CHUS BLASCO / La culpa no es del algoritmo

¿Innovación o burocracia?

Las innovaciones que hacen ganar más dinero son de modelo de negocio” afirma la emprendedora y profesora Gigi Wang en una entrevista en Viaempresa sobre innovación. Dice Wang que desde que empezó a trabajar con startups no ha podido volver a una gran empresa porque la burocracia y las dificultades para innovar le repelen. Wang explica que, para impulsar la innovación, la mentalidad de crecimiento de la persona es fundamental, así como “tener una zona de confort muy amplia y ganas de probar cosas nuevas”. Me ha encantado el tono positivo de la entrevista poniendo en valor que “la covid-19 ha hecho que nos enfrentemos a muchos retos a la vez”.

Para las personas con actitud emprendedora, las adversidades se convierten en oportunidades. Sin duda, uno de los retos para innovar es que las personas con mentalidad de crecimiento estén vinculadas a un ecosistema que favorezca la curiosidad, tenga la capacidad de poner a prueba las ideas y las contraste con el mercado. Las formas organizativas de las grandes corporaciones no suelen ser idóneas porque deben liberarse primero de toda su burocracia.

La materia prima de la innovación es la creatividad de las personas.

 

Inteligencia perversa

Me fascina el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y su capacidad de aprender de los datos. Una de sus aplicaciones es el algoritmo de Facebook, que “optimiza” su modelo de ingresos publicitarios que obtienen de sus anunciantes. Simplificando, el algoritmo es una cadena de instrucciones precisas que siguen un orden y que tienen un objetivo para resolver un problema. Como en una receta de cocina, el algoritmo de Facebook tiene la misión de poner en equilibrio dos objetivos: 1) Que el usuario de la plataforma esté contento con las utilidades que recibe gratis viendo los menos anuncios posibles, y 2) Que los anunciantes tengan certezas acerca de que el perfil de personas que van a ver sus anuncios sea idóneo. El propósito del algoritmo es tomar las mejores decisiones para seguir aumentando los ingresos de publicidad para Facebook.  Su inteligencia artificial aprende cada día de millones de datos para conseguir sus objetivos de forma más efectiva. El lado oscuro de la innovación del algoritmo es que se basa en mantener a las personas literalmente enganchadas a las redes sociales. Es un modelo de negocio con consecuencias perversas porque utiliza experiencias humanas privadas para que sean traducidas en datos que son explotados comercialmente.

 

Algoritmos con propósito

Una de las buenas noticias que ha traído consigo la pandemia es el impulso de la colaboración para afrontar retos colectivos. Precisamente porque son colectivos, no podemos esperar que el mercado los resuelva por sí solo. Tampoco van a resolverse dejándolos en manos de las organizaciones y las instituciones públicas, porque están diseñadas para rehuir las innovaciones. Solucionar necesidades humanas se hace cada vez más complejo. Los emprendedores, los profesionales y las empresas más pequeñas sabemos que para conseguir nuestro propósito y hacerlo crecer es imprescindible que ampliemos nuestro círculo de confianza y colaboremos con otras empresas y profesionales. La lógica de la supervivencia lleva implícita la colaboración. Pero es difícilmente escalable.

Los algoritmos sí escalan. La evolución del modelo de negocio de publicidad de Facebook gracias a la inteligencia artificial lo demuestra. El propósito del algoritmo es amplificar su modelo de ingresos, que sirve a la lógica del sistema de generación de beneficios de una empresa. Sus creadores no previeron adecuadamente las decisiones que tomaría el algoritmo para conseguir el objetivo programado. No previeron las consecuencias no deseadas. Si el sistema falla, la culpa no es del algoritmo, sino de las personas que diseñaron su propósito.

Para tener una economía más humana, necesitamos sistemas que hagan posible la consecución de nuevos retos y la colaboración a mayor escala. La inteligencia artificial permite diseñar proyectos de inteligencia humana que se apoyen en ella para mejorar la vida de las personas. La cuestión no es qué puede aprender a hacer la inteligencia artificial por nosotros, sino quién es el nosotros. Para crear un impacto positivo hay que ir mucho más allá del debate público-privado.

Necesitaremos encontrar nuevas formas de colaboración que escalen. Primero hay que definir bien y priorizar los retos colectivos que ha aflorado el covid-19. Estos retos deberían tener unos objetivos definidos que contribuyan al bienestar común y que creen valor. Para poder afrontar estos retos hay que elegir al equipo de personas idóneo con mentalidad de crecimiento que lo vaya a liderar. Finalmente, hay que incorporar proyectos de inteligencia artificial y todos los datos al alcance para que los algoritmos trabajen al servicio del reto. Necesitamos ser más ambiciosos en redefinir la colaboración colectiva para que los proyectos de inteligencia artificial puedan amplificar el impacto positivo de la inteligencia humana.