CHUS BLASCO / Los números son el límite de mis sueños

Entre el desafío y el agotamiento

“Los números son el límite de mis sueños”. Es la declaración de un emprendedor, arquitecto de profesión y amigo mío de la infancia, con la que se enfrentaba a la parte financiera de su plan de negocio. Cuando le ayudamos a definir la estrategia de su proyecto de empresa, tuvimos conversaciones muy interesantes sobre el alcance de su visión y de cómo iba a tomar decisiones. Hasta que el sueño no se ha convertido en clientes contentos, la financiación de ese camino (“los números”) se convierte en el límite tangible. Le preocupaba cómo iba a poder distinguir lo que se puede medir y lo que no. Estaba plenamente convencido de que lo que no podemos medir, no lo podemos gestionar. También tenía claro que lo que verdaderamente importa no se puede medir, aunque ésto forma parte de lo que aprende mientras se hace la ruta. Tiene que ver con el liderazgo y la autogestión. Hay que dedicarle mucha energía.

 

Desafío y motivación

Emprender supone haber sentido el desafío de crear algo nuevo. El reto que lleva implícito es dirigir el equipo de personas que se vayan a ir alineando con la visión que se persigue. Las empresas que trabajan con el conocimiento hacen proyectos que tienen la característica de que la “materia prima” del proceso productivo son las personas que desarrollan estos proyectos. Como no se puede visualizar la forma en la que el conocimiento se convierte en un entregable al cliente, la unidad de medida acaba siendo las horas dedicadas. Aunque las horas teóricamente productivas de una jornada, pueden tener poca relación con la productividad real si las personas no sienten interés por los resultados de su trabajo.

La mayoría de los empleadores creen que pueden resolver este problema con dinero. Pero la motivación de un aumento de sueldo dura lo mismo que un Martini. La mejor estrategia en relación con las personas es prevenir una disminución de su motivación, que es algo muy distinto. Es posible gestionarlo a través de factores como trabajo desafiante, reconocimiento, responsabilidad y crecimiento personal. Por mucho esfuerzo y motivación que ponga quien dirige, si choca con un muro de indiferencia de las personas, no servirá de nada. El primer límite para poder alcanzar la visión es la falta de entusiasmo.

La fatiga y el agotamiento

El segundo límite por gestionar es la fatiga. Los que emprendemos y trabajamos en algo que tiene significado para nosotros, comprobamos cómo la frontera entre el trabajo y la vida tiende a desaparecer. El propósito crea las condiciones idóneas para pensar que cualquier momento es bueno idóneo para dedicar más tiempo al trabajo. Pero tiene límites.

Por mucho esfuerzo que hagamos para mantener nuestra atención enfocada en una tarea, es cuestión de tiempo que se desintegre. Intentar combatir esta tendencia natural durante demasiado tiempo, hace aparecer el agotamiento. Sucede cada vez que queremos trabajar una hora más, sin darnos cuenta de que ya hemos acabado con nuestra capacidad productiva. Hasta que de pronto, nos sentimos abrumados, los desafíos interesantes se han convertido en una tormenta de problemas que nos superan. Ya no sentimos que la corriente fluye a nuestro favor y la sensación de descontrol nos lleva a querer abandonar.

 

Más allá de los números: la energía

La capacidad productiva de las personas tiene poco que ver con la jornada laboral diseñada y estructurada hace décadas. Los retos de management para las empresas del siglo XXI tienen mucho más que ver con comprender y gestionar la energía de las personas. Queremos creer que el desafío es un motivo suficiente y que tendremos la energía suficiente para cada nuevo obstáculo que se nos presente. No es así como funciona. El desafío es bueno. Sentirse desbordado es algo completamente diferente.

El sistema económico, que persigue el crecimiento, nos hace olvidar que una empresa es un sistema. Solo funciona cuando se tienen en cuenta los límites y se trabaja para no alcanzarlos. Los números eran los límites de los sueños de mi amigo emprendedor. Es el límite visible. Los límites que no se ven tienen que ver con que las personas somos muy humanas y nos guiamos por nuestras aspiraciones y nuestros miedos.

Suelo decir que cinco minutos antes de no poder más, no estás viendo que estás al límite. Me lo recuerdo a mí misma porque sé lo importante que es observar nuestra energía para poder gestionarla. Emprender en la era del conocimiento es un privilegio. Asegurémonos de recordarnos que es un privilegio siempre que podamos. Vigilemos no confundir esfuerzo con resultado, porque obtendremos esfuerzo y no resultados. La línea entre sentirte realizado por conseguir un reto y estar quemado es más fina de lo que parece.

 




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