El papel del programa Next Generation EU en España / IESE

Una sesión online del IESE analiza el impacto que tendrán los fondos europeos en la economía española

“A raíz de la desescalada del verano pasado, se produjo una mejora considerable en cuanto a ocupación, que se interrumpió en agosto pero que ha vuelto a reactivarse desde marzo”. Así se expresó Oscar Arce, director general de Economía y Estadística del Banco de España, el pasado 22 de junio en la sesión online “Fondos europeos: ¿dónde estamos y hacia dónde vamos?”, moderada por la profesora Núria Mas y que también contó con Raül Blanco, secretario general de Industria y PYMES del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

“España en 2020 movilizó un volumen de recursos inédito para hacer frente a la COVID, equivalentes al 20% del PIB”, añadió Blanco. ¿El objetivo? Proteger la renta de los trabajadores, el tejido productivo y el estado del bienestar.

Tanto es así que el 80% de los trabajadores que estaban en ERTE en el punto álgido de la crisis ya se han reincorporado. Las empresas mantienen una visión positiva tanto en empleo como en facturación, con lo que suponen que el tercer trimestre de este año será mejor que el segundo. Con todo, a pesar de la mejora del contexto económico y sanitario, existen diversos elementos de incertidumbre:

  • La pandemia en sí, que dependerá de la estrategia de vacunación y de los riesgos asociados a las nuevas variantes del virus.
  • El consumo privado, pues en las economías avanzadas el ahorro ha aumentado mucho.
  • Los efectos persistentes de la crisis sobre el crecimiento potencial, que pueden darse en el tejido productivo o en el mercado de trabajo.
  • La efectividad de las políticas públicas.

Sin embargo, el elemento determinante será el programa europeo Next Generation EU (NGEU), cuyo éxito dependerá de su grado de ejecución y de su efecto multiplicador. Se prevé que actúe como palanca de recuperación y como herramienta modernizadora. Ahora bien, las estimaciones sobre su alcance son inciertas: “Se espera, en cualquier caso, una recuperación del PIB favorecida por la continuación de las políticas expansivas; en particular, por efectos del NGEU”, afirmó Arce.

Así pues, estas ayudas impulsarán una transformación estructural siempre y cuando se haga, según Blanco, “una selección rigurosa de proyectos, una complementación con reformas que favorezcan la reasignación de recursos y un uso de las mismas para mitigar los costes a corto plazo de algunas reformas”.

A partir de ese programa, España aplicará el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que aglutina 10 políticas palanca, entre las cuales se incluye la modernización y digitalización del ecosistema de empresas, prestando especial atención a la digitalización de sectores estratégicos y a la modernización y sostenibilidad de la industria y del sistema de gestión y tratamiento de residuos. La iniciativa también pretende dar un impulso especial a las pymes para incrementar su tamaño, facilitar la creación de nuevas empresas, mejorar el clima de negocios y ganar competitividad.

“Los términos de la financiación de estas ayudas son intachables”, concluyó Arce. “Además, son a largo plazo y en un contexto europeo donde hacen falta activos de alta calidad crediticia; es decir, de bajo riesgo”. Si bien “no nos pondrán al nivel de Estados Unidos”, aseguró que dichos activos son importantes en cualquier caso porque fundamentan la buena marcha de los sistemas económicos.