CHUS BLASCO / ¿Quién invierte en innovación?

Datos, deuda y precariedad

Dice el titular del ARA Economía que las empresas catalanas han recibido el 19% de los prestamos ICO del Estado. Se trata de 12.124 millones de euros que en número de operaciones son 99.000 y que se han concedido a 73.684 empresas. Explica el artículo que las empresas catalanas son las que han formalizado más operaciones y “más se han beneficiado”. Pasándolo por la traductora, decir que las operaciones de crédito que se han concedido son un beneficio para las empresas que los han recibido, es una broma de mal gusto.

El 98% de las operaciones concedidas corresponden a autónomos y pymes. Si el Estado hubiera querido ayudar realmente a que la economía real no sufriera podía haber aplicado una suspensión del pago a las cuotas de impuestos. Estos créditos habrá que devolverlos con la caja que generen estos negocios a partir de ahora, en el período de mayor incertidumbre de la historia económica reciente. Las personas que reciben estas operaciones de crédito han asumido una responsabilidad que el Estado ha eludido. Se ha multiplicado el negocio para las entidades bancarias, poniendo una mayor presión y responsabilidad en la parte más frágil de la economía, “confiando” en una recuperación milagrosa.

Durante la crisis económica anterior, hubo una lección que aprendimos miles de financieros que fue una cura de humildad. Aprendimos que un buen negocio puede compensar una mala financiación. También aprendimos que no hay financiación, por bien estructurada que esté, que pueda salvar a un mal negocio. En la situación de incertidumbre y de cambios profundos en la que vivimos, que una empresa se endeude sin haber considerado la viabilidad de su modelo de negocio, es una mala decisión.

 

¿Políticas innovadoras?

Volvamos a los datos. Quedémonos con la cifra de doce mil millones de euros que han asumido como crédito algunas decenas de miles de pymes y autónomos catalanes para intentar salvar sus negocios. Vamos a compararla con las cifras de I+D de la administración española. Esta partida de los presupuestos generales del Estado se ha recortado tanto en la última década que en 2018 llegó a la ridícula cifra de siete mil millones de euros, que además ni siquiera se ejecutan en su totalidad. Como dice Xavier Ferràs, “las políticas de I+D de los últimos 20 años no han dejado de ser una broma cosmética”.

El Estado español está invirtiendo anualmente en I+D una cifra inferior a la cifra de deuda que han asumido los autónomos y pymes catalanas en los dos últimos meses para poder seguir luchando por su supervivencia. ¿No es una desproporción inadmisible? ¿Vamos a seguir preguntándonos por qué las empresas no crecen? Todo lo que no se ha hecho en dos décadas, ahora lo vamos a hacer pagar a los más débiles de la cadena, y al mismo tiempo, a las personas que tienen la capacidad emprendedora que tanta falta nos está haciendo.

Nuevos innovadores

En la última década, se han creado miles de empresas impulsadas por profesionales hartos de trabajar para organizaciones y empresas donde no hay ningún margen para innovar y probar cosas nuevas. Desde el inicio de su proyecto emprendedor saben que para innovar hay que observar y entender lo que quiere el mercado. Saben que la mejor fuente de crecimiento es adaptarse a lo que quieren los clientes. Aprenden a adaptar su estructura al desarrollo de la empresa. Saben que es más fácil hacerlo cuando la dimensión es pequeña. En la economía digital, la lógica organizativa es distinta. La colaboración en red surge de forma natural para poder conseguir los objetivos. La lección que se aprende rápido es que financiar el crecimiento con el propio beneficio les da libertad de acción y decisión. No depender de fondos de terceros es ser dueños de su futuro.

 

Pequeños negocios y precariedad

Tal como explica Angel Alba en una entrevista en Sintetia, “muchas empresas innovan sin saberlo. Si no lo hicieran, habrían cerrado”. Me encantó leerle cuando dice que “una empresa que empieza a vender en internet y no lo ha hecho nunca, está innovando”.  Justo es lo que hemos empezado a hacer en AFCA. Estamos participando en el Programa formativo que la Secretaria General de Industria y Pymes ha puesto en marcha como parte de las medidas extraordinarias para contrarrestar los efectos del COVID-19. Lo consideramos una colaboración externa clave para impulsar nuestra transformación digital, aunque la decisión ya estaba tomada. Llevamos la innovación en el ADN y sabemos que el éxito de nuestra transformación dependerá de nuestra capacidad como equipo de ejecutar el Plan de acción que diseñaremos con la ayuda de un mentor.

La alta tasa de mortalidad empresarial y el pequeño tamaño del tejido empresarial demuestra que no es nada fácil. Dejemos de pensar que es por falta de impulso emprendedor. Miremos los datos y admitamos que un Estado no innovador no puede competir en la liga de los mejores, mientras que miles de personas sobradas de capacidad, energía y talento, siguen intentándolo sin posibilidades de salir de la liga de la precariedad.