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¿Quieres ser millonario?

El cartel apareció en la facultad como una providencial señal del destino. Una puño cerrado con el dedo índice extendido, señalando acusatoriamente al lector del pasquín que era yo, y una pregunta nada retórica: ¿Quieres ser millonario?

Más que rico, lo que quería era pagar sin apuros las cervezas en el Karma de la plaza Real. Así que llamé al teléfono que figuraba en el póster. Tres días después, acompañado de otro amigo que también andaba corto de bolsillo, estaba en un edificio de la Diagonal recibiendo de una señora muy acicalada la fórmula mágica para vivir montado en el dólar. Se trataba de una estafa piramidal de lo más clásico, por supuesto. Como éramos jóvenes, pero no tan tontos como llegaríamos a serlo después, nos despedimos con educación y al salir a la calle nos echamos unas risas a cuenta de nuestra estulticia y nuestra truncada vida de multimillonarios vendiendo productos de belleza facial a la familia y círculo de amistades. De eso trataba el invento.

Han pasado tres décadas desde entonces y todo, incluyendo las estafas piramidales, se ha tornado más sofisticado. Ahora, en lugar de envases de plástico para guardar comida o productos de belleza para ser eternamente joven, las sirenas tientan al holgazán que sueña con ser millonario sin pegar un palo al agua cebando el anzuelo con el ingreso en un selecto club de sabios del metaverso, el blockchain y las criptomonedas. El truco de magia es el mismo….

(Recorte de prensa)
El original de esta noticia se ha publicado en LA VANGUARDIA


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