Hay un índice de ciberdelincuencia muy alto que no conocemos; actualmente solo vemos la punta del iceberg

El coronel jefe de la Unidad de Coordinación de Ciberseguridad de la Guardia Civil, Juan Salom Clotet, reflexiona sobre el estado actual del delito informático y de cómo herramientas como ChatGPT sofisticarán aún más las amenazas.

on suma preocupación. Así ve la evolución del cibercrimen Juan Salom Clotet, coronel jefe de la Unidad de Coordinación de Ciberseguridad de la Guardia Civil. Según datos del Ministerio del Interior, uno de cada cinco delitos ya se comete en Internet, y para 2025 se prevé que la comparación sea de uno a cuatro. Mientras, la delincuencia física solo crece a un ritmo del 3% interanual. En este escenario, la propia Guardia Civil recibe unas escasas 900.000 denuncias al año relacionadas con la esfera digital. “Tengo la impresión de que solo estamos viendo la punta del iceberg”, comenta en conversación con CSO en el marco del evento Las empresas españolas ante el reto de la ciberseguridad, organizado el mes pasado por Ikusi en Madrid.

La división que dirige se creó en 2020 para dar soporte y controlar a los demás equipos que se encargan en esta lucha contra la ciberdelincuencia, como el de la policía judicial o el de información, que se dedica a cuestiones de ciberterrorismo y ‘hacktivismo’. A pesar de los esfuerzos e inversiones que dedican las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en esta carrera, el coronel cree que el problema, que se vuelve cada vez más acuciante, sigue siendo que el delito informático no se puede prevenir. “En la red no hay patrullas, no se pueden trasladar efectivos al lugar de los hechos”, reflexiona. “Por lo que la única forma de prevención pasa por concienciar y alertar a la gente de los riesgos que hay; que los ciudadanos sean capaces de detectar sus vulnerabilidades y en qué punto pueden convertirse en víctimas”.

De este modo, aunque no rechaza la persecución del crimen, estima que es “mucho más fácil” poner medidas formativas. Y, es que, a pesar de algunos hitos, como el que la semana pasada llevaba a su organismo a desarticular una red que estafó cinco millones de euros a empresas de todo el mundo mediante ciberataques, existen grandes dificultades de atribución de bandas, ya que se escudan en la transnacionalidad y operan bajo el anonimato. “Todo esto nos complica el trabajo”, dice un Clotet que reconoce que mucha parte del éxito en las investigaciones se debe a que los ciberdelincuentes acaban cometiendo errores, quizás por exceso de confianza y de vanidad. “Hay un componente, en los más jóvenes, de presumir de lo que han hecho. Por eso, y por desgracia, cada vez que detenemos a alguien copamos todos los titulares de los medios de comunicación, porque es muy difícil hacerlo”.

Además, reflexiona, esa punta del iceberg –como son las 900.000 denuncias que se presentaron durante el año pasado– esconde una avalancha de delitos ocultos. Hay víctimas que no son conscientes de que les roban los datos, otras muchas no le dan a esto el valor adecuado y no presentan una reclamación y, las más, como las empresas, valoran más su reputación y no denuncian porque no les interesa. “Esto nos lleva a un índice de ciberdelincuencia que no conocemos que es altísimo”, asevera. “Que haya un incidente oculto es muy perjudicial para toda la sociedad; la no denuncia supone impunidad, y la

NOTICIA PUBLICADA ORIGINALMENTE EN : COMPUTERWORLD

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