CHUS BLASCO / Poner en valor la Universidad

Construir talento tiene un precio

El anuncio del Gobierno de Susana Diaz de “La Universidad en Andalucía será gratis” en el contexto económico y político actual, me parece un chiste de mal gusto. Desde el momento de su anuncio, he estado dando vueltas a varias ideas que intentaré exponer de forma lo más estructurada posible. En primer lugar, nada es gratis. Alguien lo paga. Es imprescindible y urgente poner encima de la mesa la cuestión de los distintos precios públicos que pagan los estudiantes en las diferentes comunidades autónomas, con diferencias más que considerables. En segundo lugar, debemos preguntarnos cuál es la expectativa de los estudiantes (y de la sociedad) respecto al acceso a la Universidad. En tercer lugar, el que para mí es el debate relevante, cual es el valor que otorgamos a la Universidad como país porque, sin duda, debe reinventarse para asumir los nuevos retos del siglo XXI en un mundo global, y tiene un coste que alguien debe pagar.

 

¿Cuánto cuesta la Universidad?

El coste de una plaza en la Universidad no es lo que paga el estudiante. El precio y el coste suele confundirse de tal forma que el precio acapara el 100% de la atención de los medios. No es que no esté justificado. Catalunya tiene las tasas universitarias más elevadas de todo el Estado. La aportación de un estudiante universitario por la vía de la matrícula, varía entre el 15% y el 25% del total del coste, y es lo que determina la variación del precio del precio en las diferentes Comunidades Autónomas. Tomando como ejemplo la carrera de medicina, que es una de las carreras más caras, en Andalucía el coste es de 757 € al año (12,6€ por crédito), mientras que el precio que representa para un universitario catalán son 2372 € cada curso (39,5€ por crédito). Aunque estos precios pueden ser inferiores en función de la renta y del impacto de las becas, la desproporción es, de entrada, escandalosa.

Pero dejemos las bonificaciones andaluzas de lado, y centrémonos en el coste. Haciendo la aproximación de que el precio del crédito de lo que paga un estudiante en Catalunya es el 25% de su coste, supone que el coste real del crédito es de 158 € aproximadamente, por lo que el coste anual por alumno asciende a unos 9.500 €. El 75% que no cubre el estudiante, naturalmente debe financiarse con recursos públicos. A través de esta transferencia de recursos, esperamos obtener un retorno que se vea reflejado a través de la competitividad del país y una mejora para la sociedad. ¿Está siendo así?

 

Expectativas al salir de la Universidad

No puede hacerse el mismo tipo de análisis cuando consideramos un gasto que cuando lo hacemos con una inversión. Un gasto es un desembolso que realizamos sin que vaya a reportar un rendimiento en el futuro. En cambio, consideramos una inversión aquel desembolso que en algún tiempo en el futuro va a aportarnos un rendimiento, una compensación al sacrificio de una renuncia en el momento presente. Si estudiar un grado en la Universidad representa para los estudiantes una inversión para acceder a un futuro profesional mejor, comparar el precio pagado sin tener en cuenta lo que obtienen a cambio es una mala comparación. Centrar el debate en lo que pagas, en el precio de acceder a una formación que te aporta una diferencia significativa a lo largo de la vida, es un análisis incompleto.

Los estudios universitarios han actuado como ascensor social de miles de personas durante décadas. El acceso a la Universidad garantizó un futuro laboral estable en el pasado para la mayoría de los que pasaban por sus aulas. Pero hay que decir bien alto y claro no sólo que en el futuro ya no será así, sino que hace tiempo que ya no es así. El hecho de que tener estudios universitarios no garantice un puesto de trabajo, no quiere decir que no tengan valor. Es posible que haya que hacer pedagogía sobre la importancia del acceso a la Universidad, teniendo en cuenta que se están dedicando unos recursos públicos importantes. Seguramente es un error pensar que hay que estudiar una carrera para todo. También es cierto que la Universidad debe innovar para adaptarse a los nuevos retos del siglo XXI. Construir talento tiene un precio.

 

Coste, precio y valor de construir futuro

Este domingo en L’Econòmic, el catedrático Enric Canela explica en La realitat de la Universitat que, a pesar de haber mantenido las Universidades catalanas en numerosos rankings, la situación financiera en la que están es muy grave. Los principales sistemas de nuestro entorno no redujeron su presupuesto mientras aquí se ha sufrido un deterioro sistemáticamente programado. Reconoce que una parte del profesorado esta envejecido y otra parte significativa está en la precariedad.

En todo este puzzle, muchas piezas no encajan bien. El sistema de financiación autonómico acaba siendo tan perverso que no sólo perjudica a Catalunya desde el punto de vista financiero. Acaba ocultando un debate necesario que tiene más que ver con la Universidad que queremos como país, cuántos recursos necesita y cuáles son las alternativas para financiarla. Por este orden. Es un debate necesario y urgente para que la falta de recursos no sea tan sólo una excusa para no dar pasos valientes hacia una Universidad más acorde con los retos del siglo XXI.

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