CHUS BLASCO / Los autónomos no parecen humanos

Los retos de (re)diseñar una carrera profesional

Seguro que conocéis la campaña de “Inmortales” que lleva desarrollando desde hace varios meses una conocida entidad bancaria. La creatividad de dicha campaña parte de la idea de que “los autónomos no parecen humanos”, y se supone que es un homenaje a las fortalezas de los autónomos y a la capacidad de resistencia de las dificultades del día a día. Independientemente del objetivo de la entidad, la verdad es que la campaña tiene su gracia, y pienso que ha contribuido a reivindicar en el imaginario colectivo un espacio de visibilidad de los que trabajamos por cuenta propia. En mi caso, soy autónoma desde hace quince años (en el sentido mercantil), pero me habría gustado descubrir que era autónoma (en el sentido literal) mucho antes de lo que lo hice, obligada por las circunstancias de un despido no esperado (aunque previsible), cuando tenía un trabajo aparentemente fantástico en una multinacional.

Lo que representa ser autónomo

Básicamente, cuando eres autónomo no hay excusas. Tal como dice Mario Alonso Puig, hay que cambiar los “es que” por los “hay que”. Cuando dejas de trabajar por cuenta ajena y empiezas a trabajar por cuenta propia, tienes que cambiar todas las excusas por acciones concretas y reales que puedan llevarte a conseguir tus objetivos. En inglés hay una palabra de difícil traducción al castellano que es accountability, que refleja mejor lo que representa la libertad de ser efectivamente autónomo; va más allá de ser responsable de lo que haces, que se da por supuesto en cualquier forma de trabajo, sino la responsabilidad en sentido más amplio por los resultados que obtienes.

Ser autónomo no es para todos

Desde el punto de vista económico, ser autónomo quiere decir que estás a cargo de tus ingresos presentes y futuros, que no puedes pedirle responsabilidades a nadie más que a tu propia capacidad de generar ingresos. Los retos de inventar un futuro en beta permanente son apasionantes, pero los riesgos no tienen nada ver con la estabilidad de un empleo. Responsabilizarte de lo que te sucede genera un aprendizaje único, pero la incertidumbre que representa no es asumible para todo el mundo.

La responsabilidad por los resultados tiene un premio, que es la libertad. Pero la libertad es muy exigente, porque nos exige diseñar nuestra carrera profesional sin manual. En mi caso, como el de tantos otros, que no habíamos imaginado una vida profesional por proyectos, ha sido necesario ir aprendiendo por el camino cómo poner en valor los aprendizajes de las experiencias anteriores. Para conseguirlo, los tres retos clave que es necesario afrontar son: 1) donde ponemos el valor, 2) qué nos mueve, y 3) cómo organizamos nuestro tiempo.

1.- Entender dónde ponemos el valor. Tener la responsabilidad de gestionar nuestra propia vida profesional nos da, al mismo tiempo, la oportunidad de diseñarla a nuestra medida. Con la misma estructura que el fenómeno editorial de Generación de modelos de negocio, el libro Tu modelo de negocio propone un marco excelente de reflexión para proyectar un cambio en la carrera profesional. Sus autores centran la propuesta de valor del modelo de negocio en la persona, por lo que sus competencias, habilidades y aptitudes juegan un papel fundamental. Para entender donde ponemos el valor como profesionales, hay que hacer un cambio imprescindible en la forma de pensar que exige entender a quién ayudas, de modo que deja de importar lo que haces hasta que no lo has convertido en valor para el receptor de la ayuda.

2.- Entender qué nos mueve. Estar motivado es tener motivos. Pregúntate en que situaciones un día cualquiera ha sido un buen día. Cuando identificas las situaciones en las que “te pones las pilas” es más fácil diseñar que tienes y que te hace falta para conseguir acercarte a tu “jornada ideal”. Es clave entender cuál es la razón por la que nos vamos a levantar cada mañana a seguir perseverando en nuestra estrategia para tener un futuro profesional mejor que la situación actual. No te distraigas pensando que tu motivo es el dinero.

3.- Tomar conciencia de cómo organizamos de nuestro tiempo. Uno de los mayores retos de tener libertad, es ser capaces de organizarnos de forma que seamos efectivos con el tiempo disponible. Pero cuando el tiempo disponible es el 100% del tiempo, la parte difícil al diseñar tu propia jornada laboral, es aceptar que para hacer tareas que no son urgentes hoy, pero que serán importantes para tu futuro, tienes que “darte permiso” para hacerlo. Es un problema emocional. El tiempo disponible es todo el tiempo. No hay trabajo y vida. Todo es uno. Escoger entre hacer un presupuesto pendiente que te pide un cliente o ir a ver un partido de futbol de tu hijo tiene que ver con tu autogestión emocional. Tomar conciencia de las situaciones que provocan los estados emocionales que se nos presentan más a menudo es crucial para la autogestión.

 

Los superpoderes de las personas autónomas no tienen nada que ver con los de la campaña publicitaria. Son mucho más sutiles, porque tienen que ver con la adquisición de un autoconocimiento sin el cual va a ser difícil afrontar una carrera profesional sostenible, ya sea como autónomo, emprendiendo o en diversos empleos. El autoconocimiento es básico para tomar decisiones, y representa el primer paso para la autogestión, uno de los pilares básicos del nuevo estadio evolutivo en las organizaciones empresariales.

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