CHUS BLASCO / ¿Cómo liderar la complejidad?

No es fácil ser emocional y racional al mismo tiempo

Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso, con la persona correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta… eso no es fácil”. Esta cita de Aristóteles da pie al artículo titulado “Dirigir con cabeza y corazón” que El País publicó el pasado mes de agosto, sobre el control (o no) de las emociones por parte de los directivos. Tal como afirman diversos directivos y expertos, “controlar y manejar las emociones es el nuevo must del directivo global”.

Dirigir una empresa, por pequeña que esta sea, supone una búsqueda constante de un equilibrio imperfecto entre las necesidades de un entorno de alta complejidad, las necesidades propias y las necesidades de otros. Insistir en la importancia de gestionar las emociones no nos facilita una guía de cómo hacerlo, básicamente porque lo que habíamos aprendido de management hasta ahora no nos hablaba de emociones…

Quien sí lo hace es Daniel Goleman, el psicólogo de fama mundial gracias a su libro Inteligencia Emocional (1995). En una entrevista publicada en Harvard Business Review (donde podéis ver el video completo) Goleman explica que, para ejercer el liderazgo, las personas deben ejercitar tres tipos de atención.

Foco interno

“El primer tipo de foco es el interno: la habilidad de monitorizar tus propios pensamientos, sentimientos e impulsos. Es la base de varias cosas sorprendentes: Una es la intuición y la capacidad de tomar buenas decisiones. La segunda es ser capaz de estar en calma bajo estrés, gestionar emociones que no te dejarían concentrarte en las tareas que tienes entre manos, así como ser capaz de enfocarte en el objetivo, y no distraerte con otras preocupaciones.”

El autoconocimiento es básico para tomar decisiones. Lo queramos reconocer o no, el proceso de toma de decisiones tiene que ver con las emociones, porque la mayoría de las decisiones que tomamos (en el corto plazo) no tenemos tiempo para meditarlas, sino que nos surgen de nuestros mecanismos más automáticos. Cambiar este proceso es posible, pero es lento, exige ejercitar de forma personal este foco interno.

Foco en los otros

“El segundo tipo de foco es externo en relación a otras personas: es la habilidad de empatizar con otros. La palabra que mejor lo define es la empatía. Es entender cómo piensa otra persona, pero no como algo racional, sino sintiendo al otro, de forma que existe también la sensación de que tú puedes hacer algo por aquella persona, lo que aquella persona necesita de ti justo ahora. Esta es una característica esencial de un líder efectivo. Así que la empatía es la base para todas las habilidades relacionales: desde persuadir e influenciar, hasta para colaborar y trabajar en equipo.”

Foco externo

“El tercer tipo de foco, es la conciencia de los sistemas (outer focus): la habilidad de entender las fuerzas “mayores”, la economía, las nuevas tecnologías… todo aquello que está impactando en tu empresa. Aquí radica la mayor complejidad del liderazgo actual.”

El pensamiento estratégico representa la conexión con el contexto externo a la propia organización. Sólo puedes pensar y actuar estratégicamente si tienes este foco más amplio. El mercado está fuera de los límites de la empresa. Si lo olvidamos, ahora más que nunca en un entorno tan completo, estaremos perdiendo la capacidad de competir.

 

¿Cómo podemos mejorar los tres focos?

En la práctica, para liderar la complejidad, vamos a tener que situar cada uno de estos focos en modo de “mejora continua”. Cada uno de ellos exige un tipo de práctica, de entrenamiento, completamente diferente:

Foco interno. El mindfulness es un concepto psicológico que supone la concentración de la atención y la conciencia con lo que está pasando dentro de ti. Un ejercicio de mindfulness puede ser una práctica diaria de 10 minutos concentrando toda la atención en la respiración, monitorizando la mente, pensamientos y sentimientos sin reaccionar a ellos. Estas técnicas que pretenden “parar” el ruido de la mente, que actúan como refuerzo del musculo mental para la atención y el foco interno.

Foco en los otros. La práctica de la mejora del foco en los otros, consiste en validar si estas “leyendo” bien lo que siente la otra persona. Para ello necesitas a alguien de tu entorno cercano que realmente quiera decirte lo que están sintiendo, para que puedas contrastarlo, para ver si tu sensación de interpretación se está ajustando a la realidad. Un coach también puede ayudar. La habilidad del foco en los otros se hace más fuerte a través del feedback.

Foco externo (outer focus). Mejorar la conciencia de los sistemas supone otro tipo de aprendizaje. Goleman propone buscar la guía de un mentor, una persona de quien admiremos sus capacidades en esta habilidad, alguien que pueda ayudarnos a ser mejor en ello, que nos pueda ayudar a entender cómo piensan ellos acerca del mundo, cómo piensan acerca de la empresa.

La ratio exponencial de cambio del entorno actual, exige nuevos estilos de management. La complejidad exige liderazgo, y ser líder exige autenticidad y consistencia. No dejo de preguntarme si somos realmente conscientes del reto.

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