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Un robot con «cerebro humano» logra salir solo de un laberinto

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Un grupo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Eindhoven, en Países Bajos, y del Instituto Max Planck de Investigación de Polímeros en Mainz, Alemania, creó un robot que basa sus decisiones en un cerebro orgánico con una estructura de funcionamiento similar al cerebro humano. El estudio allana el camino para nuevas y emocionantes aplicaciones de dispositivos neuromórficos en la salud y otros campos.

Son indudables los avances logrados en los últimos años en cuanto a dispositivos basados en el aprendizaje automático, las redes neuronales artificiales y otras aplicaciones de Inteligencia Artificial. Sin embargo, estos enfoques chocan contra una gran desventaja cuando quieren equiparar la eficacia del cerebro humano: los algoritmos requieren enormes cantidades de energía para realizar sus procesos, mientras que nuestro cerebro funciona más rápido y mejor con un mínimo caudal energético.

IMITAR AL CEREBRO HUMANO

La eficiencia energética del cerebro humano se origina en la forma en la cual trabajan las neuronas: ellas se comunican entre sí a través de las denominadas sinapsis, que se van fortaleciendo cada vez que la información fluye. Dicha “plasticidad” y capacidad de modificación permanente es la que asegura procesos como el aprendizaje y la memoria, entre otros.

Sobre fines de la década de 1980, Carver Mead desarrolló el concepto de ingeniería neuromórfica. Se trata del uso de un sistema de integración a gran escala contenido en circuitos analógicos, con el propósito de imitar estructuras neurobiológicas ubicadas en el sistema nervioso humano. En otras palabras, la idea es desarrollar dispositivos tecnológicos y orgánicos que “copien” la estructura funcional del cerebro humano, para de esta forma ganar en eficiencia y acercarse más profundamente a nuestra cosmovisión…

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