace que haya todavía más conductores dispuestos a ponerse a trabajar. Booking atrae a muchos usuarios porque hay muchos hoteles, y viceversa.

Las grandes plataformas de la Web 2.0 suelen ser fenomenales agregadores de oferta y demanda de cualquier tipo de servicio. Es muy difícil crear una plataforma de este tipo, pero una vez que lo has conseguido tienes un cuasi monopolio en ese mercado. ¿Cómo consiguió Booking enlistar a su primer hotel? ¿Quién fue la primera mujer que se apuntó a Meetic? En general, las plataformas de Web 2.0 han necesitado ingentes cantidades de capital para convencer a los usuarios de subirse a su carro, pero ahora disfrutan de increíbles fuentes de ingresos.

Pues bien, la gran innovación de Web3 es que puedes utilizar tokens para convencer a los usuarios de que se suban a tu plataforma. Por ejemplo, Axie Infinity es un juego que premia a sus jugadores con tokens, que luego son intercambiables por dinero en cryptoexchanges. Brave es un navegador web que paga con tokens a sus usuarios por ver anuncios. Helium es una red de IoT que entrega tokens a las personas que ponen un nodo de red en su casa. La gracia es que estos tokens cuestan cero euros a los dueños de estas plataformas, pero sin embargo los usuarios los pueden cambiar por dinero real (u otros derechos) porque hay otros usuarios dispuestos a comprarlos en el mercado. ¿Quién compra estos tokens? Por un lado, están las personas que quieren participar de la plataforma: los jugadores que juegan a Axie, los anunciantes que quieren mostrar anuncios a los usuarios de Brave, o las empresas que necesitan conectividad IoT. Y, por otro lado, los especuladores que piensan que cada uno de estos ecosistemas va a triunfar y el valor del token va a subir porque habrá muchos compradores.

En definitiva, Web3 es una nueva forma de crear plataformas con efectos de red que precisan de muy poco capital, porque se basan en incentivar a los usuarios a unirse pagándoles con tokens que son gratis para los dueños de la plataforma. Grandísimo invento del capitalismo.

(Transcripción completa del original)
La publicación original de este artículo aparece en DIRIGENTES DIGITAL


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