CHUS BLASCO / No hay respuestas correctas, hay decisiones

Management estoico

En las empresas, cuantos más datos tenemos, más foco necesitamos para saber qué decisiones tomar. Para no sentirnos paralizados por el exceso de información, hay que volver la mirada al humanismo. Estoy leyendo “Diario para estoicos: 366 reflexiones sobre la sabiduría, la perseverancia y el arte de vivir” de Ryan Holiday y Stephen Hanselman. Está siendo un descubrimiento interesante. Cuanto más avanza lo que la tecnología puede hacer para sustituir los procesos que antes hacíamos las personas, más necesario es recurrir a los clásicos.

¿Quiénes eran los estoicos?

El estoicismo es una escuela filosófica fundada en el siglo III a.c. Su doctrina tiene como objetivo alcanzar la felicidad, a través de las virtudes del control de uno mismo (autogestión), el coraje, la justicia y la sabiduría. De acuerdo con Holiday “el estoicismo nos enseña que no podemos controlar ni depender de nada, salvo del “libre albedrio”; es decir, de nuestra capacidad para emplear la razón a la hora de elegir cómo clasificamos, respondemos y nos adaptamos a sucesos externos”.

Tim Ferris lo denomina “el sistema operativo personal perfecto”. No puedo estar más de acuerdo. Reinventar el management implica poner el foco en las personas. No puede haber mejor fuente de inspiración que la esencia de los aspectos de las vidas de estos filósofos, que nos enseñan acerca del arte de vivir.

Los estoicos formularon su trabajo en torno a tres disciplinas fundamentales:

1.- La disciplina de la percepción, en cuanto a cómo vemos y percibimos el mundo que nos rodea. El sensacionalismo dramático con el que percibimos el mundo nos hace desconfiados. Aunque preferimos culpar a las redes sociales y a sus algoritmos, el problema es que es más fácil amplificar nuestros miedos que cambiar nuestras percepciones negativas. Es un problema muy humano. Vivimos en una crisis de angustia constante.

2.- La de la acción, en cuanto a las decisiones y acciones que tomamos y con qué intención. Cuando todo cambia, la única respuesta es liderar. Sólo es posible aprender a tomar decisiones que impactan en el futuro practicando. La intención del liderazgo, la visión, los valores, es lo que cuenta.

3.- La de la voluntad, en cuanto a la forma en la que entendemos realmente nuestro lugar en el mundo. La historia que nos contamos a nosotros mismos surge de nuestras creencias  y define lo que entendemos como éxito. Tenemos que ser más conscientes de cuáles son nuestras excusas y de cómo nos saboteamos. Lo difícil es cultivar la voluntad de apostar por el camino personal de ser tu mejor versión y actuar en base a tus valores.

Los estoicos nos enseñan que, si controlamos nuestras percepciones, encontraremos claridad mental. Lo importante es que seamos capaces de ver lo que hay que hacer para seguir mejorando. Si nuestras acciones son correctas y justas, encontraremos sabiduría y la perspectiva para afrontar los obstáculos. Creían que la práctica podía cultivar la resiliencia, la determinación y la alegría.

 

La esperanza no es una estrategia

Los nuevos estilos de management enfocados en las personas, están buscando cubrir la necesidad de tener una “guía de actuación” para tomar decisiones en la incertidumbre. Me quedo con tres aprendizajes para poder ser más efectivos, y también más felices, en base a un management estoico.

1.- Dejar de procrastinar. Esperar que “el futuro será mejor”, no es una estrategia. En lugar de ello, podemos preguntarnos sistemáticamente qué conseguimos con nuestro tiempo. Es un gran ejercicio de responsabilidad personal.

2.- Marcarnos prioridades. Dejemos atrás el superhéroe del micromanagement de las tareas. Te hace sentir bien, pero te impide avanzar. Las personas más efectivas toman menos decisiones porque se centran en las importantes. Recuerda que, si tu empresa no está progresando, está empeorando.

3.- Gestionar las emociones. El objetivo principal del estoicismo era “identificar y separar temas para poder decirme claramente qué cosas son externas y no están bajo mi control, y qué cosas tienen que ver con las decisiones que sí puedo controlar”. Aprender de nuestras emociones difíciles es un proceso de aprendizaje que se convierte en un potente recurso.

 

Aprender toda la vida

Lo que importa es quién eres y que haces. La respuesta a la pregunta de quién eres no viene en ningún manual. Nadie puede asumir esa responsabilidad por ti. Lo que haces es lo que realmente te define. Sin excusas. Si tienes poder, si hay personas que dependen de tus decisiones, tienes más responsabilidad. Es necesario entrenar la voluntad, porque exige esfuerzo y compromiso ir cambiando las inercias de lo que fue útil en el pasado y convertirlo en acciones que te acerquen a la persona en la que te quieres convertir. Lo que hacemos es lo que decidimos poner en nuestra agenda. Cada día. Tenemos que decidir aprender. Sin reflexión, no hay aprendizaje. No hay respuestas correctas, hay decisiones.


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