Primeros pasos para proteger la propiedad industrial de una startup

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Planificar, ejecutar y desarrollar una adecuada estrategia de protección de la propiedad industrial e intelectual es fundamental durante todo el ciclo de vida de una startup. Desde las primeras reuniones entre potenciales socios del proyecto hasta el fin de la vida del mismo, cuidar y proteger este tipo de activos.

En esta publicación, nos centraremos en analizar los dos pilares esenciales de la estrategia de protección de la propiedad industrial en la primera etapa de vida de una startup: por un lado, los acuerdos de confidencialidad, y por otro, las marcas y los dominios.

  • Acuerdos de confidencialidad: Este tipo de contratos al uso son pieza fundamental de la protección jurídica de una startup que ni siquiera aún se encuentra constituida. Su utilidad destaca en las primeras fases del ciclo de vida de una startup. Al inicio, son múltiples los encuentro y reuniones con personas que puedan verse atraídas por nuestro proyecto (colaboradores, proveedores, socios, etc.). ¿Cómo nos aseguramos qué nuestra idea y/o proyecto se vea perjudicado? ¿Y si nos copian?

Un buen acuerdo de confidencialidad debería ser suficiente para proteger, en su totalidad, el contenido y la información que facilitemos a los interlocutores. En definitiva, se trata de determinar qué contenidos no pueden difundirse, revelarse o simplemente transmitirse y en caso de incumplimiento, exigir responsabilidades aplicando una penalización indemnizatoria. Hablamos de proteger aspectos tan básicos como el plan de negocio del proyecto hasta la marca o el nombre comercial del proyecto pasando, por supuesto, por el know-how, el flujo del proceso producto o de generación de valor añadido.

Como podemos deducir, la protección que ofrecen los acuerdos de confidencialidad es únicamente entre las partes que firmen el acuerdo.

  • Marca y dominio: Una vez que el proyecto ha comenzado a desarrollarse y la startup está dando sus primeros pasos, será esencial registrar la marca o marcas que caractericen e identifiquen en el mercado el producto o servicio prestado por la startup. Una marca se encarga de proteger combinaciones gráficas y/o denominativas que ayudan a distinguir en el mercado unos productos o servicios de otros similares ofertados por la competencia.

Es importante tener clara que el registro de marca no tienen relación alguna con la reserva de la denominación social de la compañía. Dicho de otra manera, la constitución de una sociedad como forma jurídica de la startup, con una determinada denominación, no protege ni garantiza dicha denominación como marca distintiva de productos y/o servicios, sino que únicamente nos protege de la posibilidad de que otras sociedades mercantiles se constituyan con la misma denominación.

Teniendo en cuenta que hablamos de startups, que por su propia naturaleza, se presupone que requieren de una presencia viva en el mundo digital, el registro de la marca debería ir acompañado de una adecuada estrategia de dominios para posicionarnos y cubrirnos las espaldas en la red. En este punto, no cabe hablar ya solo de registrar a nuestro nombre los clásicos dominios web, sino que también es necesario reservar y planificar cuáles serán nuestros nombres de usuario e identificadores en redes sociales para evitar que otros lo hagan antes que nosotros.

Si bien a diferencia de las marcas, que cuentan con el sistema de protección ofertado en España por la Oficina Española de Marcas y Patentes (OEPM) en ámbito nacional e internacional, los dominios web son registrados y organizados por la ICANN (Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números), la cual si bien es una asociación sin ánimo de lucro, no deja de ser una entidad privada al igual que las redes sociales que sí tienen un marcado carácter lucrativo y sus propias políticas.

Acuerdos de confidencialidad, marcas y dominios son únicamente algunos de los pilares básicos que, en los comienzos de una startup, juegan un papel fundamental en la estrategia de propiedad industrial y deben tenerse en consideración, estudiarse y aprovechar las posibilidades que ofrecen siempre con una visión de 360º.

Ayra Gorrín, Jorge