CHUS BLASCO / La productividad de la generosidad

¿Ser feliz en el trabajo es una utopía?

Ser feliz en el trabajo es una utopía para la inmensa mayoría de personas. Nos cuesta asociar felicidad con trabajo. Sin embargo, cada vez leemos, vemos y oímos más expertos explicándonos que la felicidad es posible para aquellos que tienen la suerte de trabajar en empresas que han averiguado cual es la “fórmula mágica” para conseguirlo. Conseguir un entorno feliz en el trabajo requiere voluntad y estrategia. Así de claro lo cuenta David Tomas de Ciberclick y autor del libro “La empresa más feliz del mundo” en L’autèntica revolució dels somriures. Dice Tomás que decidió crear una empresa en la que fueran felices desde el minuto uno, pero admite que le llevó unos diez años encontrar el camino correcto. Para crear un entorno feliz en tu empresa, hay que ponerle empeño y voluntad.

 

El significado de felicidad

Podemos estar de acuerdo en que todos buscamos ser felices. Sin excepciones. Teniendo en cuenta que el trabajo ocupa una parte muy importante de nuestras vidas, si podemos ser felices mientras trabajamos, mucho mejor. Pero ¿qué interpretamos cuando oímos hablar de felicidad? Un estudio de investigación publicado por la psicóloga social Jennifer Aaker exploró la diferencia entre vidas felices y vidas con significado. Aunque parecen conceptos similares, tienen grandes diferencias. Dice Aaker que “la felicidad sin significado se caracteriza por una vida superficial y orientada al propio interés, en el cual las cosas van bien, las necesidades y los deseos están satisfechos y se evitan problemas difíciles o exigentes”. La felicidad nos habla del ahora, del momento presente. En cambio, una vida con significado supone tener un relato que conecta el pasado, el presente y el futuro. La diferencia más destacable entre ambos conceptos es la que se refiere al horizonte temporal. Vivir con significado supone disponer de una “guía” desde el pasado hacia el futuro, ofreciendo un modo de poner en valor tanto lo bueno como lo malo, dando justificación a nuestras aspiraciones personales.

 

La búsqueda de significado sostenible

Tener trabajadores felices no es darles lo que cada uno quiere y necesita de acuerdo con su propio interés. Seria sencillamente insostenible. La felicidad en el entorno laboral surge cuando las personas sienten que, de algún modo, su trabajo tiene impacto en otros, que va más allá de ellos mismos. Se trata más de una búsqueda que de un resultado, y es distinta para cada persona. Las empresas que buscan tener trabajadores felices deben construir una cultura de empresa en el que las personas que allí trabajan puedan conseguir objetivos que consideran positivos a nivel personal. Deben habilitar un entorno que permita a las personas tener la oportunidad de encontrar su propio significado. Deben ofrecer retos que vayan más allá de la felicidad más superficial del aquí y ahora. Para hacerlo, la empresa necesita sí o sí obtener resultados económicos para ser sostenible. No vaya a ser que hablando de felicidad nos olvidemos de que, si la empresa no gana dinero, no solo no hace felices a quienes trabajan allí, sino que acabará desapareciendo. El reto para las empresas es ofrecer un mayor significado para las personas que trabajan allí, sin perder de vista los resultados que garanticen su sostenibilidad.

 

La productividad de la generosidad

Adam Grant es un psicólogo organizacional que ha estudiado las dinámicas de la productividad en decenas de organizaciones y entrevistado miles de personas y ha descubierto un poderoso motivador subestimado: ayudar a otros. En su conferencia “Are you a giver or a taker? explica que, en cualquier lugar de trabajo, hay tres tipos de personas: givers, takers y matchers. Los takers son aquellos que actúan pensando: “¿qué puedes hacer tu por mí?”. Los givers, en cambio, actúan pensando “¿qué puedo hacer yo por ti?” El tercer grupo, los matchers, son mayoría en cualquier organización, y su comportamiento sigue el patrón “si tú haces algo por mí, yo hare algo por ti”. Grant explica que los givers a menudo se sacrifican ellos mismos, poniendo en pausa los deseos propios con una equilibrada cantidad de autosacrificio, pero acaban siendo los que más contribuyen a los resultados en las organizaciones en las que trabajan. Grant nos descubre que la forma más efectiva y productiva de funcionar tiene que ver con una cultura de empresa que potencie estas personas, que están deseando contribuir ayudando a otros, donde se facilite que los givers se multipliquen. La cultura de la generosidad.

Intuitivamente pensamos que las personas más individualistas son las que están mejor preparadas para conseguir el éxito profesional y empresarial. Pero la obsesión por el éxito individual ha convertido la mayoría de organizaciones en lugares poco saludables para las personas que allí trabajan, tal como nos demuestra el experimento de Muir sobre la productividad de las gallinas. Sin duda, las empresas que quieran conseguir trabajadores más felices tienen que cambiar profundamente la forma en la que interactúan en sus relaciones, y dejar de premiar a los takers, y a sus comportamientos individualistas competitivos. La estrategia empresarial más sostenible es aquella que pone en contacto las relaciones que se establecen entre las personas con la productividad y los resultados a largo plazo. Me sumo al sueño de Adam Grant de querer un mundo donde los givers, las personas con vocación de ayuda a los demás, aquellos que actúan priorizando “¿que puedo hacer yo por ti?”, se multipliquen por las organizaciones y ayuden a construir entornos laborales con trabajadores más felices y empresas más sostenibles.

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