CHUS BLASCO / ¿Por qué fracasan los países?

Prosperidad y justicia

El economista Miquel Puig escribía “Dos desitjos per a l’any nou” y le pedía al año 2017 prosperidad y justicia, para que “la política económica del nostre país recuperi una mica de poesía”. Explica Puig que la fijación de política económica en el crecimiento del PIB y en la creación de puestos de trabajo no sólo no ha mejorado la prosperidad y la justicia, sino que ha empeorado muchos de los problemas que ya teníamos hace veinte años. Así que, aunque es cierto que, en Catalunya, tanto el PIB como el empleo han aumentado como en pocos países próximos, estamos lejos de concluir que las perspectivas económicas para el futuro sean excelentes. Porque para que la prosperidad vaya acompañada de justicia social, hay un elemento fundamental que no podemos dejar fuera de la ecuación: la política y sus instituciones.

 

El problema son las instituciones

¿Por qué fracasan los países? es el título del libro del economista Daron Acemoglu (MIT) y el politólogo James A. Robinson (Universidad de Chicago) publicado en 2012, y que he leído recientemente. Es una referencia de obligada lectura para todos aquellos interesados en la historia del desarrollo económico de las naciones. Para explicar los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, sus autores han dedicado quince años a realizar una investigación académica donde muestran ejemplos históricos absolutamente reveladores. Desmienten las teorías que sostienen que las diferencias entre los países ricos y los países pobres sean la geografía, el clima, la cultura o la religión. A través de numerosos ejemplos de distintos países en diferentes momentos de la historia, los autores aportan distintas evidencias de que el problema está en las instituciones. La conexión entre las instituciones políticas y económicas es el núcleo fundamental de su análisis.

Los autores definen dos tipos de instituciones políticas: extractivas e inclusivas. Las instituciones políticas inclusivas serian aquellas que son suficientemente pluralistas, y recogen amplios sectores de la sociedad. Su voluntad integradora apoya a instituciones económicas con carácter inclusivo que resultan clave para una prosperidad sostenida. En cambio, las instituciones políticas extractivas, son aquellas que concentran el poder y las decisiones en una reducida élite que les posibilita una acumulación de riqueza que facilita la consolidación del poder político de tal forma que se convierte en un bucle de difícil salida.

 

¿Círculo virtuoso o circulo vicioso?

Cuando las instituciones políticas son extractivas, se producen al mismo tiempo los suficientes incentivos para que otros luchen por sustituir a los que ostentan el poder, así que el cambio político se produce solo para que todo continúe tal y como está. Las lecciones aprendidas en el comportamiento de las instituciones durante los pasados años de crisis económica no dejan lugar a dudas que las instituciones políticas y económicas que tenemos en España son de este tipo. Según los autores, el secreto del éxito de los países prósperos está en que tienen instituciones con una pluralidad efectiva que permite suficientes opciones políticas y que garantiza que todos jueguen bajo las mismas reglas. El circulo virtuoso es el que permite, a través de instituciones económicas inclusivas, que las personas tengan suficientes incentivos para innovar y provocar disrupción.

Los autores muestran que en diversos momentos a lo largo de la historia ha sido posible un cambio de rumbo, provocado por acontecimientos históricos en momentos críticos. Pero el cambio, cuando se produce, puede tender hacia instituciones favorables, innovación progresiva y éxito económico, o hacia instituciones represivas que desembocan en la decadencia o el estancamiento. La esperanza de que se pueda revertir efectivamente el círculo vicioso hacia un círculo virtuoso, pasa por que los ciudadanos sean políticamente activos e intervengan en la definición de las instituciones que se adecuan a sus necesidades. Tal como expresa Acemoglu en una entrevista publicada a Sintetia, “hoy, en la mayoría de países, las élites más extractivas son precisamente los políticos”.

 

Cambios de rumbo

Volviendo al análisis de Miquel Puig, tal vez la falta de poesía de la política económica de Catalunya tenga que ver con la falta de mecanismos institucionales que favorezcan el circulo virtuoso de la innovación y de la destrucción creativa, que son los mecanismos que generan riqueza. Podemos y debemos admitir que la relación directa que había existido entre el aumento del PIB y la creación de empleo con el aumento de la prosperidad y la justicia social, ha dejado de funcionar. Podemos y debemos admitir que el papel de las instituciones políticas es clave para el desarrollo económico, y que lo será aún más en el futuro de una economía globalizada. No podemos ni debemos ignorar que sin generación de riqueza no hay equidad posible. Pero tampoco podemos ni debemos ignorar que el futuro de la economía de Catalunya dependerá en gran medida de las instituciones políticas y económicas que sus ciudadanos sean capaces de exigir y defender. La viabilidad económica de Catalunya no puede separarse de la capacidad de desplegar las políticas más adecuadas a sus recursos y a sus capacidades.  Sin un cambio político fundamental, la política económica más inteligente no va a ser capaz de conseguir resultados ni en prosperidad ni en justicia social.

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