La inteligencia artificial es el desesperado último intento de Silicon Valley por evitar el descalabro en bolsa
  • De 2020 a 2022, Silicon Valley se benefició de unos tipos de interés bajos y de la burbuja tecnológica. Pero ahora la fiesta ha terminado, así que startups y grandes empresas se han lanzado a por la IA para aliviar un poco la resaca.

  • La máquina de Silicon Valley solo conoce una velocidad, y es la del crecimiento a toda costa. No ve otra opción que depositar sus esperanzas en la IA. Y todos nosotros tendremos que sufrir las consecuencias.

 

Silicon Valley ha entrado en una fase crítica de su ciclo empresarial, una zona desértica de la desaceleración de la industria tecnológica en la que la desesperación puede convertirse en temeridad.

Las empresas más importantes de la última década se enfrentan a una crisis existencial. Sus productos pierden fuerza y los cambios en la economía mundial obligan a buscar nuevas fuentes de crecimiento. Entonces, aparece la IA generativa: algoritmos como ChatGPT que parecen imitar la inteligencia humana creando texto o imágenes. Aunque todo el mundo en Silicon Valley habla de repente y sin cesar de esta nueva tecnología, no es el tipo de inteligencia artificial que puede hacer funcionar los coches autónomos, o los robots esclavos a lo Supersónicos, o propiciar la llegada de la singularidad tecnológica. La IA que están desplegando las empresas aún no ha llegado a ese nivel de cambio mundial y, francamente, los expertos dirán que no está claro si lo hará algún día. Pero eso no ha impedido que la industria tecnológica intente subirse a la ola de entusiasmo y miedo que despierta esta nueva innovación.

En cuanto quedó claro el éxito de ChatGPT, empezó la carrera. Con la esperanza de sacar provecho de la moda, Microsoft invirtió 10.000 millones de dólares en OpenAI en enero y poco después lanzó una versión de su motor de búsqueda, Bing, impulsada por IA. Google se apresuró a seguirle el ritmo y en marzo lanzó su propio motor de búsqueda, Bard. Casi todas las demás grandes empresas tecnológicas han seguido su ejemplo, insistiendo en que su marca estará a la vanguardia de la revolución de la IA. Los inversores de capital riesgo (que se han vuelto tacaños ante la volatilidad del mercado) han empezado a firmar cheques para las nuevas empresas de IA. Y en una señal inequívoca de que algo ha explotado hasta quedar irreconocible, Elon Musk empezó a afirmar que todo había sido idea suya desde el principio.

Todo este revuelo es más una pelea de egos multimillonarios que una auténtica revolución tecnológica, según opinan un consultor de empresas de IA y un veterano investigador que ha hablado bajo condición de anonimato. «Odio señalar esto como otra lucha de egos, pero eso es lo que es OpenAI», afirman las fuentes. «Están enzarzados en broncas y peleas». Para hacerse con un pedazo de ese dulce dinero de la locura de la IA, incluso los magnates tecnológicos más poderosos intentan hacer ver que su empresa es la verdadera líder en IA….

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