CHUS BLASCO / La era del desorden

Sin extrapolar el pasado

Cuando dentro de unos años miremos por el retrovisor, veremos el 2020 como el comienzo de una nueva era. Este es el planteamiento del informe del Deutsche Bank que ha hecho escribir numerosas y oscuras predicciones económicas en las últimas semanas. Su título: “la era del desorden” es perturbador. Así lo explicaban en El Economista: “el mundo está entrando en una nueva etapa que venía gestándose tiempo atrás, pero cuya transición se ha acelerado con la irrupción del covid-19”.

El informe refleja las conclusiones de un trabajo de investigación en el que se han estudiado las diferentes etapas por las que ha pasado la economía en los últimos 160 años. Sus autores centran la última en el periodo 1980-2020, al que denominan segundo ciclo de la globalización. Se inicia en 1980 con la abolición de las regulaciones y los controles de capital. A partir de ahí, la demografía mundial hizo de palanca del crecimiento que vino a continuación y que supuso un beneficio para la mayor parte del mundo. Los autores reconocen que las grietas ya surgieron de forma evidente después de la crisis financiera del 2008. Asumir que el pasado ciclo de crecimiento es un modelo agotado es tanto como decir que nada volverá a ser como antes. “En los años venideros, una simple extrapolación de las tendencias históricas podría ser uno de los mayores errores que se pueden cometer”.

Antifragilidad

Nassim Taleb, es el autor del libro “Antifrágil: las cosas que se benefician del desorden”. Para Taleb, el desorden no es malo; está en la naturaleza. La antifragilidad es lo que explica, entre otros, la innovación, el progreso empresarial, y nuestra resistencia como especie. Taleb propone que construyamos sistemas de forma antifragil para sobrevivir y progresar, porque la incertidumbre implica que los cambios son rápidos y profundos.

Para que la economía crezca, es necesario que algunas de sus partes fallen. El éxito y el fracaso de cada una de sus partes son piezas de información que informan al sistema de lo que funciona y lo que no. El aprendizaje a base de prueba y error es la base de lo que permite a algunas personas emprendedoras conseguir crear empresas que perduren en el tiempo. Aceptar y entender los riesgos en un entorno cambiante es la lección que las empresas deben aprender si o si para progresar.

El mensaje de Taleb es muy revolucionario. Es especialmente crítico con las instituciones que impiden el progreso bajo una apariencia de garantizar seguridad. Recomienda no hacer caso a los expertos que nunca se la juegan con aquello que recomiendan.

En busca de un futuro sostenible

Si vamos hacia la era del desorden, debemos tomar conciencia de la idea de que la humanidad es una realidad única como sistema. Todos estamos en el mismo barco. La pandemia ha puesto de forma impactante ante nuestros ojos dos problemas globales ineludibles. El primero, que un planeta limitado no puede aspirar a un crecimiento ilimitado y el segundo, la dependencia que tenemos los unos de los otros. Precisamente, el cambio climático y la desigualdad creciente son dos temas destacados por los autores del informe del Deutsche Bank. Afirman que los cambios pueden permitir una reversión de algunos efectos dañinos de la globalización. Y que no podemos seguir extrapolando el pasado.

Para crear un futuro mejor, necesitamos entender el desorden, y aprender a cooperar con otros para poder gestionarlo. En lugar de luchar contra “el enemigo”, debemos admitir que necesitamos nuevas capacidades para afrontar problemas ineludibles para la humanidad. Es lo que hacemos las personas en la vida y es lo que hacen miles de empresas para hacerse resistentes a los cambios, y poder sobrevivir. Construir antifragilidad y ser resistentes va a exigir no sólo cambios sino más de una revolución. Tiene sentido que nos asuste el desorden. Pero no seamos ingenuos. Cambiar es insuficiente. Deberíamos estar más asustados de los que nos prometen seguridad en el contexto actual en el que la única certeza es que desconocemos hacia qué tipo de futuro nos dirigimos.

El resultado de la era del desorden puede ser bueno si acaba impulsando una economía más humana. La liberalización de los controles del capital multiplicó el valor de los activos, pero también puso más allá de los límites los recursos del planeta. La falta de trabajo no quiere decir que no tengamos necesidades humanas por cubrir. Nos hace falta un nuevo paradigma donde la tecnología ayude a mejorar la vida de las personas colectivamente, en lugar de contribuir a una concentración de poder y riqueza con consecuencias inquietantes.