CHUS BLASCO / La organización de la responsabilidad colectiva

Sociedad, economía y política

Hemos entrado en territorio desconocido. La incertidumbre es máxima. Antón Costas escribía el pasado 13 de marzo que “La pandemia por el covid-19 puede ser un experimento natural extraordinario para construir una sociedad más justa y solidaria, una economía más productiva e inclusiva y una política más orientada al bien común que al interés partidista”. Los cambios que veremos en la política serán una consecuencia de los cambios en la sociedad. En cuanto a la economía, debemos reconocer que no todo lo que habíamos considerado buenas noticias de crecimiento ha sido positivo para las personas ni para el planeta.

Estos días he podido comprobar de cerca la capacidad organizativa de empresas que conozco, creando comités de crisis para afrontar la situación. Han priorizado proteger al máximo la salud de los trabajadores, sin esperar directrices y sin escatimar recursos para ello. Han hecho innovación organizativa de emergencia. La salud es lo más importante para las personas, y la situación extraordinaria ha impulsado acciones claras para hacerle frente. La pandemia global a causa del coronavirus hará aflorar mucha innovación. La innovación de la necesidad se traduce en acciones proactivas para resolver problemas concretos. Esto es lo que hacemos las personas para afrontar situaciones que exigen solución, cuando tenemos una necesidad tan intensa que no podemos hacer ver que no la vemos, ni podemos esperar a que alguien nos diga qué debemos hacer.

 

Teletrabajar

Una de las medidas de las que más se ha hablado estos días ha sido utilizar el teletrabajo como la fórmula idónea para enviar a las personas a su casa, mantenerlas conectadas al entorno laboral y continuar trabajando “con normalidad”. Al menos, tecnológicamente hablando. Pero el teletrabajo no funciona por decreto. La escasa implantación tiene más que ver con la cultura organizativa presencial imperante que con la tecnología. Las reuniones continuas normalmente responden al ejercicio del poder de una jerarquía directiva que suele mostrar de este modo la relevancia de su cargo. Pasar de la cultura organizativa (absurda) de la reunión continua al teletrabajo normalizado, implica una transformación cultural de la empresa y un aprendizaje de autogestión de la persona trabajadora. Es un cambio lento y profundo porque no va de tecnología, sino de comportamientos. Para la organización, porque implica cultivar la confianza, el compromiso y los retos colectivos. Para la persona trabajadora, que debe autogestionarse, requiere un esfuerzo de aprendizaje consciente sobre un cambio de hábitos. Lo que hace que la autogestión sea tan difícil es que los comportamientos más productivos no suelen estar alineados con nuestras preferencias.

La tecnología digital facilita la posibilidad de hacer cosas nuevas. Su potencial va más allá de mejorar lo que ya se estaba haciendo antes de utilizarla. La necesidad es lo que determina el momento que marca el cambio. La escalada en la aplicación del teletrabajo es la respuesta al impulso humano de utilizar los medios disponibles para cubrir una necesidad, en este caso, una situación de emergencia. La transformación no es tecnológica, sino humana.

 

¿Cómo nos organizaremos?

Cuesta imaginar como habrán cambiado las cosas de aquí a unos meses. Desde la confusión del momento, puedo imaginar un paradigma donde cambiaremos la forma de organizarnos. Si la política no se orienta al bien común, es porque suele tener sus propias prioridades, cada vez más alejadas de los problemas de las personas. Tal como escribía Xavier Ferràs en su fantástico artículo La naturaleza no negocia, “ningún líder occidental ha dicho la verdad, quizá por ignorancia, quizá por miedo a la realidad, quizá por miedo a la pérdida de popularidad”.

He leído recientemente el libro de Martin Parker “Shut Down the Business School” en el que critica como las escuelas de negocio continúan propagando las ideas de un capitalismo que ha provocado terribles consecuencias para la salud del planeta. Dice Parker: “hemos sido persuadidos de que necesitas un experto que te organice, y que el que hace las señales es más importante que el conductor”. Se ha propagado un management obsoleto que ha creado recetas para expertos que lo saben todo de un mundo que ya no existe. Tienen respuestas para preguntas antiguas. Son expertos en un contexto que ha cambiado radicalmente.

En la era de la información, el conocimiento a partir de los datos es lo que permite luchar mejor contra la pandemia. La sociedad de la información permite a las personas colaborar trabajando en red sin jerarquías de poder. Para poner en valor el cuidado de las personas y del planeta, tenemos que apelar a la responsabilidad colectiva. Si alguna innovación es imperiosa para afrontar los nuevos retos globales es organizativa. Un cambio de conciencia es imprescindible para impulsar un nuevo paradigma de organización y management que haga posible la transformación cultural, social y económica que necesitamos. La pandemia del covid-19 puede ser el detonante de una nueva era.