CHUS BLASCO / Retos, inercia y relato de futuro

¿Hacia dónde va el dinero?

Las cifras constatan que los gigantes tecnológicos han logrado en el año de la pandemia crecer a más de dos dígitos. Amazon ingresa 1,5 millones de dólares cada 2 minutos. Es un dato claro e impactante de la concentración de poder empresarial sin precedentes a nivel global. ¿Es sostenible este crecimiento? ¿Qué hacemos con los daños colaterales? ¿Podemos pensar que la disrupción creada por la Covid creará oportunidades para hacerle un reset al capitalismo? Hace cinco años, escribía sobre el movimiento del capitalismo consciente y sobre los retos que era necesario afrontar. La pandemia ha agravado muchos de estos problemas, pero no son nuevos. Hay que afrontar las consecuencias negativas que ha provocado el sistema en el contexto actual, sin negar el progreso que el capitalismo ha facilitado durante décadas. De acuerdo con la plataforma Forumforthefuture podemos explicar los desafíos actuales alrededor de cinco dinámicas clave.

1.- Crisis de la biosfera. La historia de la humanidad ha evolucionado en una biosfera estable que lo ha permitido. Nos enfrentamos a la destrucción de la biodiversidad, a la sobreexplotación de los recursos y al desequilibrio del ciclo del agua. No ha sucedido por accidente, sino como consecuencia de ciertas decisiones de gobiernos y empresas que ahora vemos que han sido nefastas. Hay que actuar ahora para restablecer el equilibrio de la biosfera. Como dice Jeremy Rifkin, “estamos ante la amenaza de una extinción y la gente ni siquiera lo sabe”. Es imprescindible proteger los sistemas de los que dependemos para sobrevivir.

2.- Sistema financiero global en desequilibrio. El sistema financiero global asigna recursos a gran escala de forma incorrecta. El modelo económico está basado en el crecimiento y el corto plazo, de modo que ignora el valor social y medioambiental. Este sistema provoca enormes desajustes de riqueza y de poder. Además, la financiarización como obtención rápida de beneficios es la ideología que impera en el sector financiero, y esta forma de pensar también se ha extendido a grandes empresas. El reto actual es que la sensación de urgencia por volver a la “normalidad” puede impedir la transición necesaria a un modelo sostenible. Necesitamos un sistema económico resiliente que genere valor social y ambiental.

3.- Tecnología y poder. La revolución digital ya estaba transformando nuestra economía y nuestras vidas a una velocidad de vértigo. La Covid sólo lo ha acelerado. La automatización y los algoritmos están revolucionando cómo funciona el mundo, cómo se están utilizando nuestros datos y quien se está aprovechando de ello. Estos temas están creando cuestiones profundas entre lo público y lo privado, el autoritarismo y la democracia, así como entre privacidad y seguridad. Está por ver si la tecnología puede propiciar un futuro mejor o dejar excesivo poder en muy pocas manos, tanto a nivel de gobiernos como de las grandes empresas tecnológicas.

4.- Desigualdad. El modelo económico dominante, amplificado por el desequilibrio de cómo opera el sistema financiero, está agravando la desigualdad en todo el planeta. La respuesta de que el crecimiento económico reduce la pobreza y crea una sociedad más igualitaria, ha quedado obsoleto. El problema no es cómo producir más. Sin justicia social, no habrá economía. Está probado que la desigualdad altera el pensamiento, las emociones y la conducta. Sin olvidar que la crisis climática tiene un impacto desproporcionado en los más pobres. Deberíamos poder asegurar una transición al futuro al que aspiremos.

5.- Aproximaciones regenerativas. Vivimos tiempos extraordinarios, y estamos en la intersección de diversas crisis que nos sobrepasan por su complejidad. Aparecen nuevos enfoques regenerativos por parte de personas y organizaciones que nos dan esperanza, como en el caso de la agricultura regenerativa. Su forma de pensar no es luchar contra los sistemas vivos existentes, sino trabajar a su favor. Estos enfoques podrían representar el desbloqueo critico a los cambios de la próxima década.

¿Y el relato?

La historia que nos contamos a nosotros mismos surge de nuestros valores y creencias. Aunque no las explicitemos, definen cómo vemos el mundo y lo que entendemos como éxito. Hay señales de cambio permanente: empresas comprometidas con visiones de sostenibilidad, economistas que claman porque el foco en la eficiencia está obsoleto… Pero seguimos haciéndonos la misma pregunta: ¿el dinero, hacia dónde va? El dinero fluye hacia donde ya hay dinero. Es la inercia del sistema actual.

Tal vez deberíamos empezar por cambiar la creencia de que no hay otro sistema posible y rehacer el relato. El sistema económico empieza en nuestra conciencia. Quiénes son los que nos cuentan lo que está pasando, no tiene un efecto neutro. La intención del relato puede ser mantener el poder o impulsar el progreso. El control del relato implica elegir entre sembrar miedo o ilusión. El relato de lo que está pasando importa porque el progreso florece mejor con relatos de esperanza. No lo subestimemos.


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