CHUS BLASCO / Multiplicar la creatividad humana

Beneficios con propósito

Las B-Corps son un modelo de empresas que están promoviendo y acelerando un cambio cultural global que redefine el éxito empresarial y que está construyendo una economía más inclusiva y sostenible. Cuenta en la actualidad con líderes de 3500 empresas de 160 sectores y 70 países con un único objetivo: liderar un movimiento global de personas que utilizan la fuerza de los negocios para generar un impacto positivo. Son activistas y lideres empresariales.

He conocido el movimiento gracias a una entrevista reciente a Daniel Truran, embajador del movimiento B-Corp en España y Europa (podéis escuchar el podcast aquí). En el momento actual de tanta crispación y confrontación política, es inspirador escuchar a Truran hablar sobre líderes de empresas con valores. Destaco algunos aspectos interesantes de management con una mirada puesta en el propósito. 1) Tener una visión que “aspira a ser” es mucho más inspirador para las personas que querer ser perfectos. 2) Que las empresas existen para resolver problemas de las personas… y las personas siempre van a tener problemas que resolver. 3) Que lo más importante es el macro rumbo que marca el líder; hay que cambiar sólo cuando es necesario, lo menos posible para no confundir a las personas (¡estrategia!). 4) Que cuando la empresa existe para desarrollar al máximo las capacidades de las personas, el valor creado se multiplica. 5) Que no es nada fácil tomar decisiones poniendo delante a las personas sin dejar de mirar la cuenta de resultados; el beneficio no es opcional. 6) Que ser transparente (en lugar de tratar de ocultar los errores), genera mucha ayuda alrededor. Es inspirador comprobar la fuerza de estos liderazgos que buscan la colaboración incluso con los competidores.

Estos líderes sienten la forma de hacer empresa como el vehículo que les permite equilibrar un propósito social con los beneficios económicos. Empresas como Holaluz, Veritas, Triodos Bank, Danone, Patagonia, son algunas de las que forman parte de B-Corp, este movimiento global inspirador que tiene el convencimiento de que es necesario generar un cambio sistémico que resuelva los principales retos sociales, económicos y ambientales que afrontamos. Creen en el poder del sector privado para crear beneficios para las personas y el medio ambiente.

 

¿Perseguir la eficiencia es suficiente?

El marco mental de optimizar los recursos y mejorar la productividad, es lo que nos llevó a progresar de forma espectacular en las últimas décadas del siglo XX. El modelo empezó a dejar de ser válido al incorporar el coste de las personas dentro de los “recursos a explotar” para ser más eficientes. La forma de medir la eficiencia de “los factores” ha pretendido equiparar la forma de funcionar de una persona con una máquina o con una materia primera a ser transformada y convertida en un producto final.

Las empresas no son máquinas de resultados predecibles, sino ecosistemas de relaciones personales. Los indicadores que miden la eficiencia están basados en un marco mental tramposo. ¿Realmente importa cuantas horas he trabajado la última semana? Depende del valor que se persigue. En la era del conocimiento, cuando piensas en crear valor, las herramientas para medirlo deben ser distintas. No podemos predecir los resultados de un equipo de personas porque la creatividad de las personas no es predecible. Afortunadamente. No sólo no es un problema, sino que es lo que nos hace maravillosamente humanos.

 

Multiplicar el impacto

Me siento completamente alineada con la forma de pensar de las B-Corp: “los problemas más difíciles de la sociedad no se pueden resolver únicamente a través de los gobiernos y de las organizaciones sin ánimo de lucro”. Confío más en el poder de las personas organizadas autónomamente y empoderadas, que no las instituciones estructuradas a golpe de reales decretos y protocolos. Sin libertad no hay progreso. Poner delante a las personas lo cambia todo.

La “fórmula mágica” de la búsqueda de la productividad empieza por pensar distinto. Tenemos que apostar por el potencial humano y el impacto social. La imaginación es el recurso más potente que tienen las empresas que se enfocan en solucionar problemas para sus clientes. Pero el “buenismo” no es suficiente. Las buenas intenciones hay que ponerlas a trabajar con inteligencia, recursos, práctica y experimentación, compromiso y enfoque. Sin implicar a las personas, no hay estrategia que dé resultados.

Para resolver problemas necesitamos creatividad humana. En las empresas, trabajar en la cosa correcta es más importante que trabajar duro. El compromiso con preservar lo que es esencial hace que debamos cuestionarnos si las tareas a las que dedicamos la mayor parte del tiempo están creando valor para los clientes. Hacer tareas que no aportan valor siempre ha sido una estupidez. Pero en el contexto actual, hacer tareas que no crean valor es una irresponsabilidad. Estamos ante una transformación humana que debe pasar de prestar servicios prescindibles a resolver problemas esenciales.