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CHUS BLASCO / Lo pequeño es hermoso

La confianza de la comunidad

El problema del crecimiento ilimitado en un planeta limitado hace décadas que está diagnosticado. El libro Small is Beautiful  (Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara) es una auténtica joya escrita por el economista Ernst Friedrich Schumacher y publicada en 1973. Comparto algunas de las ideas que me han impactado, por su profundidad y su vigencia casi cinco décadas después.

La primera, es que el error fundamental del “hombre moderno” es no considerarse parte de la naturaleza, sino pensar en ella como una fuerza exterior a la que hay que dominar y conquistar. Es un marco mental que no tiene en cuenta que, en caso de ganar la batalla, se encontrará en el lado perdedor. La creencia de Schumacher de que los recursos naturales deben conservarse lo llevó a concluir que el tamaño conduciría al agotamiento de esos recursos. Se refería tanto a las grandes industrias como a las grandes ciudades. Su opinión es que esta idea de perseguir ilimitadamente el aumento de la riqueza en términos materialistas no encaja. La forma de pensar de un crecimiento sin límites es el punto de vista tanto de economistas, como de químicos y tecnólogos. Mientras que la naturaleza trata de decirnos que está sometida a un estrés excesivo, cada vez que se resuelve un problema, se generan diez más. Es imprescindible reconocer los límites del sistema.

Me ha sorprendido su opinión sobre el trabajo como la fuente básica de riqueza para las personas. Opina que la “economía moderna” ha convertido el trabajo en un hecho perverso. Desde el punto de vista del empleador, es un coste, con el objetivo de ser reducido al mínimo e incluso ser eliminado por la automatización. Desde el punto de vista del trabajador, trabajar supone un sacrificio del tiempo de ocio, así que el salario es una compensación por este sacrificio. Su conclusión es que el ideal del empleador es producir sin trabajadores y el punto de vista del trabajador es tener ingresos sin trabajar. Para Schumacher, perseguir el ocio como una alternativa al trabajo es un completo despropósito. Porque una de las verdades básicas de la existencia humana es que el ocio y el trabajo son partes del mismo proceso de la vida y no pueden ser separadas. Necesitamos tanto la alegría en el trabajo, como el disfrute del ocio.

Afirma que la economía está impulsada por la codicia y la envidia, y que no es un hecho accidental, sino la causa de la expansión de su éxito. “Si se cultivan sistemáticamente vicios humanos como la codicia o la envidia, el resultado inevitable es nada menos que un colapso de la inteligencia. Un hombre impulsado por la codicia o la envidia pierde el poder de ver las cosas como realmente son, de ver las cosas en su globalidad y totalidad, y sus propios éxitos se convierten en fracasos. Si sociedades enteras se infectan con estos vicios, pueden lograr cosas asombrosas, pero se vuelven cada vez más incapaces de resolver los problemas más elementales de la existencia cotidiana.

Schumacher desarrolló un conjunto de principios que llamó “economía budista”, basados en la creencia de que un desarrollo adecuado de las personas se basa en tener un buen trabajo. Desde este punto de vista, considera que la función del trabajo es triple: 1) dar a las personas la oportunidad de utilizar y desarrollar sus facultades, 2) producir los bienes y servicios necesarios para garantizar su futuro y 3) permitirle superar su egocentrismo uniéndose a otras personas en una tarea común.

 

La confianza de la comunidad

Lo que Schumacher describe como “superar el egocentrismo” refleja una de las necesidades humanas, que es sentirnos parte de una comunidad. Es lo que impulsa nuestro sentido de conexión y pertenencia. Los comportamientos visibles de una comunidad reflejan su cultura, y las relaciones personales de confianza son las que la definen. Aunque no es fácil describir qué es la confianza, sabemos reconocer cuando la hemos perdido. Cuando los niveles de confianza son bajos, las personas limitamos nuestro compromiso, y lo que estamos dispuestos a dar y a compartir.

Construir un sistema que empiece por las personas, implica gestionar aquellos límites que no deben romperse. El sistema económico ha evolucionado de forma que no está permitiendo que las personas puedan desarrollar masivamente sus talentos sociales, profesionales, artísticos y culturales en sus propias comunidades. No podemos pasar por alto el hecho de que es más fácil cultivar la confianza en entornos pequeños. La cultura de una comunidad está sana cuando permite espacios de seguridad donde las personas pueden crecer porque se cultivan la confianza, el compromiso y los retos colectivos. Lo pequeño es hermoso. Empecemos por aquí.

 

“Los asuntos realmente serios de la vida no pueden ser calculados”. Ernst Friedrich Schumacher