CHUS BLASCO / ¡Soy una hacker!

Para construir hay que destruir

Apenas hace un mes que se publicó el libro Humanocracy del gran Gary Hamel y Michelle Zanini. Es una crítica contundente a la burocracia, que ofrece respuestas concretas y propone una hoja de ruta para hackearla. La humanocracia se plantea como un punto de partida que deje atrás el statu quo y libere la creatividad humana. Sus autores dicen que esta hoja de ruta contra la burocracia sólo puede construirse a base de pruebas masivas de experimentación. No se trata de que el sistema entero salte por los aires, sino de construir algo radicalmente mejor. La buena noticia es que cualquiera puede ser un “activista” de la humanocracia. Los autores nos cuentan el secreto, que según dicen, es pensar como un hacker.

¿Cómo piensa un hacker?

De acuerdo con Eric S. Raymon, la mentalidad de hacker no se limita al software y a las redes. Dice que los hackers son aquellos que resuelven problemas y construyen cosas, que creen en la libertad y en la ayuda mutua voluntaria. Hay cinco creencias que definen la mentalidad de un verdadero hacker,

1.- El mundo está lleno de problemas fascinantes por resolver. Un hacker es aquel que siente un entusiasmo primitivo cuando resuelve un problema, entrena sus habilidades o ejercita su inteligencia.

2.- Ningún problema debería resolverse dos veces. Los cerebros creativos son un recurso escaso que no debe desperdiciarse. Pensar como un hacker es creer que cuando se ha descubierto una forma de resolver un problema, la prioridad debería ser compartir y distribuir este conocimiento para que otros hackers dediquen su tiempo a resolver nuevos problemas.

3.- El aburrimiento y el trabajo mecánico son el demonio. Los hackers y las personas creativas en general no deberían hacer nunca trabajo repetitivo porque cuando lo hacen significa que no están haciendo lo que mejor saben hacer, que es resolver nuevos problemas.

4.- La libertad es buena. Los hackers son anti autoridad por naturaleza. Cualquiera con autoridad puede frenar el proceso de creación de resolver cualquier problema fascinante en el que esté absorto sin razón que lo justifique.

5.- La actitud no puede sustituir a la habilidad. Tener la actitud no es suficiente si no se convierte en competencia para resolver problemas. Ser un hacker exige inteligencia, práctica, dedicación y trabajo duro. Disfrutar desarrollando las competencias necesarias es la motivación clave para transformarse en un hacker.

 

Mis creencias de hacker

Leyendo Humanocracy, he descubierto que llevo dos décadas siendo activista “anti burocracia”. Mi confianza en la capacidad de desarrollo profesional de las personas es el marco mental que subyace, porque es justamente lo que la burocracia dificulta en un grado extremo. Pensar como un “hacker” me ha hecho evolucionar profesionalmente fuera del entorno de organizaciones burocráticas.

1.- Las personas más fascinadas por resolver problemas nuevos son emprendedoras, y no suelen estar en grandes organizaciones. Suelen liderar sus propios negocios, digitales o analógicos, pero nada burocráticos. No podría hacer lo que hago sin haber creado mi propia empresa.

2.- Pienso como hacker cuando creo que todas las empresas (de dimensión pyme o micro) deberían aprender a medir la salud de la monetización de su modelo de negocio para progresar sin necesidad de deuda. Necesitamos expandir el conocimiento mucho más allá de las Universidades y centros de formación, porque el contexto cambia muy rápido. El conocimiento que resuelva problemas complejos debe adaptarse de forma ágil al entorno actual.

3.- Pienso que lo que es automatizable debería ser automatizado. No deberíamos temer a la tecnología, teniendo todos los problemas que tenemos por resolver. La falta de trabajo no es el problema, sino la falta de conexión de las necesidades con quienes tienen la capacidad de resolverlos.

4.- Pienso que la falta de libertad es nociva para la creatividad de las personas. Necesitamos organizaciones que promuevan la autonomía y la proactividad. Sin ellas, no es posible la innovación.

5.- El buenismo es perjudicial para el progreso. Expresa un deseo, pero no afronta la realidad de que necesitamos poner todo el talento a trabajar duro en la solución de problemas.

 

“Para construir hay que destruir”

Tal como explica Hamel, hace 100 años, el problema que intentaba resolver el management era la eficiencia en escala. Ahora, el problema es escalar la adaptabilidad y la creatividad. La ideología de “tenerlo todo bajo control” ha bloqueado la evolución de las organizaciones al ritmo al que lo ha hecho la sociedad. Las buenas intenciones no van a eliminar los efectos dañinos de la burocracia para las personas. Hay que acompañarlas de acciones contundentes. El lema anarquista “para construir hay que destruir” es ilustrativo de la magnitud del problema. Las personas queremos trabajar en lugares donde se nos permita crecer profesional y personalmente. Para construir organizaciones que den a las personas oportunidades de aprender e innovar, tenemos que destruir la burocracia. ¿Te apuntas a hackearla?

 

No podemos resolver los nuevos problemas con los viejos principios” Gary Hamel