Nunca tan pocas compañías habían tenido tanto poder

Nunca tan pocas compañías habían tenido tanto poder

Creencias sobre la competitividad

El Foro Económico Mundial define la competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Tal como lo explica Oliver Cann en ¿Qué es la competitividad?, “una economía competitiva, creemos, es una economía productiva. Y la productividad conduce al crecimiento, que permite niveles de ingresos más altos, y es de esperar, a riesgo de sonar simplista, a un mayor bienestar.” Podemos estar absolutamente de acuerdo con la definición, pero lo más interesante es la duda que pone de manifiesto: ¿es simplista la relación entre el crecimiento de la economía y el aumento del bienestar?

La estrategia del tamaño

“La concentración nos conduce a un capitalismo en su grado más extremo” dice Robert Tornabell, profesor de Esade en “La amenaza de los oligolipolios mundiales”. El poder de las grandes multinacionales no deja de crecer y el volumen representa una barrera de entrada ante nuevos competidores. Aunque no es nuevo, la dimensión de la globalización aumenta la escalada de las cifras de las que hablamos. Los últimos años de crisis económica internacional, han acelerado el crecimiento de los cuatro países denominados emergentes que no han dejado de crecer, los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El crecimiento ya no se puede hacer vía expansión geográfica, y la amenaza del estancamiento lleva a las grandes corporaciones a crecer mediante fusiones y adquisiciones. El tamaño se ha convertido en la estrategia utilizada por las empresas de mayor dimensión, que les permite una visibilidad y unas economías de escala que representa la barrera de entrada infranqueable para el resto de competidores. El mercado nacional ha dejado de tener sentido y para competir a escala global, el tamaño cuenta.  Pero, ¿cuál es el límite?

La sostenibilidad (o no) de la economía local

El límite debería ser la sostenibilidad, pero la voracidad del crecimiento de las grandes multinacionales y del sector financiero es una barrera infranqueable para la supervivencia de ciertos sectores de pequeñas empresas, tan fundamentales para la economía local como el agroalimentario. Leyendo el artículo que relaciona la competitividad con la producción, el crecimiento y la relación con el bienestar, (que el propio autor del artículo cuestiona), me ha venido a la memoria el documental “La ruta del tomate”, que ilustra la pérdida de competitividad del sector agroalimentario en Catalunya en los últimos años, concretamente de la producción de hortalizas y la incidencia que ha tenido en ello la globalización.

El documental relata que desde el 2008, los bancos en Holanda invirtieron masivamente en invernaderos de producción de tomates. sin tener en cuenta cual era la demanda de tomates en el mundo. El exceso de inversión en el sector, provocó un gran volumen de producción acumulado; un exceso de producción que empujó los precios a la baja, por lo que las empresas productoras fueron acumulando grandes pérdidas que hacían el problema cada vez mayor. Las pérdidas aumentaban la necesidad de mayor financiación y los bancos les prestaron, porque al banco (como inversor) no le conviene vender las empresas; si lo hicieran perderían mucho dinero, así que mantienen las empresas con vida y les exigen crecer. Así, se cultivan muchos tomates y hay una sobreproducción en el sector. El exceso de producción empuja los precios a la baja con consecuencias significativas. Sin políticas adecuadas que puedan compensar estos efectos, el modelo de distribución hace que la producción local compita con producción de todo el mundo, como en el caso de Holanda. La financiación de las pérdidas por parte de los bancos holandeses provoca que los precios en el mercado sean muy inferiores a los costes que soportan los agricultores locales, que tan solo representan una pieza del engranaje y no tienen poder de decisión sobre el modelo. En pocos años, Cataluña perdió el 40% de la producción catalana de tomate. Como dice un agricultor en el documental: “no salen los números. La relación entre costes de producción y el precio final del producto están desfasados”.

Muchos de los efectos de la globalización de la economía han perjudicado significativamente las necesidades de generación de empleo y riqueza de las economías locales. Decíamos en Reinventar el capitalismo que uno de los retos que identifica el capitalismo consciente es la desproporción del poder entre unos propietarios/ejecutivos y el resto. “La ruta del tomate” es un ejemplo de que la competencia sólo aporta mayor bienestar si los mercados son realmente competitivos.

Estamos atrapados en la creencia de que el crecimiento es una buena noticia. Siempre lo hemos entendido así. Es cierto que la globalización de la economía ha agrandado la necesidad de aumentar el tamaño para mejorar la competitividad. Pero en un contexto de alta complejidad es un mensaje perverso. Si las únicas empresas que crecen son aquellas más alejadas de las necesidades de las personas, tal vez haya que admitir que el crecimiento ha dejado de ser la única fórmula para mejorar el bienestar de la sociedad.

 

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