La imparable popularización de las criptomonedas

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Mientras muchos siguen pendientes de los altibajos de la evolución del valor de su criptomoneda favorita, algo poco significativo dado que depende de sus procesos de determinación de precio, todo parece indicar que la tendencia que marca su adopción sigue siendo completamente imparable en todo el mundo.

Los partidarios del uso de criptomonedas se han convertido ya en una auténtica fuerza que influencia su regulación en el Congreso de los Estados Unidos, que precisamente ahora debate cuestiones relacionadas con su futuro. En algunos países, el uso de criptomonedas, en muchos casos como alternativa a monedas nacionales débiles, crece de manera imparable, y lleva a algunos gobiernos a plantearse su restricción. El caso de China, que provocó un terremoto en el valor del bitcoin el pasado julio al cerrar en torno al 90% de la capacidad de minado en el país, parece revelarse como una cuestión relacionada con su control: China apuesta completamente por un futuro basado en criptomonedas, pero únicamente si mantiene su capacidad de influencia sobre su evolución, una cuadratura del círculo que se antoja complicada y que por el momento parece apuntar por la emisión de una moneda digital emitida por su banco central (Central Bank Digital Currency, o CBDC), una opción que seguramente esté destinada a jugar un papel intermedio en el proceso de adopción.

Mientras, en un proceso todavía sin regular, podemos encontrar de todo. Emitir una criptomoneda resulta relativamente sencillo, así que vemos desde proyectos que comenzaron como auténticos chistes como Dogecoin elevados hasta el punto de mantener los beneficios de una compañía como Robinhood, convertida en la meca de los llamados meme stocks. O a un club de fútbol emitir su propia criptomoneda, ofrecerla a sus aficionados, y utilizarla para financiar parte del traspaso de un jugador. De una u otra manera, señales claras que revelan fuertes avances en un proceso de adopción en el que la magnitud de los implicados hace cada vez más difícil plantearse medidas drásticas por parte de algún gobierno que pudiesen afectar ya no a su funcionamiento, sobre el que carecen de control alguno, sino su popularización: en este momento, el 55% de los cien principales bancos del mundo tienen ya una exposición significativa al bitcoin y a las criptomonedas.

Al tiempo, las dos criptomonedas más significativas, bitcoin y ethereum, llevan a cabo modificaciones que tienden a hacerlas cada vez más eficientes en el uso de energía y a disminuir el papel de la minería: mientras Taproot en bitcoin aporta mayor privacidad y eficiencia de las transacciones y posibilita su uso en los llamados smart contracts, el London hard fork de Ethereum consigue, con el cambio de su mecanismo de consenso de proof of work a proof of stake, reducir el consumo energético de su red a una milésima parte, ofrecer una capacidad de procesamiento de transacciones muy superior, y reducir el incentivo para los mineros, lo que el último término podría reducir el suministro e incluso convertirla en una moneda deflacionaria.

Quien sepa leer, que lea. Quien no, que se quede con análisis superficiales sobre volatilidades o sobre supuestas estafas piramidales. Estamos ante la transformación digital del dinero, la que nos llevará a una economía completamente universalizada, alejada de arbitrarios controles gubernamentales y con mucho más sentido en un mundo hiperconectado. Una propuesta de valor y un proceso de adopción completamente imparable.

Lee la noticia original en: Enrique Dans