CHUS BLASCO / ¿Y si pensamos de forma positiva sobre el riesgo?

Los riesgos que no vemos y los retos que no afrontamos

Los hechos: Durante los años de crisis, 300.000 empresas cerraron en España. Las causas: No es posible hacer un diagnóstico una por una sobre las causas que les llevaron a acabar con su actividad, aunque sin duda hubo relación entre la falta de crédito bancario y el cierre de muchas de ellas. También es fácil suponer que una buena parte de ellas no supieron ver los riesgos de la complejidad del entorno a la que se enfrentaban, y no los cubrieron adecuadamente. Cuando los hechos ya se han consumado, es fácil hacer un diagnóstico; como dice el proverbio “Cuando el carro se ha roto, muchos os dirán por donde no se debía pasar”. Pero actuar tomando decisiones antes de saber las consecuencias, no es nada fácil. En entornos complejos como el actual, la relación causa efecto entre lo que sucede y sus consecuencias no es directa, ni tampoco sucede en el mismo momento.

 

Resolver problemas financieros

Para resolver un problema financiero en una empresa, hacer el diagnóstico del origen del problema, es tan sólo el primer paso. Después de más de quince años haciendo consultoría para pymes, ya lo explicaba en ¿Por qué escribo sobre finanzas?: “no es lo mismo tener conocimientos de finanzas que resolver problemas financieros de una empresa”. Para resolver problemas de gestión que han acabado originando tensiones de tesorería, es imprescindible una visión global de la empresa. Si lo resolvemos desde las finanzas, pero sin tener en cuenta la perspectiva holística y estratégica, podemos aumentar la tesorería aumentando la financiación, pero no cambiaremos la causa del problema y volverá a aparecer.

Las finanzas en cualquier empresa tienen la función de minimizar riesgos. La mayoría de las primeras empresas que cerraron víctimas de un endeudamiento muy elevado, en realidad no sabían que estaban corriendo un gran riesgo. Muy a mi pesar (como consultora de estrategia y finanzas), la minimización de riesgos no puede hacerse si no existe conciencia del problema. Tardé unos cuantos años en darme cuenta de que no puedes ayudar a una empresa a resolver un problema cuando no sabe que lo tiene. Riesgos que podrían haber sido evitados fácilmente, llevaron a muchas empresas al cierre y a miles de trabajadores a las filas del paro.

 

Una mejor forma de pensar sobre el riesgo

La obsesión por minimizar los riesgos después de años de resultados adversos ha dejado algunas secuelas en la aversión al riesgo por parte de muchos empresarios. Personalmente, pienso que es una aversión más que razonable. Pero para generar riqueza, para crear valor, es imprescindible asumir riesgos. El artículo “A better way to think about risk”, nos propone tres formas de pensar sobre el riesgo, especialmente en entornos de cambios rápidos como el actual.

1) Debemos entender la forma en que nuestro cerebro procesa los riesgos. La investigación en neurociencia constata que el cerebro tiene sesgos que provocan que subestimemos determinados riesgos. Además, una evaluación de los mismos va a tener un componente emocional. Las emociones ante los riesgos, van a promover el pensamiento racional o a inhibirlo, y va a acabar dependiendo en parte de la personalidad de quien lo evalúa. Pero el mayor peligro está en que una evaluación de riesgos solo va a considerar aquellos de los que somos conscientes.

2) Asumir riesgos puede ser positivo. Sin duda. El lenguaje determina nuestra respuesta emocional y la palabra riesgo tiene una connotación negativa que fácilmente nos atrapa en la trampa de la excesiva prudencia. Si cambiamos “asumir riesgos” por “asumir retos”, podemos más fácilmente ponernos en línea de aprender a aprovechar oportunidades.

3) Aprender a convertirnos en expertos en recuperarnos de un fracaso. Muchas personas que han fracasado al asumir riesgos, han acabado teniendo éxito. En Silicon Valley lo tienen claro. Independientemente de la capacidad (financiera) de remontar un fracaso, es cierto que el cerebro aprende mejor mediante el método de prueba/error. Entonces, ¿no deberíamos ser mejores en experimentar que en intentar eludir el riesgo?

La conclusión del autor del artículo es que, a la velocidad a la que se producen los cambios, nuestra forma tradicional de pensar sobre evaluación de riesgos es inadecuada para tomar decisiones estratégicas. Estoy completamente de acuerdo.

 

El buen financiero

Muchas de las empresas que he conocido que han sobrevivido a la crisis, han tenido detrás la figura de un financiero que ha definido unas estrictas políticas de prudencia, junto con un férreo control del gasto. Como me dijo un cliente hace años: “los números son los límites de mis sueños”. Es cierto, en la medida que minimizar riesgos quiere decir ponerles freno a determinadas iniciativas. El financiero tiene un rol importante para la supervivencia de la empresa. Pero es importante que el exceso de celo de ser “buen financiero” no elimine la posibilidad de expandir las posibilidades de la empresa, de afrontar los retos (y también los riesgos) de nuevas oportunidades estratégicas. La innovación es riesgo, pero el mayor riesgo es no innovar.

 

 

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