CHUS BLASCO / Supervivencia empresarial

La oportunidad de contribuir

Uno de los pequeños detalles cotidianos en estos días de confinamiento y teletrabajo, es que, en todas las llamadas, e-mails, videoconferencias, … la primera pregunta que surge es preguntar por la salud del interlocutor y de su entorno cercano. Hasta hace un mes, no nos hacíamos esta pregunta, ni tantas veces ni con tanta intención real. La globalización nos ha hecho más frágiles, y la pandemia nos sitúa ante lo que es más básico. Estamos viviendo la imposibilidad de hacer compatible el cuidado de la salud de las personas con el normal funcionamiento del resto de necesidades sociales, incluido el trabajo como la forma de conseguir ingresos. Hemos incorporado en nuestro lenguaje la separación entre actividades esenciales y no esenciales para asegurar la vida y la salud. El pasado sábado el Gobierno anunció el confinamiento total que afectará también a las obras y la industria no esencial que todavía seguía funcionando.

 

Medidas de apoyo a la economía

Garantizar la supervivencia de las personas manteniendo las fuentes de ingresos también es esencial. El impacto en la economía será tal que las medidas para paliarlo deberían estar a la altura de la excepcionalidad. El titular de las medidas de apoyo anunciadas por el Gobierno el pasado 17 de marzo era que “se movilizan 200.000 millones de euros para paliar la crisis del coronavirus“, que en su mayoría acaban siendo líneas de avales. Facilitar avales cuando prometes ayudas es perverso. El President de la Cambra de Comerç de Barcelona, Joan Canadell, lo expresaba con contundencia en rueda de prensa: les mesures anunciades per l’Estat són totalment insuficients per evitar la mortalitat d’algunes empreses. Canadell reclama medidas concretas difiriendo impuestos y suspendiendo cotizaciones, que sí serían una ayuda real. Según el profesor Sala i Martin, “la única solución es que el Banco Central Europeo imprima dinero y lo regale a los gobiernos”. Veremos.

 

Planificar la tesorería

La tesorería es el oxígeno de una empresa, y no se puede sobrevivir sin él. La supervivencia del tejido empresarial actual se enfrenta a dos escenarios: 1) las empresas que no eran solventes antes de la crisis difícilmente aguantarán, y se perderán los puestos de trabajo y el ecosistema que habían creado; 2) las empresas que sí tenían solvencia y necesitan liquidez, deberían endeudarse tan sólo en la medida que puedan devolver la deuda (porque los acreedores financieros no se la van a perdonar).

Las pymes que sobrevivieron a la anterior crisis saben que ampliar la deuda sin mejorar el negocio, no es una opción. Las empresas que llevan años funcionando lo hacen porque tienen clientes que confían en sus productos y servicios, a los que hacen sentir que detrás de los procesos hay equipos de personas capacitados para resolver sus necesidades. Son las personas las que facilitan o no que se cumplan las expectativas que los clientes han depositado en recibir una utilidad. Los equipos de personas que sobreviven tras una crisis, saben mucho de resiliencia y antifragilidad.

 

La crisis como oportunidad

Aprender de una crisis no es gratis”, escribe el profesor Esteve Almirall. Sin medidas de apoyo efectivas, a las empresas nos queda enfocarnos en la oportunidad. En el mejor de los casos, nos obliga a hacer cambios que no habríamos hecho si la crisis no nos hubiera obligado. En el peor, el ecosistema creado desaparece y se pierde todo el valor que se había construido. Mis dos propuestas para reflexionar en estos días de confinamiento: 1) ¿Qué necesitan nuestros clientes que todavía no saben pedirnos?, y 2) ¿Qué capacidades podemos potenciar de nuestro equipo para buscar cómo resolverlas?

En cuanto a las capacidades que podemos potenciar, destaco las cinco que considero clave: 1) capacidad estratégica, ya que sólo se aprende a tomar decisiones en la incerteza practicando, 2) capacidad técnica financiera, porque sin el oxígeno necesario, no hay supervivencia, 3) capacidad analítica, para mejorar las decisiones que se toman en base a datos, 4) capacidad de gestión, para mejorar la asignación de recursos para afrontar un futuro incierto, y 5) capacidad de comunicación con nuestros clientes, para entender sus necesidades y anticiparnos a ellas.

Los que sabemos que nadie va a rescatarnos, no podemos esperar. La innovación de la supervivencia no tiene glamour, sino motivos. La liquidez que hayamos generado en el pasado debe permitirnos mantener la inversión en la capacitación de las personas y en la necesaria innovación. Mi propuesta para aprovechar estos días de confinamiento impuesto y paralización de la actividad sólo es apta para los que se atreven a ir más allá de lo cómodo, lo obvio y el status conseguido hasta la fecha. La receta es obsesionarnos con crear valor. Las necesidades humanas evolucionan, especialmente tras una crisis. Si nos enamoramos del problema de nuestros clientes, seremos esenciales cuando los científicos y los sanitarios hayan controlado la pandemia. Preparémonos para cuando podamos actuar. La mejora de la economía no debería pasar necesariamente por crecer más, sino por contribuir mejor.