La innovación se estanca en Catalunya

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La falta de recursos públicos, la baja inversión empresarial y la mejorable transferencia público-privada frenan la competitividad

La Comisión Europea (CE) acaba de publicar su Cuadro de indicadores de la innovación regional 2021, un informe que determina en qué posición se encuentran 240 regiones europeas en materia de innovación cuando se comparan entre ellas. Desde el año 2014, los resultados han mejorado para 225 de estas 240 regiones, aunque no todas las mejoras han ido al mismo ritmo.

La primera lectura es la constatación de un proceso de convergencia a lo largo de este tiempo, con reducciones en las diferencias de rendimiento entre regiones, pero con unos liderazgos que siguen concentrándose en Europa Central y Escandinavia. La región más innovadora de Europa es Estocolmo (Suecia), seguida de Finlandia Meridional (Finlandia) y Alta Baviera (Alemania). La región Capital (Dinamarca) ocupa el cuarto lugar y Zúrich (Suiza), la quinta posición.

En España, y a mucha distancia de estas regiones europeas que encabezan el ranking en la categoría de ‘Líder innovador’, apenas Euskadi y la Comunidad de Madrid logran entrar en el grupo ‘Innovador fuerte -’ (el grado más bajo en este segundo escalafón), mientras que Catalunya ocupa una posición de ‘Innovador moderado +’ (el grado más alto en el tercer escalafón, al que sigue, cerrando, la categoría de ‘Innovador emergente’).

¿Qué hace que Catalunya (y, dentro de ella, la demarcación de Tarragona) quede descolgada de estas primeras posiciones no solo a escala europea, sino también estatal? ¿Falta innovación en nuestro tejido empresarial? Mercedes Teruel, directora de la Càtedra per al Foment de la Innovació Empresarial y coordinadora del Màster en Emprenedoria i Innovació de la Universitat Rovira i Virgili (URV), además de miembro del comité ejecutivo de la sede en Tarragona del Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC), lo analiza.

«El País Vasco -reflexiona Mercedes Teruel- tiene un sistema de innovación con políticas muy directas para la innovación, y la fusión entre un sistema de investigación y su traslación a la empresa está más cohesionada. En el caso de Madrid, destacan el efecto sede y el efecto centralizador de estar más cerca de los grandes organismos, lo cual facilita acceder antes a la información y las ayudas».

«A Catalunya -prosigue esta profesora de la URV- quizás le falta una política más alegre en medidas de apoyo a las empresas y facilitar que las empresas que no son innovadoras se vinculen a la innovación. No se trata de una actividad en la que haga falta una gran transformación, sino una mayor productividad y nuevos productos. Y, si hablamos de ayudar en la transformación de las empresas, hay hablar sobre todo de las pymes».

Andreu Bru, director de Tecnología e Innovación de Pimec, coincide en la importancia que tienen las pymes en el impulso de la innovación, aunque introduce una reflexión: «A nivel europeo, el concepto de micro, pequeña y mediana empresa tiene un matiz, porque el tamaño de la pyme catalana, tanto en trabajadores como en facturación, es sensiblemente más bajo que la media europea».

Dicho lo cual, coincide con Mercedes Teruel, de la URV, en que el crecimiento de la innovación en Madrid se explica en buena parte por ese ‘efecto sede’, «porque el efecto de las centrales de las empresas es grande», mientras que en el caso del País Vasco «han trabajado muy bien, pero diría que igual de bien que en Catalunya».

¿A qué se debe, entonces, esa mejor posición innovadora de Euskadi? En opinión de Bru, «es obvio que en Catalunya, por cuestiones fiscales, no tenemos los mismos recursos económicos que tienen en el País Vasco. Diría que las políticas son similares a las de Catalunya, pero los recursos son diferentes. No es no hacer bien las cosas, sino no tener recursos suficientes para hacer las cosas»…

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