CHUS BLASCO / No es cuestión de suerte

Fusionar preparación y oportunidad

El reto más grande para cualquier empresa hoy es ver que necesita cambiar. La toma de conciencia es fundamental para poder actuar en consecuencia. Las empresas no necesitan cambiar porque estén haciendo las cosas mal. Necesitan cambiar porque haciendo las cosas tal como las hacen hoy, no pueden esperar que los clientes se adapten a ella, sino que es la empresa la que debe adaptarse a los cambios de los clientes. A ser posible, anticipándose a estos cambios.

No es cuestión de suerte” es un libro de Eliyahu Goldratt, escritor israelí, autor de novelas de ámbito empresarial que ha servido de inspiración para miles de ingenieros industriales y directivos. Lo he descubierto recientemente, como continuación de La Meta, un libro de referencia donde el autor describe de forma novelada la historia del Director de una fábrica (Alex Rogo), que afronta la amenaza de cierre si no consigue remontar los resultados en un periodo de tres meses. En la secuela “No es cuestión de suerte” los retos a los que se enfrenta el protagonista son aún mayores. El autor nos muestra, a través de la historia de Alex Rogo, el funcionamiento de técnicas y conceptos de gestión empresarial, que parten de la idea global de los objetivos que una empresa debe cumplir (y que conceptualmente son iguales para todas), hasta las acciones que deben ejecutarse para hacer frente a los obstáculos específicos a los que se enfrenta para conseguirlos. Escrito en 1995, sigue siendo de actualidad, porque los obstáculos que debe afrontar Alex Rogo son los mismos a los que se enfrentan todas las empresas ante un mercado que cambia rápidamente y una competencia global: cambios de paradigma, dificultad de aceptación, la necesidad de incorporar talento en estructuras jerárquicas rígidas… Es una lectura muy recomendable.

 

Preparación y oportunidad

Que una empresa obtenga resultados a lo largo del tiempo no es una cuestión de suerte. El fuerte aumento de la competencia en un mercado global no permite relajarse. Hay que estar preparado. Una empresa no está preparada para competir si no está preparada para cambiar. Muchas empresas han funcionado con éxito haciendo los cambios que decidía el CEO, como único responsable de la dirección estratégica de la empresa. Pero en la economía global, no hay ninguna ventaja competitiva que sea capaz de sostenerse a lo largo del tiempo si la adaptación al mercado no es rápida. Prepararse para el cambio requiere de método. Adaptarse rápido no es gestionar improvisando las decisiones, sino más bien prepararse para gestionar de otro modo. Para sobrevivir en un mercado global tan competitivo, las empresas deben tomar decisiones operativas de forma ágil, al mismo tiempo que aprenden a anticiparse estratégicamente a los cambios del mercado. Cambiar la estructura funcional jerárquica heredada de tiempos menos convulsos y convertirla en unidades de negocio orientadas a resultados no es fácil ni inmediato.

Las empresas están preparadas para el cambio cuando reconocen que deben cambiar, deciden hacia qué dirección cambiar y aprenden como provocar el cambio en las personas que deben liderarlo. La dirección hacia donde se dirige exige estar alerta a las oportunidades que constantemente se crean en un mercado global. Crear oportunidades sin parar es una necesidad, pero el riesgo es limitarse a abrir opciones. Tener resultados exige poner el foco en aquellas oportunidades que están alineadas con los retos para los que previamente la empresa se ha estado preparando. No es cuestión de suerte. Ayudar a la suerte a que esté de nuestro lado, supone abrazar el cambio constantemente de forma que permita fusionar preparación y oportunidad. Una nueva forma de entender el management es clave.

 

Orientarse a resultados

En las empresas, el éxito puntual sí puede ser cuestión de suerte. Pero haber tenido suerte con un producto o un mercado concreto puede ser también una barrera para aprender a pensar y actuar estratégicamente orientándose hacia las oportunidades. La búsqueda de la eficiencia ha llevado a miles de empresas a explotar sus negocios hasta que ya no quedaba mercado suficiente para seguir alimentando la maquinaria empresarial, y cuando han querido reaccionar ha sido demasiado tarde. El precio de instalarse en la comodidad se paga caro.

Que las empresas tienen que conseguir resultados no es opinable. Pero el cambio de paradigma de la economía de la globalización y de la volatilidad nos lleva a una mortalidad empresarial más que preocupante para el buen funcionamiento de la economía. Que una empresa cierre no es necesariamente una cuestión de mala gestión, sino de falta de anticipación. Saber anticiparse es una competencia mucho más sofisticada que la asignación de recursos. Gestionar orientados a resultados exige diferenciar la estrategia de la operativa. Exige entrenarse en alinear la gestión con la estrategia. Exige construir equipos de personas que dejen de desarrollar tareas y que colaboren en la capacidad de anticipación de la empresa respecto al mercado. Exige tomar conciencia de que los éxitos del pasado sólo sirven si los orientamos a las oportunidades del futuro.

 

Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y se fusionan”. Voltaire

 

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