CHUS BLASCO / Poner dinero no es suficiente

Nuevos paradigmas

Cuando todo cambia tan rápido, las empresas deben generar recursos sobrantes para invertir en el modelo de negocio futuro. La probabilidad de que el dinero que se invierte no se traduzca en resultados a corto plazo, es alta. Técnicamente sería más propio hablar de apostar que de invertir, porque no podemos asegurar cuál será el rendimiento de aquella inversión. Cuando las empresas apuestan por explorar lo que va a funcionar en el futuro de su negocio, sin saber cuándo van a obtener un retorno, decimos que invierten en innovación. Las más pequeñas, ni siquiera lo llaman así, sino que saben que deben cambiar por pura supervivencia.

Para crear valor en la economía digital, poner recursos es imprescindible, pero no es suficiente. Sin cambiar el marco mental, no es posible crear valor. El cambio mental supone transformar la forma organizativa jerárquica para crear organizaciones que trabajan como redes. Es necesario pensar en grande, y esto nos exige pasar de pensar sólo en competir a pensar en cómo colaborar. Una empresa actuando en solitario difícilmente conseguirá crear valor en la era digital sin asociarse. Competir supone que ganar implica que el otro pierda. Colaborar supone buscar un contexto más amplio donde pueden resolverse problemas más complejos, para que sea posible que todos ganen creando valor. Pero no se puede colaborar sin liderar primero.

 

Cuatro marcos mentales

A partir de la lectura de un artículo reciente de la revista del MIT, me ha parecido interesante profundizar en los roles que tienen las empresas en las que la propiedad y la dirección coinciden. La toma de decisiones a menudo se hace más difícil por la confusión del marco mental de uno y otro. En la era digital, la complejidad hace aumentar los roles necesarios en la empresa (de los que se carece a priori), para que lideren los siguientes marcos mentales:

El inversor. Su marco mental está en obtener los resultados que representen el retorno esperado al dinero invertido en el proyecto o negocio. Debe entender el valor creado y adecuar el horizonte temporal en el que se exige retorno. La inversión que apuesta por crear valor para los clientes invierte en equipos de personas con proyectos sostenibles, que sean responsables con su entorno y con las comunidades en las que se integran. El resultado será una consecuencia de entender el proceso y asignar los recursos dedicados.

El Productor. El marco mental del productor se focaliza a la producción de valor. Pone el foco en el análisis, la ejecución y los outputs. La calidad del producto como output había sido el objetivo primordial que se perseguía como parte tangible de la transacción. El marco mental del productor evoluciona para poder comprender la perspectiva del usuario, adecuar su propuesta a las necesidades y expectativas y producir valor. Debe fijarse más en el outcome, en el valor aportado a quien recibe el producto entendido como servicio.

El Conector. La nueva divisa en la economía digital es relacional. Aquellas personas que promueven conexiones son quienes tienen la capacidad de liderar cambios organizacionales significativos. No hay acción más estratégica para cualquier empresa, que la conexión con su ecosistema de relaciones. Conectar organizaciones, instituciones, empresas, es conectar personas. En la era de los algoritmos, la capacidad de establecer relaciones personales de calidad aparece como una gran fortaleza.

El Explorador. El marco mental del explorador cambia la mirada de forma natural, se hacen preguntas, son curiosos. Les encanta estar en continua experimentación y escuchar distintas perspectivas y puntos de vista. Aprenden constantemente. No es posible avanzar hacia un mundo que cambia a toda velocidad sin personas que tengan un don natural para explorar su entorno y aprender de él.

El reto actual de las empresas es de liderazgo: construir equipos identificando personas que representen cuatro formas de pensar distintas, y que combinen dichas capacidades. El ciclo empresarial de invertir, producir y obtener un rendimiento se ha hecho más complejo.

 

Liderar para colaborar

Necesitamos organizaciones y empresas que dejen atrás sus estructuras jerárquicas (donde se piensa solo en la cumbre y se ejecuta en la base) y aprendan a relacionarse con su entorno como nodos de redes que comparten información y colaboran. Se trata de pensar bajo el paradigma del valor que cada persona, empresa, organización puede aportar.

Pasar de la jerarquía a colaborar mediante redes supone potenciar las capacidades de las personas y coordinar sus esfuerzos alineados para construir valor. Es mucho más complejo que poner dinero. La parte difícil de crear valor es detectar los líderes que puedan construir equipos diversos, y a su vez, crear nuevos líderes con perfiles que se complementen y trabajen de forma colaborativa. El paradigma actual exige mucho más que una visión economicista simplista de cuánto dinero invertimos para obtener qué resultados. Bienvenidos a la década de la colaboración.