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Los menús de restaurante decódigo QR son la muerte de la civilización

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Son innecesarios, antisociales, discriminatorios e impopulares. Degradan por completo la experiencia de salir a comer.

La pandemia del COVID-19 produjo una serie de cambios en la forma en que vivimos, de maneras pequeñas y grandes. Algunos fueron bienvenidos: por ejemplo, la flexibilidad con el trabajo remoto o cocteles para llevar. Sin embargo, existe una adaptación pandémica que debería ser olvidada para siempre: los menús de código QR, que son ahora habituales y que remplazaron a la versión física en millones de restaurantes estadounidenses. Son innecesarios, antisociales, discriminatorios e impopulares. Degradan por completo la experiencia de salir a comer.

Si no sabes qué es un código QR de restaurante, te envidio. Es el código cuadrado en blanco y negro que encuentras en un cartel en la mesa cuando te sientas, y que te pide que lo escanees con la cámara de tu teléfono para vincularte a una dirección web con las ofertas del establecimiento. Ofrecido en principio como una manera de garantizar la higiene cuando los restaurantes reabrieron tras los cierres del período inicial de la pandemia, los menús de código QR son innecesarios, ya que el coronavirus es (sabemos ahora) un patógeno que se transmite casi completamente por aire. Sin embargo, demasiados establecimientos de comida continúan usándolos.

Un menú físico prepara el escenario. Destaca el hecho de que esta es una ocasión especial, incluso aunque se trate simplemente de un bocado rápido en un restaurante local. El menú significa que es hora de tomar un descanso en un día ajetreado, que esta comida está separada del curso normal de los acontecimientos. También nos motiva a interactuar con los demás. Compartimos menús. Señalamos cosas en él. Les hacemos preguntas a los meseros sobre la comida y lo que les gusta en particular. Es como abrir un programa de teatro en un espectáculo que tú y tus acompañantes están a punto de experimentar juntos.

Por otro lado, sacar el teléfono para revisar el menú no ayuda en nada a establecer un ambiente, a menos que desees cenar en el metaverso. Los teléfonos inteligentes son infinitamente distractores, y se necesita disciplina para guardarlos tras revisar un menú. Exige cierto autocontrol que muchas personas no siempre tienen la capacidad de generar (me declaro culpable). Es demasiado fácil racionalizar el revisar rápidamente un correo electrónico, enviar un tuit, o echarle un vistazo a Instagram (me declaro culpable otra vez). Ya pasamos casi cinco horas al día mirando las pantallas de nuestros teléfonos inteligentes. ¿En realidad necesitamos generar otra oportunidad para pasar aún más tiempo en nuestros silos electrónicos?…

(Clip 470 palabras)
Lee la noticia completa original en THE WASSHINGTON POST


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