El Jefe: el obstáculo más habitual para el cambio / CHUS BLASCO

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Las personas más creativas que quieren introducir cambios en sus organizaciones tienen un obstáculo común: su jefe

Un buen relato de futuro da tranquilidad. Sentimos alivio psicológico cuando escuchamos que “todo va a salir bien”. Maquillar la realidad cuando hay graves problemas es una tentación. No dejamos de leer previsiones de escenarios en el que la actividad económica y la ocupación se recuperan a corto plazo. No es necesario que estas previsiones vayan a cumplirse. Para que el relato funcione, es suficiente con que nos lo expliquen personas a las que otorgamos credibilidad. Necesitamos esperanza para afrontar las situaciones más adversas. La cuestión es si al mismo tiempo se están impulsando las acciones para cambiar un modelo económico agotado.

Es más fácil entenderlo en una empresa. El relato de “todo va a ir bien” no se sostiene fácilmente. No se trata de “acertar” en las previsiones, sino de que haya resultados. La competencia no va a desaparecer y los clientes no dejan de cambiar. La supervivencia en el mercado es una lucha constante. Seguir igual es la única receta que no funciona para dar resultados de forma consistente. Para progresar, toca cambiar.

Muchas empresas no consiguen movilizar a las personas de la organización en los procesos de cambio. Son las propias dinámicas de contratación. Las empresas buscan perfiles profesionales que “encajen” con su cultura organizativa. Buscan personas que sean homogéneas con su estándar de “lo que funciona”. Y luego se sorprenden de que no se adapten a los cambios. Justamente es lo que estaban buscando cuando los contrataron.

 

Lo que los rebeldes quieren

Las personas más creativas que quieren introducir cambios en sus organizaciones tienen un obstáculo común: su jefe. Las empresas que quieren impulsar cambios necesitan aceptar la incomodidad de tener “rebeldes” en su cultura organizativa. Tienen que aprender cómo incorporar más espíritus libres para impulsar el cambio y la innovación. Rebelsatwork, es una comunidad inspiradora para aquellas personas que intentan mejorar, cambiar e innovar en su trabajo, independientemente de la posición jerárquica que ocupen. Es muy interesante el punto de vista de las motivaciones de estos “rebeldes” para actuar como lo hacen:

1.- No son problemáticos: están motivados a hacer su organización mejor de lo que es.

2.- Les importa el trabajo más que a la mayoría de las personas: es esta la razón por la que no rehúyen el conflicto, sino que están dispuestos a ir a buscarlo.

3.- Necesitan un entorno seguro para discrepar y hacer preguntas que cuestionen el statu quo.

4.- Quieren ser aceptados tal y como son. Quieren que sus jefes vean que el hecho de ser diferentes es algo bueno. Saben que cuanto más diverso es un equipo de personas en marco mental y en experiencias, es más creativo.

5.- Quieren ser puestos a prueba: darles los problemas más difíciles de resolver es lo que pone sus ideas más descabelladas a trabajar.

6.- No les gusta la palabrería. No quieren oír excusas cuando sus ideas son demasiado radicales para la cultura de la organización. Quieren que les digan las cosas tal como son.

7.- Necesitan ser ayudados para poder “navegar” con las políticas organizativas y evitar errores.

8.- La rebeldía es un comportamiento positivo: es un acto de coraje y de asunción de riesgos.

9.- Necesitan que les digan más lo que están haciendo bien que lo que están haciendo mal.

Los rebeldes con causa quieren ser apreciados en lo que valen para mover los obstáculos que haga falta que impulsen cambios significativos en su organización.

 

Liderazgo y contrato psicológico

Deberíamos desconfiar de las organizaciones donde no existen voces discrepantes. No hay progreso sin ofrecer a las personas un amplio margen de libertad. Pero esta libertad debe estar alineada con el compromiso con la responsabilidad que supone. Cuando todo falla, ser rebelde es una actitud positiva. Los rebeldes con causa son personas que tienen motivos para contribuir a la misión de la organización en la que están, porque quieren tener un impacto significativo que les haga sentir que contribuyen a hacer el mundo un poco mejor. El contrato psicológico marca la diferencia.

Es hora de que las empresas acojan con los brazos abiertos a sus espíritus más rebeldes como el camino para impulsar el cambio, la innovación y el compromiso de los trabajadores. El management en la era digital implica un liderazgo que puede canalizar toda esta energía creadora, fomentando una mentalidad de mejora continua y apoyando a las personas en la ejecución de sus experimentos e ideas. Casi nada.

 

El progreso es imposible sin el cambio, y aquellos que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada”. George Bernard Shaw




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