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Los bancos comerciales ante la amenaza del euro digital

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El éxito del futuro euro digital podría hacer que los bancos centrales absorbieran el flujo financiero del sistema económico. Lo centralizarían de una manera casi absoluta, dejando a los bancos privados en un papel marginal. Las monedas digitales emitidas por los bancos centrales (CDBC, por sus siglas en inglés) surgieron como potencial respuesta a la amenaza con que fue recibido el anuncio de Meta. Los bancos centrales, que se habían erigido en protagonistas de las políticas monetarias y económicas desde los años ochenta del pasado siglo, vieron que con la digitalización de las monedas podían perder poder de acción, si no se daban prisa en reaccionar. Así, con mayor o menor premura, se pusieron a trabajar en el diseño de su respectiva CDBC. Entre ellos, el banco central de los bancos centrales de los 19 países de la Unión Europea que tienen el euro como moneda. El BCE empezó a explorar y dar los primeros pasos para la construcción del euro digital.

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Bancos euro digital

No puede decirse que la construcción del euro digital vaya rápida. El sentimiento de amenaza parece haberse rebajado, especialmente teniendo en cuenta las últimas evoluciones de la empresa de Zuckerberg. Incluso puede haber cundido la sensación de tenerla domesticada. Eso sí, indirectamente a través de la correa de las autoridades económicas estadounidenses. En los últimos meses, Meta ha estado bajo estricto escrutinio de la Comisión Federal del Comercio. Por otro lado, la inflación, la carestía energética y la propia guerra en Ucrania han erigido otras prioridades.

Actualmente, el BCE se encuentra todavía discutiendo las características del euro digital. Esta en fase de investigación. Una fase que se alargará, como poco, durante un año más. No parecen ritmos adaptados a los acelerados tiempos que nos atraviesan; pero las instituciones administrativas, especialmente si son supraestatales, son así.

¿Cómo afectará el euro digital a los bancos comerciales?

El amplio plazo del BCE está permitiendo la circulación de reflexiones sobre las potenciales consecuencias del euro digital. Entre ellas, ocupa un lugar estelar un escenario: el de que la gente lleve sus depósitos al banco central, acogiendo masivamente la nueva moneda. Es decir, en un primer momento, sería un escenario de éxito. La proyección de un escenario de éxito que paradójicamente pudiera estar en el origen de presiones para que el euro digital retrasase su salida, la llevase a cabo con ciertas restricciones o incluso fuera abortada su gestación.

Ahorros en los bancos centrales

La principal razón por la que los ciudadanos transferirían sus ahorros desde los bancos privados al banco central es la seguridad. Los bancos privados viven los últimos decenios bajo la sombra de la quiebra. Los bancos centrales están a salvo de la quiebra. Al fin y al cabo, el banco central puede crear dinero. Un miedo a la quiebra de los bancos que, además, puede acelerarse y, sobre todo, intensificarse cuando los propios ahorradores empiecen a transferir dinero hacia el nuevo dinero digital centralizado. Se cumpliría así el adiós a los bancos que el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, profetizó hace un par de años.

Las preguntas clave del euro digital a pocos días de iniciar su camino

La reflexión nos retrotrae a la función original de los bancos y sus potenciales alternativas actuales. En sociología hay una arraigada línea que, ante los acontecimientos, empieza preguntándose qué problema social resuelve tal o cual institución o rol y si cabe la posibilidad de formas alternativas de dar una mejor solución a ese problema. Pues bien, los bancos surgieron especialmente para resolver el problema de pagos a distancia, en un lugar distinto de donde reside habitualmente, por ejemplo, el comprador de una cantidad importante de mercancías. Desde este punto de vista, hoy en día cualquier dispositivo digital -ordenador, teléfono inteligente- se convierten en bancos. Pagar era su operación central y hoy se puede hacer de muchas maneras. Algunas de ellas planetariamente aceptadas.

Financiación de la economía

A partir del hecho de la acumulación de dinero en sus cajas fuertes, el otro gran problema social al que se enfrentaron es al de la financiación de la economía. A prestar a otros, distintos de los depositantes, parte o casi todo el dinero del que disponían. Y este ha sido el gran papel de los bancos durante los últimos siglos y, diciéndolo de una manera sintética hasta la caricatura, el centro de su negocio: captar dinero de ahorradores para prestarlo, a un precio mayor del pagado a esos ahorradores, a los empresarios, inversores y ciudadanos en general.

El impacto de las CBDC en los sistemas monetarios y financieros

Ahora bien, si con el euro digital los ahorradores retirasen el dinero de los bancos, el problema del crédito, que es el problema social y económico que intentan resolver los bancos, se acrecentaría. Los bancos privados no dispondrían directamente o tendrían que solicitarlo -prestado, a su vez- al banco central. El negocio de los bancos privados se tambalearía y la economía en general podría tener graves problemas de financiación.

Con el euro digital, los bancos centrales absorberían, centralizándola, gran parte de la actividad financiera. Chuparía la sangre financiera del sistema. Siempre la novela de Bram Stoker, Drácula, me ha parecido una representación del Estado… Algo que absorbe la sangre de sus súbditos, una vez que es invitado, como el famoso vampiro, a entrar en la estancia.

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Reacciones

En este juego de imaginar futuros, cabrían varias reacciones a la situación dibujada. Nos centraremos en las dos más directas.

La primera es que el banco central pasase a operar como hacen ahora los bancos. No sólo recogería depósitos de los particulares con el euro digital. También asumiría las operaciones de crédito. Esto profundizaría en la crisis de la banca privada, dejándola sin espacio. Ahora bien, por mucho que la digitalización, automatización de procesos y algoritmización de decisiones de las operaciones bancarias se llevasen a cabo a una velocidad socialmente hoy inimaginable, los bancos centrales no cuentan con los recursos humanos y materiales para llevar a cabo esta respuesta.

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La otra respuesta directa consiste en que los bancos asumen este apretar de tuercas de la competitividad, teniendo ahora al propio banco central como actor preferente de esa competencia. Los bancos tendrían que competir con el banco central, siendo más atractivos para los depósitos de dinero de la gente. Es decir, ofreciendo ventajas y servicios que el banco central no da. Ha de tenerse en cuenta la transfiguración de los últimos años de los bancos de entidades que pagan por el dinero que reciben y cobran por el dinero que dan, en entidades de servicio, que ofrecen servicios a sus clientes. Estaba en el origen histórico de los bancos y en sociedades tan fuertemente bancarizadas como las nuestras ofrece grandes oportunidades. Aquí el banco central supondría poca o ninguna competencia.

El contador de luz enlazado a una wallet en criptomonedas

Ahora bien, los bancos también han de activar la imaginación. Una competencia difícil en la que los bancos tradicionales no solo se retan con otros bancos tradicionales, sino con un creciente número de ágiles nuevos bancos y una muy desarrollada industria de pagos. Ello sin contar con la competencia que podría derivarse de la extensión del uso de las criptomonedas, especialmente para proveer servicios de pago. Piénsese -solo a modo de imaginario ejemplo- en la posibilidad de enlazar automáticamente el gasto registrado diariamente en el contador de luz a una wallet en criptomonedas.

(Transcripción completa del original)
La publicación original de este artículo aparece en OBSERVATORIO BLOCKCHAIN


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