CHUS BLASCO / La falsa ilusión de seguridad

La innovación surge de la necesidad

Nassim Nicholas Taleb es un ensayista e investigador libanés que opina que los científicos y financieros sobreestiman el valor de las explicaciones racionales sobre datos del pasado e infravaloran el peso de cierta aleatoriedad en esos datos. Estoy leyendo su libro “Antifragil: las cosas que se benefician del desorden”, que aporta una visión sobre el mundo especialmente crítica con la autoridad. En una entrevista en El País el año de publicación del libro, Taleb propone olvidar la teoría y el control desde las instituciones y pasar a fortalecerse ante los cambios que no son predecibles. Los cambios tan profundos que estamos sufriendo a nivel global en las últimas décadas han creado la necesidad de encontrar nuevas palabras para describir fenómenos que hasta hace poco no existían. Antifragilidad es una de ellas.

No podemos entender lo que es la antifragilidad sin hablar de volatilidad. La volatilidad es una medida de la frecuencia e intensidad de los cambios y de la velocidad a la que éstos ocurren. Taleb explica que a las personas no nos gustan los cambios intensos y frecuentes, así que como sociedad nos aferramos a nuestra necesidad de seguridad creando y manteniendo sistemas e instituciones que nos la garanticen. Uno de los graves problemas que tenemos actualmente es que, si los sistemas son demasiado rígidos, no pueden adaptarse y evolucionar. Pone como ejemplo en su libro que las variaciones en los sistemas también tienen una función expurgadora: “Los pequeños incendios forestales eliminan periódicamente el material más inflamable, impidiendo que se acumule. Pero la prevención metódica de los incendios por seguridad hace que los incendios más grandes sean mucho peores.

 

¿De qué nos protegemos?

Para hablar de incendios, nada mejor que hablar de Marc Castellnou. Castellnou es jefe del GRAF, el equipo especializado en incendios forestales del departament de Bombers de la Generalitat de Catalunya y lidera la punta de lanza de innovación en extinción de incendios forestales. Nos explicó que “la sociedad quiere protegerse de aquello a lo que teme” hace un año en Tarragona, en su charla “El que no coneixem ens espanta”. Castellnou expuso uno de los efectos de los que habla Taleb en su libro. En sus propias palabras, nació apagando incendios y pertenece a la generación del 1994, el verano en el que se quemaron decenas de miles de hectáreas al día en todo el planeta. En los años 70, en Catalunya el 30% de su superficie era forestal, mientras que ahora es el 70%. El sistema de extinción de incendios que se había desarrollado era potente para apagar los pequeños incendios, pero a medida que crecieron los bosques ya no era suficiente. Se invirtió más y se crearon equipos más potentes, pero los bosques siguieron creciendo y el ciclo de la lógica del miedo se fue imponiendo. Dice Castellnou que los incendios nos han enseñado que lo que nos da miedo nos hace construir muros, y estos muros hace que nos encerremos en nosotros mismos, y que, en el mejor de los casos, nos quedemos como estábamos, impidiendo la evolución natural que necesitan los bosques y la sociedad.

 

El concepto de antifragilidad

La antifragilidad tal como la define Taleb es una fortaleza peculiar. Si pensamos en un objeto frágil, un jarrón en la sala de estar, entendemos que necesita orden y tranquilidad para no romperse. Un objeto robusto aguanta los golpes y el estrés de su entorno. Pero la antifragilidad es la condición de aquellos sistemas que progresan en condiciones de estrés y que está detrás de todo lo que ha cambiado con el tiempo: la innovación tecnológica, la supervivencia empresarial, incluso nuestra resistencia como especie. “Los seres vivos y los sistemas complejos están formados por componentes que interaccionan entre sí, intercambiando información por medio de estresores. Y, precisamente por eso pueden llegar a ser antifragiles”. Parece que apenas sin darnos cuenta, igual que con la extinción de incendios, para ofrecer una ilusión de seguridad a los ciudadanos, las instituciones han eliminado el estrés necesario para que el sistema económico evolucione y progrese.

 

Los sistemas necesitan estrés

Para que la economía crezca, debemos entenderla como un sistema en el que cada empresa es frágil, y, por tanto, tiene una alta probabilidad de desaparecer si no se adapta. Cuando se suceden períodos de prosperidad sin contratiempos, las empresas se relajan y debilitan y van acumulando vulnerabilidades ocultas que se acumulan bajo la superficie de una aparente normalidad. Pero las empresas deben innovar porque es su única garantía de supervivencia ante la evolución del mercado. La paradoja de la búsqueda de la innovación es que “lo que innova es el exceso de energía que se libera al sobre reaccionar a un contratiempo”. Aunque tal vez no nos guste admitirlo, la crueldad del sistema es un motor de mejora, por lo que para construir un sistema económico que evolucione y crezca (que sea antifrágil), la caída de uno no debería poder arrastrar al resto. Los fracasos continuados de los que no lo consiguen ayudan a mejorar el sistema en su globalidad porque provee información de lo que funciona y lo que no. En eso consiste la antifragilidad. Taleb nos ayuda a distinguir entre la estabilidad verdadera y la artificial, que es en realidad una falsa ilusión de seguridad. Las instituciones que defienden que no cambie nada, acaban deteniendo la evolución, y cualquier ecosistema que no evoluciona, acaba muriendo. Paradójicamente, muchas políticas sociales e intervención gubernamental acaban perjudicando a los más débiles y consolidando a los que ya están establecidos.

 

Si la naturaleza gobernara la economía, no rescataría constantemente a sus miembros para que vivieran eternamente” Nassim Taleb

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