CHUS BLASCO / Liderando la desigualdad económica

¿Recuperar la confianza?

Leo en la sección de economía del diario El País que “Bruselas sitúa a España a la cabeza de la desigualdad por renta en la UE”. El artículo empieza con una frase contundente: “La economía española mejora”. Pero continua con una de las conclusiones del informe de la Comisión europea sobre empleo: “No se han restablecido los niveles de igualdad anteriores a la crisis”. Definen la situación de España en relación a la desigualdad económica como “crítica”, al encontrarse entre el tercio de países que no ha recuperado aún los índices de igualdad previos a la crisis. Me fijo especialmente en la palabra “aún”, porque supone la presunción de que existe una tendencia positiva para que, en algún momento futuro, España mejore los índices de desigualdad actuales.

España no solo destaca como el país europeo con mayor desigualdad. También el informe de bienestar de la OCDE de 2017 sitúa a España en las peores posiciones en desigualdad económica entre los países desarrollados. Sin duda, el problema del paro aparece como uno de los que provoca una enorme desigualdad entre los hogares ricos y los hogares pobres: “el 20% de las familias con mayor renta disponible es un 761% superior a la del 20% más pobre”. Así, a pesar de los indicadores que avalan la mejora de la economía española, existen sobrados motivos para la preocupación por los fundamentos en los que se está basando este crecimiento, especialmente en cuanto a inclusión social.

Los motivos principales de las grandes desigualdades de ingresos suelen estar ligadas a las desigualdades en el acceso a la educación, a la protección social, y a la desigual formación para el acceso al mercado laboral cada vez más competitivo. Los datos confirman que España está mucho peor que la media europea, y sigue deteriorándose. La Comisión Europea recrimina “el escaso impacto de las políticas sociales a la hora de reducir la pobreza”. Para mejorarlo, España debería tomar como referencia aquellos países que “lo están haciendo bien”, que son los países nórdicos, donde la pobreza se corrige hasta en un 50% después de las transferencias. En España, en cambio, apenas se rebaja un 25% la pobreza monetaria tras las transferencias sociales. No nos engañemos, no se trata tan sólo de gastar más en políticas sociales, se trata de que éstas sean efectivas.

Pero para que los ciudadanos creamos que las políticas sociales podrán tener un impacto suficiente para mejorar la desigualdad, deberíamos confiar en las instituciones. El informe de la OCDE confirma que España se sitúa en los peores puestos también en cuanto a calidad democrática, medida como la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Tan sólo uno de cada cuatro españoles piensa que puede influir en las decisiones que toma el gobierno.

 

Recuperar la confianza

Aunque el tema “de moda” en los medios no es la desigualdad económica, sino las consecuencias del Proceso independentista en Catalunya. El diario Ara publicaba el pasado domingo un dossier titulado: “Com recuperar la confiança?” dedicado, teóricamente, a analizar el impacto económico del Proceso. Digo teóricamente, porque el subtítulo de la noticia deja clara la intencionalidad del mensaje: “desprès d’anys sense impacte econòmic, el Procés ha viscut un sotrac encara no quantificat”. El artículo aporta datos contundentes sobre el hecho de que la economía catalana ha crecido en los últimos años más que la española tanto en ocupación, en inversión extranjera y en cifras de exportación. Lo que no explica dicho artículo, es que este crecimiento ha sido posible durante la mayor crisis económica del país, con los máximos recortes en gasto social, inversiones en infraestructuras, y sin ninguna posibilidad de mejorar sus finanzas. La economía catalana mejoró a pesar de la falta de políticas del Estado para apoyar este crecimiento. Pero el relato construido por el autor del artículo nos lleva a buscar el impacto de los riesgos actuales no cuantificados, nos cuenta cómo el miedo puede desembocar en la contención del consumo y las inversiones, y que puede acabar afectando a la economía. La intención del relato crea opinión, y la opinión económica difícilmente es políticamente neutral.

 

Más conciencia económica

¿Existe relación entre la creciente desigualdad económica, la desconfianza en el gobierno y el aumento del soporte social al Proceso independentista? Subjetivamente, entiendo que sí. Pero es tan sólo mi opinión. Sin datos para validarlo, se trata tan solo mis percepciones, que naturalmente son subjetivas e influidas por mis circunstancias personales sociales y culturales. Pero que el gobierno español sigue políticas económicas claramente extractivas no es una opinión. Los datos económicos acaban reflejando el único resultado posible de dichas políticas. Aquellos que forman parte de las élites extractivas, cada vez disfrutan de mejores rentas. Para el resto, un acceso a menores oportunidades y un mayor riesgo de perder el tren de un mercado laboral polarizado y una economía que cada vez necesita menos puestos de trabajo y mucho más cualificados.

Los medios de comunicación manipulan la intención de su relato en función de los objetivos políticos que está defendiendo el statu-quo del poder. Debemos admitir que el futuro no está escrito, que la economía es global, compleja y por lo tanto no predictible. No se trata de que estemos tardando a recuperar los niveles de los indicadores económicos de antes de la crisis, sino que sencillamente, no volverán. Tomemos conciencia de ello, mientras aprendemos a cuestionar críticamente la intención de los hechos económicos que nos afectan como ciudadanos.

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