CHUS BLASCO / Reinventando el capitalismo

Alguna cosa no funciona bien con nuestro sistema financiero

El título del artículo de hoy es el de un libro que he leído las últimas semanas y que me ha despertado la curiosidad de profundizar en los fundamentos del capitalismo consciente. La velocidad de los nuevos tiempos nos obliga a cambiar, sin poder detener los sistemas que están actualmente funcionando. No se trata de un reto fácil, y además es tremendamente incómodo. Tal vez son demasiadas cosas las que debemos repensar a la vez, y la tentación de pensar que no es posible cambiarlas, de entrada, nos paraliza. El movimiento de reinventar el capitalismo está todavía en una etapa muy temprana.

No es un libro antisistema. No se trata de un manifiesto contra el capitalismo, sin más. El foco de “Reinventing capitalism: How we broke money and how we fix it, from inside out” está situado en la forma en que el capitalismo que tenemos en la actualidad fue diseñado, de acuerdo con los valores y las creencias que había en el momento, en el contexto de un mundo anterior a la globalización, la computarización y los retos de sostenibilidad de los recursos del planeta. Jon Freeman, su autor, nos plantea que “al más alto nivel, funcionamos en una economía global que refleja intereses nacionales, el poder de corporaciones multinacionales, la ecología del Planeta, la política y macroeconomía global y los principios de management. Aunque es obvio que estos niveles se afectan unos a otros, raramente son mirados y dirigidos en su totalidad.” Así que, aun en caso de que no se produzca un nuevo colapso financiero, está claro que debemos afrontar crisis de recursos de magnitud planetaria. No se trata tan sólo del sistema bancario.

 

¿Hemos diagnosticado bien el problema?

La raíz del problema radica en que, a pesar del remarcable crecimiento y prosperidad que el capitalismo ha facilitado en los últimos 100 años, también ha tenido unas consecuencias poco deseables para la sociedad en general. Pero no se trata tan sólo de cómo se gestionan las empresas. El movimiento del Capitalismo Consciente está ganando cada vez más adeptos entre líderes empresariales, que distinguen principalmente cuatro grandes retos:

Los daños externos. – El cambio climático es una consecuencia de la presión competitiva de producir con la fuente de energía más barata, y el hecho de no poder poner un precio a las emisiones de carbono. Las fuerzas del mercado permiten a los productores de energía capturar los beneficios de las emisiones de un combustible barato, mientras impone los costes del cambio climático a terceras partes inocentes. El mercado no puede resolver el problema, mientras el cambio climático impone un tremendo coste y una amenaza para el futuro de toda la sociedad.

El descenso de la productividad. – La economía del conocimiento, intensiva en tecnología, requiere de trabajadores con un mayor nivel de educación y de formación. Pero si no se invierte adecuadamente en escuelas y universidades, difícilmente podemos esperar resultados distintos. De la misma manera, la falta de inversión en infraestructuras e investigación y desarrollo, forma parte de una dinámica autodestructiva que deja de invertir en ventajas competitivas en el largo plazo.

El aumento de la desigualdad. – El capitalismo se suponía ser un sistema meritocrático fluido que permitía avanzar a las personas que se esforzaban lo suficiente. La realidad es que la movilidad social ha descendido; en EEUU prácticamente la mitad de los americanos en la actualidad vivirán toda su vida en la misma clase social en la que nacieron.

Demasiado poder para los propietarios/ejecutivos y demasiada poca para el resto (stakeholders). – El capitalismo se sostiene en una fuerte competencia que empuja a personas y corporaciones a crear cada vez mayor valor. Es decir, producir más productos y servicios, que funcionen mejor y cuesten menos. Pero la competencia sólo funciona cuando los mercados son realmente competitivos, y actualmente los mercados más importantes están fuertemente concentrados, por lo que cada vez el valor que se genera se distribuye entre menos personas.

Freeman nos invita a reconsiderar nuestras creencias sobre el dinero y sobre nuestra visión colectiva de la vida económica: “el dinero no es real… podría desaparecer y nosotros todavía seguiríamos aquí”. Tampoco se trata tan sólo de las decisiones personales que tomamos sobre el dinero. Es acerca de todo esto y mucho más.

 

El reto requiere inteligencia colectiva

No hay solución sencilla para afrontar estos retos. Es cierto que el sistema financiero ha ido evolucionando y ha traído mucho progreso y crecimiento durante décadas. Pero el autor plantea que el modelo está agotado, que ha alcanzado sus límites, y las personas, que estamos fuera de este sistema, damos por hecho que no puede ser de otro modo. Freeman nos propone un proyecto de inteligencia colectiva para redefinir el sistema: “tenemos que tomar el control del sistema en el que el dinero hace las reglas, reemplazándolo con un sistema en que los seres humanos y los valores humanos están a cargo de las reglas”. El primer paso es atrevernos a reconocer que el sistema económico que percibimos ajeno a nosotros, empieza dentro de nuestra conciencia.

Etiquetas: